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domingo, 17 de mayo de 2026

18 de mayo de 1971: Curro Rivera confirma su alternativa en Madrid

Cuando Curro Rivera llega a hacer su primera campaña española en 1971, tenía ya toreadas aquí en México 123 corridas y arranca del otro lado del mar el 18 de marzo en Valencia, para seguir después en plazas como Castellón, Murcia, Barcelona, Sevilla, Fuengirola y Palma de Mallorca. 

Para el 18 de mayo de hace 55 años, exactamente dos meses después de su presentación en ruedos hispanos, confirmaría su alternativa en Madrid, en una corrida que tenía un atractivo especial, porque marcaba la vuelta a los ruedos de Antonio Bienvenida, quien se había despedido allí en Las Ventas el 16 de octubre de 1966, matando seis toros en solitario.

El cartel de la confirmación de Curro Rivera llevaba además como testigo al torero de Villalpando Andrés Vázquez, y la terna enfrentaría un encierro de don Samuel Flores. Cabe señalar a este respecto, que el reclamo de la primera plana de los principales diarios madrileños, se centraba en el retorno a los ruedos de Antonio Bienvenida.

La quinta corrida del San Isidro de 1971

En el sumario de la tarde, Julio de Urrutia, cronista del diario Madrid, refiere lo siguiente:

Antonio Bienvenida, de verde y oro (petición con vuelta y palmas); Andrés Vázquez, de azul y oro (dos orejas, vuelta y salida a hombros), y Curro Rivera, mexicano, de verde y oro (oreja y ovación), que confirmaba la alternativa. Tarde húmeda y desapacible, con aguaceros casi continuos de comienzo a fin de la función. Dos tercios de plaza. E| mal estado del ruedo, pese a la ya habitual cobertura de plástico, y la consulta de la autoridad con los diestros actuantes para decidir o no la suspensión del festejo hicieron que éste comenzase a las seis y cuarto de la tarde...

En una relación diversa, la de José Antonio Medrano para el diario Arriba se cuenta que la entrada era la más mala de lo que iba del ciclo, siendo la única explicación de ello el pésimo tiempo entre el que se dio la corrida, agregando:

...no tendremos más remedio que descalificar al público madrileño, del que el reaparecido Antonio Bienvenida fue un ídolo y, casi una debilidad; Andrés Vázquez es como una recreación propia al que el «nuevo en esta plaza», el mejicano Curro Rivera, debió merecerle un interés máximo...

Y sin embargo, la afición prefirió resguardarse de la lluvia y verlos en mejor ocasión.

La confirmación de Curro Rivera

Como es preceptivo, el primer toro de la tarde sería cedido a quien ratificaría su alternativa en Madrid esa lluviosa tarde. El sorteo le deparó al toricantano al toro llamado Beluco, número 75, negro zaino y al que se le anunció un peso de 528 kilogramos. La tarde de Curro fue importante y pudo ser redonda, de no haber fallado con los aceros en su segundo. Escribe Gonzalo Carvajal en su crónica para el diario Pueblo de Madrid:

Del Currito de Méjico que vi en Sevilla – aquella tarde cortó tres orejas –, y que volví a ver en Barcelona – dos orejas –, al que contemplo confirmar su alternativa con «Beluco», negro zaino, con el número 75 en el costillar, y 528 kilos de peso, media un ancho camino de progresos en el acoplamiento de tan tierno diestro azteca al toro español. Señal de crecimiento en méritos de un torero que apoyado en su indudable valor, en sus no menos indudables ansias de estar entre los primeros, y en bien conocer la profesión, saldrá – de seguir así – de la presente temporada hispana con clara proyección de mando dentro de la torería mejicana... Debo consignar que «Beluco» - de poca fuerza, como toda la corrida, y abanto de salida, también como casi toda la corrida –, y «Cartujero», el más encastado y pastueño de los seis Samueles, vinieron a integrar ese lote con que todo torero sueña para consagrarse en Madrid... Currito Rivera no hizo una sola cosa mal hecha – salvo pinchar seis veces a «Cartujero» –, y es que a toros tan bondadosos, sabiendo y queriendo torear, resulta muy difícil hacérselas. Con la verónica, más rabiosa que perfecta; con la variedad de los quites por delantales, chicuelinas y navarras – o chicuelinas antiguas, que así llaman en Méjico a tal lance –; con el buen acuerdo de no coger banderillas – suerte en la que Curro me parece muy vulgar – y con el sentido claro de que torear de muleta a este tipo de toros de «durse» es como un juego de salón, en el cual el engaño movido, arrastrándose por la arena, debe llevar las embestidas al confín de las arrancadas, Rivera se ganó una oreja de su primer toro – la gente pidió con fuerza la segunda; los de la andanada del ocho, tan felices, con razón, por tarde tan rimada con sus gustos y exigencias, aplaudieron la negativa presidencial –, y le pidió las dos al sexto, porque hasta el séptimo envite no agarró la estocada mortal. De sus faenas muleteras – estimadas por mi como de buen ver, aunque me parezca violento y corto su derechazo – poseyeron carácter de excelentes, y más en un torero cuyos cimientos son el valor y el oficio hecho a conciencia, cuantiosos pases naturales, y aquella serie de trincherazos y firmazos que Curro utilizó para sacar a «Cartujero» hasta los medios y sin olvidarse de los pectorales con ambas manos, baza crucial en la tauromaquia del azteca. Buena suerte de Curro en el sorteo. Suerte bien aprovechada, aunque los aceros, en el sexto, descompusieran el «corrido» de la apoteosis que Rivera el Joven estuvo tan cerca de cantar...

La relación de Carvajal es prolija y enlaza bien los sucesos de su triunfo en la reciente Feria de Abril de Sevilla, con esta buena tarde de su confirmación madrileña-

El ya invocado Julio de Urrutia, en el diario Madrid, refiere:

El cariz del cielo y la lluvia intermitente que hizo su aparición en cuanto salió el primer toro no arrugaban el entrecejo de los aficionados. El Samuel, gordo y con buena lámina, fue saludado por el nuevo doctor en tauromaquia con unos preciosos lances a la verónica, sujetando con la rodilla al bicho los primeros para que no saliera huido. Dos puyas y otros tantos quites – uno muy lucido por tapatías del mejicano – dieron lugar al tercio de banderillas, en el que ese buen peón de brega que se llama Solanito clavó dos grandes pares. Y apenas sin sucesión de continuidad apareció en seguida con la muleta en la diestra Curro Rivera para componer una faena justa, aseada, de pases limpios y en la línea del arte, aunque algunos de ellos forzando la figura. Además de artísticos, los muletazos por la derecha y la izquierda del hijo de Fermín tuvieron clase. Y como, por añadidura, no se limitaron a los fundamentales del toreo natural ni a los monótonos redondos en cadena, la faena del azteca resultó variadísima y a gusto del respetable. A toro por completo parado, Curro cobró una gran estocada que le valió la oreja de su enemigo... En realidad, la función de ayer se ciñó a media corrida tan sólo, aunque esa media fuese de tono mayor y de alta tensión artística por lo que vimos en los tres toros primeros. Si acaso, la propina consistió en la lidia que Rivera dio al sexto toro, muy semejante a la del primero, por lo que hubiera cortado otro apéndice. auricular si llega a acertar con el acero. Pinchó siete veces y ©1 éxito repetido se le fue, por tanto, con los múltiples viajes de la espada. Ello no obsta para afirmar que nos encontramos ante un torerillo muy puesto y que cuantos se precian de aficionados deben seguir de cerca a este mozo moreno, hijo de torero mexicano y sobrino de toreros españoles...

Urrutia hace notar que la lluvia fue deteriorando las condiciones del ruedo y que en realidad, los sucesos de los tres primeros toros fueron los que le dieron vida a la tarde, pero también reconoce las indudables virtudes que mostró Curro Rivera y adelanta el porvenir que le esperaba por aquellas tierras.

Por supuesto, no podría faltar la mención a don Antonio Díaz – Cañabate, en su tribuna del ABC madrileño, quien, como los vinos añejos, refinaba su falta de gusto por los toreros que les llegaban de este lado del mar. De la actuación del confirmante, refirió:

Curro Rivera se benefició en el toro de la alternativa de la lluvia de orejas. Se mojó con una. Curro Rivera es un torero fácil, tal vez excesivamente, porque su facilidad degenera en frialdad. Le falta también la naturalidad, porque fuerza la figura, dobla demasiado la cintura, pero torea con pases largos y algunos le resultan muy bien. En Sevilla le vi matar un toro de manera admirable. No ha vuelto a repetir tal hazaña; al contrario, en las otras corridas que le he visto, su manera de matar es deficiente, como lo demostró en el primero con una estocada en el rincón y más ostensiblemente en el sexto, al entrar siete veces...

Bien se dice que nada nuevo hay bajo el sol. La tarde terminó para él con la actuación de Antonio Bienvenida, pero su opinión es de peso para algunos. Ya veremos que le dedica más espacio a lo que a él le parece importante.

El resto de la corrida

El triunfador de la tarde fue el zamorano Andrés Vázquez, quien le cortó las dos orejas a Tragapisto el tercero de la corrida. Escribió Gonzalo Carvajal:

Como me gustó la tarde de Andrés Vázquez, arropado por los gritos de «¡Torero, torero, torero!» al regresar al burladero de matadores tras haber sabido ser el templario de Villalpando y al despedirse Andrés de la «laguna» de Las Ventas, saliendo por la puerta grande...

Por su parte, Antonio Bienvenida fue cariñosamente arropado por la afición de su Madrid. Así lo vio Díaz – Cañabate

Alterna la izquierda con la derecha incansablemente. A Bienvenida las dos manos le sirven para torear con ayudados por bajo y por alto. La gente estaba extrañada. ¿Qué es eso?, se preguntaban algunos. ¡Oye, pues es bonito! Por mi parte estaba pasando, ¡la de años que no veía ligar unos ayudados por bajo y otros por alto! Era como un papirotazo a la monotonía. ¡Qué baldón para los toreros jóvenes, que en los linderos del medio siglo, sea Antonio Bienvenida el que aporte algo diferente a la rutina conquistadora de orejas! Por fortuna la faena diferente de Antonio Bienvenida finaliza asimismo de manera distinta. No hubo oreja, sólo vuelta al ruedo, porque Antonio descabella cuatro veces y esto no lo toleran los rutinarios...

Un San Isidro con signatura mexicana

El 15 de mayo Antonio Lomelín había abierto la Puerta de Madrid con los urcolas de Alonso Moreno, la tarde que apadrinó la confirmación de Curro Vázquez. El 20 de mayo, Eloy Cavazos confirmaría su alternativa y abriría él también esa codiciada puerta. El día 22 siguiente, se lidiaría por primera vez en la historia de la plaza madrileña un encierro mexicano, de Mimiahuápam, y Antonio Lomelín le cortaría la oreja al segundo, Cariñoso y el cuarto Amistoso, sería homenajeado con la vuelta al ruedo de sus despojos. Dentro de la misma feria, el 25 de mayo, Curro Rivera reclamaría otra vez la atención, al cortar una oreja a los toros del Duque de Pinohermoso que le tocaron en el sorteo.

La presencia de México culminaría en la Corrida de la Beneficencia, celebrada el jueves 3 de junio de ese 1971, anunciándose un cartel idéntico al de la corrida de la confirmación de Curro Rivera, pero, al haber sido herido Andrés Vázquez en la corrida isidril del 30 de mayo, terminó dándose un mano a mano entre padrino y ahijado con los toros de Felipe Bartolomé, mismo que representó la salida en hombros para el hijo de Fermín el de San Luis, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Una fotografía con historia (IX)

Una tarde redonda, dos brindis y un Faraón por testigo…

Cagancho recibiendo el brindis de Litri
Madrid, 18 de mayo de 1966

La solidaria generosidad de Carlos Arruza siempre encontró resquicios para hacer el bien. En el año de 1966 logró reunir a varias figuras del toreo en el retiro, para organizar una especie de gira internacional y torear festivales benéficos con ellos, permitiendo, por una parte, que los productos de esas tardes de toros aliviaran en algo las vicisitudes de alguna obra que favoreciera a los que se encontraban en algún estado de necesidad y por la otra, que los nuevos aficionados pudieran apreciar la tauromaquia de diestros como Armillita, Cagancho, Lorenzo GarzaGitanillo de Triana, Silverio Pérez o él mismo. 

Así, se fueron a Lima, para torear en la Feria del Señor de los Milagros el Festival del Bicentenario, junto con Alejandro Montani, Luis Miguel Dominguín y el aficionado práctico Hugo Bustamante, dejando una honda huella en la afición de allá. Ese día el Maestro Fermín cortaría una oreja y Silverio Pérez se llevaría la tarde cortándole las orejas al novillo de La Viña que le tocó en suerte. Un momento emotivo se produjo cuando Cagancho fue a brindarle a Antonio Ordóñez su novillo, delante de Luis Miguel y de Ángel Luis Bienvenida, brindis que arrancó quizás la ovación más cerrada de la tarde.

De regreso en México, Armillita, Cagancho, Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Carlos Arruza se reunieron en la finca de don Carlos Trouyet para preparar el viaje a España y continuar con la preparación de los festivales benéficos. Así lo contó Joaquín Rodríguez al redactor de El Ruedo en su día:

Unos días antes de salir para España – cuenta Cagancho – nos reunió a cenar el señor Trouyet a Garza, Silverio, Arruza y a mí. Todos, con la enorme ilusión del viaje, animamos a Carlos a que se uniera a la expedición. Y se hubiera unido a nosotros con la misma alegría, pero tenía firmadas unas corridas y aplazó la travesía para los primeros días de junio. ¡Fíjate qué pena! …

Carlos Arruza fallecería a causa de un accidente de carretera el 20 de mayo de ese 1966 y todos los planes que había trazado se fueron por la borda, pero eso no impidió que Cagancho, Lorenzo Garza y Silverio Pérez acudieran a presenciar algunos festejos de la Feria de San Isidro de ese año, evento en el que se generaron los acontecimientos que dan pie a que meta hoy yo los míos.

El San Isidro de 1966

Escribe José Luis Suárez Guanes a propósito de este ciclo:

La mejor feria de la historia es la de 1966. Las dos siguientes le van a la zaga. Están encuadradas en una época (hablamos en general) en que existían veintiún matadores de toros en el grupo especial. En este periodo podíamos percibir los penúltimos destellos de arte de un Antonio Bienvenida... las presencias históricas de Julio Aparicio y el valor personalísimo de “Litri”, la clase fuera de serie de Antonio Ordóñez... Jaime Ostos; el buen lidiar... de Gregorio Sánchez; las diferentes maneras de hacer de Diego Puerta, Paco Camino y “El Viti”... el arte de un resurgido “Antoñete”...

Fue una feria en la que se dieron 16 corridas de toros, y en la que no se anunciaron novilladas. En ella se produjo la hoy todavía legendaria faena de Antoñete a Atrevido el llamado toro blanco de Osborne – el 15 de mayo, en la segunda de feria – y aparte, en la décimo tercera, confirmó el regiomontano Raúl García, de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés, con toros de Francisco Galache, representando la única presencia mexicana en el ciclo.

Eran los días en los que la Corrida de la Beneficencia se anunciaba después de que terminaba la feria, sabiéndose quién o quienes habían triunfado en ella, para ofrecer en esa fecha un cartel de auténticos triunfadores y no anunciar un festejo preconcebido, únicamente membretado como tal. La Beneficencia en Madrid era entonces, el principal acontecimiento taurino del calendario español. Hoy es solamente una fecha más a cumplir dentro de un pliego de condiciones y un abono.

La quinta corrida del San Isidro del 66

Para el miércoles 18 de mayo de 1966 se anunció un encierro del Marqués de Domecq y hermanos para Antonio Ordóñez, Andrés Vázquez y Gregorio Tébar El Inclusero quien confirmaría su alternativa. Ordóñez había sufrido una cornada en Málaga el 10 de abril anterior, calificada, según el medio que se leyera, de grave o muy grave. Los hechos al final llevarían a decantarse por la segunda interpretación del parte médico, porque para esa quinta corrida de San Isidro, Antonio Ordóñez presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar. La sustitución la tomó Miguel Báez Litri, quien, con ella, sumaría una tercera actuación en el serial, pues originalmente estaba anunciado en dos carteles.

En ese festejo, en la zona de barreras del tendido dos, se ubicaban cuatro conspicuos espectadores: Joaquín Rodríguez Cagancho, natural de la calle del Evangelista, en Triana, Sevilla; Lorenzo Garza El Magnífico, de Monterrey, Nuevo León, México; Silverio Pérez, de Texcoco, México y Manolo Caracol, del Corral de los Frailes, en la Alameda de Hércules, Sevilla. Para esas alturas de la historia de la feria, la presencia de notables en los tendidos no era de llamar mucho la atención, por ese motivo, de inmediato, no se levantó mayor polvareda por la presencia de ese auténtico póker de ases por allí.

El brindis de Litri a Cagancho

Cagancho había actuado en Madrid por última ocasión los domingos 31 de mayo – festejo de apertura de la Feria del Campo – y 14 de junio de 1953. Tenía casi una década de no dejarse ver por allí. Ese par de tardes, cautivó a una renovada afición madrileña. Su actuación en el primero de festejos la resumió así Alfredo Marquerie para el semanario El Ruedo:

“Cagancho”, que habla hecho exhibición de espanto “calé” en su primero, se acordó de su fama y de su nombre en su segundo y volvió a ser Joaquín Rodríguez, y a darnos, entre explicaciones mímicas y desplantes personalísimos e inconfundibles – el recorte flamenco, el engaño elevado a su suprema condición de burla, la mano en la cadera –, el regusto de cómo se toreaba antes y de verdad, con ligazón y trabazón, con vista, temple y mando y, sobretodo, con sabor, aroma y solera... El sol en el ocaso tiene relumbres y destellos llenos de poesía, de gracia y de melancolía...

Litri era ahijado de alternativa de Cagancho, que lo doctoró a él y a Julio Aparicio el 12 de octubre de 1950 en Valencia y el gesto que tuvo en ese festejo isidril fue señalado. Así lo recoge la crónica publicada en El Ruedo fechado el 31 de mayo de ese 1966:

Fue Litri quien presentó al público de la Feria al gitano Cagancho. Litri descubrió en una contrabarrera del 2 a su padrino de alternativa y cruzó el ruedo para brindarle la muerte de un toro del marqués de Domecq. Joaquín, señalado por la montera del ahijado, se puso en pie, y la gente, al reconocerlo, le dedicó una cariñosa ovación… ¡Es Cagancho! ¡Es Cagancho! … «La talla de Montañés», sobre el pedestal de su fabulosa fama, se humanizó abriendo los brazos en forma de aspa, echándole mucho temple al toro afectivo que le golpeaba en el corazón. Desde aquel justo momento Cagancho fue la estrella civil de la Feria taurina más larga; estrellato que compartió con sus vecinos de localidad…

De la actuación de Miguel Báez, relata entre otras cosas Manuel Álvarez Díaz firmando como Manolo Castañeta, para el Diario Madrid, aparecido al día siguiente de la corrida:

La tarde de Litri no es sólo el “litrazo” con el cite largo y el aguante impasible. Esta tarde del Litri es el brote de unas flores de torería que, por la armonía de sus colores, por el aroma que exhalan y por su pureza y su belleza bien pueden ser calificadas de excepcionales... La plaza entera aclama y ovaciona al Litri en la espléndida floración de ese arte. Así, cuando su primera faena es coronada con media estocada, el gran torero de Huelva corta una oreja, con vuelta al ruedo y saludos. Y así, al rematar la otra - ¡qué extraordinaria faena! - con un pinchazo, estocada corta y tres descabellos, le otorgan el premio de otra oreja, con recorrido por el ruedo entre ovaciones...

Litri se sujetó al canon de su padrino de alternativa y a lo asumido dentro de su madurez taurina, toreando con reposo e imprimiendo calidad a lo que hacía delante de los toros. El reconocer y hacer evidente la presencia de Cagancho en el tendido de Las Ventas no se saldaba solamente con el brindis, había que justificarlo delante del toro. Y lo hizo.

Andrés Vázquez y Lorenzo Garza

El Ave de las Tempestades se había presentado por última ocasión en Las Ventas el 15 de julio de 1945 y en esa oportunidad le cortó las dos orejas al segundo toro de Alipio Pérez Tabernero que le tocó en suerte. De nuevo voy a recurrir al testimonio de Alfredo Marquerie, quien para el número de El Ruedo salido el 18 de julio siguiente escribió:

Garza tiene nombre y perfil de pájaro. Cuando se encorva se acentúa su parecido aquilino. Su espléndida lección «de cómo se puede dar el natural hasta el infinito», sonriendo y mirando al público con alegría, fue lo mejor de lo corrida. Y por eso tuvo que triplicar, con las orejas, el premio de botas de vino que le echaron los «morenos» …

Las ilustraciones de Antonio Casero en ese ejemplar del semanario madrileño nos presentan a un Garza pletórico y la crónica que Manuel Sánchez del Arco Giraldillo escribió para el ABC, refleja que ejecutó en repetidas ocasiones el pase del desprecio… Hoy en día es un adorno que sirve para rematar series bastante manido, pero no es por mucho, reciente, según podemos leer.

El quinto toro de la corrida fue el número 19, llamado Hablador y al final de la feria sería premiado como el mejor del ciclo. Ese toro, al que le cortó las dos orejas, lo brindó el Nono de Villalpando a Lorenzo Garza, y recurro otra vez al recuento de Manolo Castañeta, quien resumió así la triunfal tarde de Andrés Vázquez:

Hay que decir una vez más que, por esas cosas extrañas que se dan en la vida, en el bello estilo de este torero se mezclan y funden los acentos sinceros y nobles de su naturaleza castellana y los de una cierta gracia, un garboso donaire de la tierra sevillana. Con este singular injerto, con esta extraña amalgama – extendida ahora con la suerte de banderillas, que hoy no tomó en ninguno de sus toros –, Andrés Vázquez ha encontrado y logrado una fuerte e interesante personalidad...

A pesar de que los regiomontanos son tradicionalmente considerados como cicateros o rácanos cuando de los dineros se trata, Lorenzo Garza correspondió en el sitio al brindis, devolviendo la montera con un valioso reloj de oro dentro. Se relata en El Ruedo:

El reloj de Lorenzo Garza fue a parar a las manos de Andrés Vázquez, quien le había brindado un toro. Un bravo toro del marqués de Domecq. Quien triunfó con el mismo y le cortó las dos orejas. Andrés ha cruzado Madrid, en dos estancias, con el mismo resuello triunfal de esta su nueva etapa…

Y páginas más adelante, declaraba el autor del brindis, en entrevista posterior a la corrida:

Era un toro noble y suave, pero anduvo bastante suelto y pese a su excedente bondad para el torero murió buscando el refugio de las tablas... ¿Supone mucho este triunfo? ... Reconciliarme con Madrid, este público que me hizo torero... ¿Algo más? ... ¡Una gran satisfacción! Lorenzo Garza me tiró el reloj de oro que llevaba. Por cierto, que tiene una inscripción por detrás de mucho valor personal, y pienso devolvérselo porque debe significar mucho para él...

Revisé la prensa especializada de los días siguientes y no hay referencia de que Lorenzo Garza y Andrés Vázquez se hayan reunido, así que no hay noticia cierta de que el torero de Villalpando haya efectivamente devuelto a El Magnífico su apreciado reloj. Pero el gesto pintó de cuerpo entero al brindado.

Y ambos brindis, el que Litri hizo a su padrino de alternativa y el de Andrés Vázquez a Lorenzo Garza, reitero, tuvieron dos testigos de excepción, el Faraón Silverio Pérez y a Manolo Caracol. Una pena que el hecho haya sucedido la antevíspera del deceso de Carlos Arruza y que el suceso haya acaparado toda la información.

Agradecimiento: Expreso mi gratitud a doña Carmen Milla, de la Fundación Diario Madrid por haberme facilitado la crónica del festejo aparecida en ese periódico, misma que me ha servido para ilustrar estos comentarios.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El Imposible

Resulta difícil pensar que un torero pueda sacar la cabeza más de tres lustros después de su presentación como novillero. Ese es el caso de El Imposible, que en el Jueves Taurino del 16 de junio de 1945, se presentara en El Toreo de la Colonia Condesa, anunciado como Carlos Moreno y que apareciera quince años después como Antonio Campos (su nombre completo era Carlos Antonio Campos Moreno), ejecutando un muletazo que se describía como imposible de realizar y de allí tomó su nombre artístico, El Imposible.

El muletazo imposible, que consiste en dar una serie de giros con el toro arrancado, para quedar en posición de rematar con una arrucina (vean la composición fotográfica de abajo), es lo que le convierte, con Felipe Rosas, Jaime Rangel y Víctor Huerta, en el sostén de la temporada novilleril capitalina de 1960. Así, contra todos los augurios, el torero que década y media antes había sido desahuciado por la afición y por la crítica al dejarse ir un bravo novillo de Milpillas, ahora estaba en la cresta de la ola.

Recibe la alternativa en Tijuana el 18 de junio de 1961, siendo su padrino Jesús Córdoba y fungiendo como testigo Raúl García, con toros de Javier Garfias y aunque no logra un triunfo rotundo esa tarde, se abre las puertas de las plazas de la zona fronteriza con los Estados Unidos, en una época en la que Tijuana, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Nogales sumaban cada una alrededor de una treintena de festejos al año, haciéndose un gran cartel en ellas.

Marcha a España el siguiente calendario y suma 14 fechas, convirtiéndose en un ídolo en Barcelona, donde actúa en ocho de sus corridas de ese año. Confirmará su alternativa en Madrid el 12 de mayo de 1963, de manos de Pedrés y llevando de testigo a Andrés Vázquez, con el anticipo artístico de don Rafael Peralta, que lidió un novillo de Antonio Pérez de San Fernando. Los toros de la terna de a pié, fueron de Carlos Núñez. Esa tarde la saldó con una vuelta al ruedo. La opinión de Antonio Díaz Cañabate en el diario ABC de Madrid sobre esa tarde es la siguiente:

…El “Imposible”, en el toro de la confirmación de su alternativa, después de brindar, anunció que iba a dar el pase al cual debe, según parece, su apodo. El pase imposible. Yo ya se lo había visto el año pasado, creo que en Santander. Desde luego es un pase perfectamente posible, porque no es un pase, es un paso de baile taurino. Por mí puede el baile continuar. A mí no me molestan los adornos en su momento, al contrario, me parecen precisos, en su momento, repitoy repetiré. ¿Y es el momento la iniciación de una faena? Pues ¿por qué no? Ahora bien, ya está hecho posible lo imposible. A torear se ha dicho. A torear en serio, que es a lo que estamos. El toreo cómico lo agotaron Charlot, Llapisera y su Botones y unas cuantas “inas” y ridiculeces que privaron durante un tiempo, que ya creemos superado y que estaremos alerta para que no se reproduzca. Adornos sí, pero no como base de una faena…




La presentación de El Imposible en Barcelona, 5 de julio de 1962



Repetirá en Las Ventas el día de San Isidro, cuando compartiendo el cartel con don Ángel Peralta, que se enfrentó a un novillo de Javier Molina y compartiendo terna con Fermín Murillo y Mondeño. Ese día le cortó una oreja al tercero de la tarde, primero del lote de Fermín Bohórquez que sorteó y al que logró pegarle el muletazo de su creación. De nuevo recurro al exigente testimonio de Díaz Cañabate, sobre ese momento particular:

…El tercero toma la primera vara de largo. La segunda, corrida. No tiene mucha fuerza. El presidente lo cambia. A la muleta llega tardo, pero cuando embiste es aquello que llamaban antes los revisteros una perita en dulce. ¡Qué bien se la comió “El Imposible”! No intentó ninguna tontería. No se embarulló. Toreó sereno, sin hacer caso del aire, que soplaba para todo el mundo y parecía que no soplaba para él. Me gustó “El Imposible”. Faena con temple y con mando. Faena a tono (con buen tono) de la perita en dulce, confitura que a muchos toreros se les indigesta. Sobresalieron tres pases iniciales con la derecha realmente excelentes. Un pinchazo y, entrando bien, una estocada. Una oreja…



Al final de esa campaña sumó solamente nueve fechas en ruedos ibéricos, a causa de los percances que sufrió en Málaga, Plascencia, Palma de Mallorca y en San Sebastián. La de Málaga, del 14 de abril, fue muy extensa, según se deduce del parte facultativo:

…Durante la lidia del sexto toro, ha ingresado en la enfermería de esta plaza el diestro mejicano Antonio Campos «El Imposible», que presenta herida por asta de toro en la región glútea inferior, con dos trayectorias, una ascendente, que diseca ambos glúteos, alcanzando hasta el trocánter mayor; y otra descendente, que dislacera el músculo bíceps hasta su inserción en el fémur. Pronóstico, grave. Doctor Abrines…



Un ídolo en Barcelona, 8 tardes en una temporada



Confirmará su alternativa en México el 9 de febrero de 1964, cuando Calesero le cede a Soldadito de Tequisquiapan en presencia de Diego Puerta, que esa tarde tuvo una cumbre al cortar las dos orejas de Rastrojero.

La pirotecnia de su manera de hacer el toreo, anima a las empresas a incluirlo entre los toreros que se integrarán a la campaña que hacía en México El Cordobés y logra actuar en varias tardes junto a él, destacando la del 19 de febrero de 1964, en Aguascalientes, cuando se le va por delante a Manuel Benítez, cortándole el rabo a uno de los toros de Santacilia que le tocaron en suerte.

Sin embargo, tiene que reducir su actividad, pues la enfermedad que al final terminaría su existencia ya le comenzaba a causar molestias que interferían con su actividad profesional y así, después del triunfo hidrocálido, vuelve a la México el 1º de marzo y torea su última corrida en Puebla, el 15 de ese mismo mes, mano a mano con Joselito Huerta, en la lidia de toros de Zotoluca y Santa Marta.

Un cáncer hepático logró lo que otras circunstancias adversas no pudieron; quitar de torero a El Imposible, quien a partir de una férrea voluntad y la decisión de querer ser alguien en los ruedos, resurgió de su propio fracaso. Falleció en la Ciudad de México el 28 de diciembre de 1964, justo cuando empezaba a ver los frutos de su dedicación.

Aldeanos