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domingo, 24 de mayo de 2026

20 de mayo de 1971: Eloy Cavazos confirma su alternativa en Madrid

En una entrevista que le hizo Luis Ortega en el año de 1965, publicada en la Revista Taurina que en su día editara Pancho Flores, fechada el 14 de noviembre de 1965 en la Ciudad de México, Eloy Cavazos, quien apenas tenía dos docenas de novilladas en el cuerpo, confesaba que no le temía a la Plaza México cuando decía:

Aquí la plaza es grande y el público también. Hay que hacerle como con los toros. Hay que hacerse primero con los chicos y arrimarse mucho hasta que se llega. Así pienso llegar yo... arrimándome. Tengo pendientes fechas en Guadalajara, Torreón y Querétaro... mientras llega la México y luego, si Dios quiere, hasta España...

En menos de un año, se había presentado ya como novillero en la plaza más grande del mundo y había recibido la alternativa en Monterrey, capital vecina a su tierra natal, festejo del que arrancó para sumar 196 corridas en los cinco años siguientes, para cumplir al pie de la letra lo que decía en esa primera entrevista, y por estas fechas, hace 55 años, llegaba a Madrid a confirmar su alternativa.

Un viaje de prospección previo

Eloy Cavazos viajó a España en 1970 y estuvo por aquellas tierras entre el 18 de mayo y el 26 de junio de 1970. No fue a torear, sino, como le comentó a quien firmó como Nacho en el ejemplar de El Ruedo, fechado el 11 de mayo de ese 1971:

Antes de pisar un ruedo español quise conocer la Madre Patria y el desarrollo de su Fiesta. Sus toros y el ambiente general. Elegí el mes de mayo y pude presenciar doce corridas de San Isidro y una en Aranjuez... No desaproveché la ocasión de entrar en contacto con las reses de acá. Toreé cinco vacas. Fue buena cosa, pues tuve ocasión de contrastar la bravura del ganado de esta tierra... A nuestro toro hay que esperarle. Uno se puede colocar mejor y no asusta tanto su corpulencia. El de acá, el toro español, se viene hacia uno más pronto. Ayuda más a la realización del lance o del pase, pero proporciona más miedo por su alzada y por las reaccione s del animal en esa encorajinada embestida. No obstante, pienso que el toro de aquí nos es favorable...

Como se puede ver, primero calibró desde el tendido a la afición de allá, después sintió al ganado, aunque fuera de manera breve - apenas tentó cinco vacas - y después decidió emprender una campaña trasatlántica. Por eso pudo presentarse en Madrid, con apenas dos tardes previas, una en Málaga y la otra en Barcelona.

La tarde de su confirmación

La confirmación de Eloy Cavazos era la quinta de las seis que se verificarían esa Feria de San Isidro. La precedieron las de Curro Vázquez, Santiago López, Curro Rivera, Jaime González El Puno, y faltaría todavía la del torero de Bormujos, Marcelino Librero El Marcelino. El padrino del neoleonés sería Miguel Mateo Miguelín y atestiguaría Gabriel de la Casa, actuando también el rejoneador Curro Bedoya. Los toros serían de José Luis Osborne para la lidia ordinaria y uno de Manuel García – Aleas para rejones.

La plaza se llenó, según las crónicas, por segunda vez en la feria, que cumplía su séptima fecha y el cielo estaba entoldado, durante la lidia del quinto, lloviznó, incluso. Miguel Mateo Miguelín vistió de granate y oro, Gabriel de la Casa, de azul y plata y Eloy Cavazos. de azul y oro.

La confirmación de Eloy Cavazos

El primer toro de la tarde se anunció como Retoñito, número 165, con 541 kilos de peso, era negro zaino, carifosco y bien armado. Con este ejemplar, el nativo de Guadalupe, Nuevo León, refrendaría su calidad de matador de toros en la capital de España. Su actuación ante él, fue vista así por Julio de Urrutia, titular de la crónica taurina en el diario Madrid

Eloy Cavazos recibió en su confirmación los trastos de matar de Miguelín en el primer toro, al que saludó con unas verónicas preciosistas rematadas con la serpentina, tercio idéntico de capa que el mexicano repitió en el sexto Osborne de la tarde. También le vimos en las dos ocasiones un quite por navarras y otro suave, muy suave, a la verónica, asimismo. Ello quiere decir que nos encontramos ante un torero elegante de capa que yergue la figura y, ejecuta los lances, lleno de gracia y de sabor. Con la muleta, por el contrario, encoge él cuerpo y fuerza el físico hasta parecer que va a besar al cornúpeta, vicio éste que resta belleza a las faenas, sobre todo cuando a su final Eloy se “enrosca” con los cuartos traseros del enemigo para hacer “la pescadilla”. Cuando corrija estos defectos y suprima de su repertorio la ganga de las espaldinas y el péndulo muleteril – principalmente cuando no vienen a cuento –, Cavazos brillará más arriba en el último tercio, aunque ayer agradara las dos veces al respetable. Donde, sin embargo, Eloy se muestra gigante es en el volapié, porque practica al pie de la letra aquel sabio consejo de Pedro Romero cuándo decía a sus discípulos que “se dejaran coger” – o percibir su sensación –, por ser ésta la única manera de que los toros se descubran en la suerte de matar. Los dos volapiés del mexicano, aunque el del último Osborne lo agarrara al segundo viaje, merecieron las orejas, una por cada toro, que el público le concedió. Porque hace tiempo que no veíamos a un matador echarse encima del toro y revolcarse materialmente sobre él con el acero como lo hizo ayer el pequeño y grande Cavazos. El que más hoy se le aproxima a nuestro Andrés Vázquez...

Rápido descifró Urrutia la tauromaquia cavacista en sus virtudes. Pero también apunta que aporta un aire nuevo, diferente, a lo que se podía apreciar por aquellas fechas en los ruedos hispanos.

Por su parte, Gonzalo Carvajal, en su tribuna de Pueblo, en clave epistolar, dirigida a una ahijada suya a quien llevó ese día por primera vez a los toros, cuenta:

Eloy, en este día de la Ascensión de 1971, vio colmadas sus ilusiones de confirmar su doctorado en las Ventas. Lo hizo, Macarena, con «Retoñito», número 105, de 541 kilos, de pelo negro zaino y carifosco, que vino a ser toro poco empleado, poco profundo pero bondadoso, con esa bondad apagada y sosa de los toros con clase a los que fallan las fuerzas. Lo que mejor hizo, Macarena, este menudo mejicano que se las sabe todas fue cuajar uno de los mejores tercios iniciales – si no el mejor – de los que llevamos visto en la isidrada: lances de pies juntos y a la verónica, capotazos medidos, suavones, como mecidos por los sones dulces de la música del Istmo de Tehuantepec, perfecto quite por navarras y torerísimo remate. Que la faena de muleta no alcanzara el ritmo del toreo cavacista con el percal – el toro entonces ya quena irse a las tablas – nunca debía ser obstáculo, Macarena, para que Eloy Cavazos, que mató de una entera, saliendo rebotado, cortase la primera oreja – protestada por los que siempre protestan - de esta tarde, en la cual casi se puso el cartel de «No hay billetes» y tampoco nos libramos de la lluvia. A Cavazos, quien posee muy hábil y buen oficio, aunque su clase resulte corta, le dieron otra oreja, con petición fuerte de la segunda, después que frente al sexto – el único toro que se salió suelto en varas y que hizo el último tramo de su pelea con buen son, pero no tan bueno como los cinco anteriores - anduvo, franela en mano, valiente y torero, con un trasteo cortado por idénticos patrones formales al primero, pero de más amplio mérito, ya que este sexto Osborne tenía bastante más que torear. Así fue, Macarena Calles, y a mi modo de ver, como Eloy Cavazos, en el día más ilusionado de su existencia, se ganó la salida por la puerta grande...

También Carvajal encuentra en la esencia del toreo de Eloy Cavazos una diferencia esencial con lo que está habituado a ver. Y considera, con justeza, que su triunfo fue rotundo.

Pero, aunque los toreros hayan triunfado, porque Miguelín saldó su tarde con el corte de tres orejas y Gabriel de la Casa y Curro Bedoya por su parte cortaron una cada uno de ellos, la gente estaba tan emocionada, que levantó a los cuatro en hombros y se los llevó por la puerta grande, a pesar de que reglamentariamente solamente estaban habilitados para ello Miguelín y Eloy Cavazos. Y es que, contra la algarabía popular, no se puede.

Pero aun así, hay quienes prefieren vivir contracorriente. Esta es la médula de la crónica que escribió don Antonio Díaz – Cañabate para el ABC madrileño:

Conforme iba acercándome a la Redacción de ABC para escribir esta crónica, iba pensando: ¿Y qué he visto de extraordinario para tal riada de orejas? Pues no me acuerdo absolutamente de nada, es decir, sí, me acuerdo de un gran par de «Miguelín», de poder a poder, en el cuarto. ¿Nada más? ¿Sólo un buen par de banderillas en una corrida en la que las orejas se desbordaron? Que me perdonen los orejeados, «Miguelín» con tres, con dos Cavazos y con una Gabriel de la Casa y Curro Bedoya, que estuvo lucido y breve en su rejoneo. Desde luego, ninguno estuvo mal, pero todos torearon con el mismo mecanismo. Como las orejas también es algo mecánico, el torero que no se sale delo rutinario tiene mucho adelantado para cosechar cantidad de ellas... Me lo pueden creer. Desde su punto de vista me parece muy bien que les lluevan las orejas como rosquillas de la tía Javiera, pero tengan en cuenta, que mi punto de vista no es el suyo. Mi deber es enjuiciar lo que veo con arreglo a mi criterio, que naturalmente puede ser equivocado, y estoy seguro de que «Miguelín», Gabriel de la Casa y Cavazos así lo estimarán. Lo lamento y me atengo a mi dilatada experiencia. Aquí estoy a las dos horas de haberse terminado la corrida. Suspendo mi trabajo y miro al techo, que es donde a veces se refugian los recuerdos...

A don Antonio no le gustaban más que ciertos toreros de su tierra y en sus relaciones escritas se aseguraba de dejar bien claro eso. La prueba allí está, en blanco y negro.

Lo que vendría después

Tres días después, al reaparecer en Las Ventas, Eloy Cavazos sería herido de gravedad por un toro de Francisco Galache, que le tendría en el dique seco hasta el 5 de junio siguiente. Cerraría ese ciclo el en el mes de octubre, y actuaría en plazas de importancia como Málaga, Ronda, Barcelona, Logroño, Palma de Mallorca o la francesa de Arles, dejando preparado el terreno para la siguiente temporada.

Eloy Cavazos es uno de los pocos toreros mexicanos que han actuado en tres décadas distintas en ruedos europeos.

domingo, 17 de mayo de 2026

18 de mayo de 1971: Curro Rivera confirma su alternativa en Madrid

Cuando Curro Rivera llega a hacer su primera campaña española en 1971, tenía ya toreadas aquí en México 123 corridas y arranca del otro lado del mar el 18 de marzo en Valencia, para seguir después en plazas como Castellón, Murcia, Barcelona, Sevilla, Fuengirola y Palma de Mallorca. 

Para el 18 de mayo de hace 55 años, exactamente dos meses después de su presentación en ruedos hispanos, confirmaría su alternativa en Madrid, en una corrida que tenía un atractivo especial, porque marcaba la vuelta a los ruedos de Antonio Bienvenida, quien se había despedido allí en Las Ventas el 16 de octubre de 1966, matando seis toros en solitario.

El cartel de la confirmación de Curro Rivera llevaba además como testigo al torero de Villalpando Andrés Vázquez, y la terna enfrentaría un encierro de don Samuel Flores. Cabe señalar a este respecto, que el reclamo de la primera plana de los principales diarios madrileños, se centraba en el retorno a los ruedos de Antonio Bienvenida.

La quinta corrida del San Isidro de 1971

En el sumario de la tarde, Julio de Urrutia, cronista del diario Madrid, refiere lo siguiente:

Antonio Bienvenida, de verde y oro (petición con vuelta y palmas); Andrés Vázquez, de azul y oro (dos orejas, vuelta y salida a hombros), y Curro Rivera, mexicano, de verde y oro (oreja y ovación), que confirmaba la alternativa. Tarde húmeda y desapacible, con aguaceros casi continuos de comienzo a fin de la función. Dos tercios de plaza. E| mal estado del ruedo, pese a la ya habitual cobertura de plástico, y la consulta de la autoridad con los diestros actuantes para decidir o no la suspensión del festejo hicieron que éste comenzase a las seis y cuarto de la tarde...

En una relación diversa, la de José Antonio Medrano para el diario Arriba se cuenta que la entrada era la más mala de lo que iba del ciclo, siendo la única explicación de ello el pésimo tiempo entre el que se dio la corrida, agregando:

...no tendremos más remedio que descalificar al público madrileño, del que el reaparecido Antonio Bienvenida fue un ídolo y, casi una debilidad; Andrés Vázquez es como una recreación propia al que el «nuevo en esta plaza», el mejicano Curro Rivera, debió merecerle un interés máximo...

Y sin embargo, la afición prefirió resguardarse de la lluvia y verlos en mejor ocasión.

La confirmación de Curro Rivera

Como es preceptivo, el primer toro de la tarde sería cedido a quien ratificaría su alternativa en Madrid esa lluviosa tarde. El sorteo le deparó al toricantano al toro llamado Beluco, número 75, negro zaino y al que se le anunció un peso de 528 kilogramos. La tarde de Curro fue importante y pudo ser redonda, de no haber fallado con los aceros en su segundo. Escribe Gonzalo Carvajal en su crónica para el diario Pueblo de Madrid:

Del Currito de Méjico que vi en Sevilla – aquella tarde cortó tres orejas –, y que volví a ver en Barcelona – dos orejas –, al que contemplo confirmar su alternativa con «Beluco», negro zaino, con el número 75 en el costillar, y 528 kilos de peso, media un ancho camino de progresos en el acoplamiento de tan tierno diestro azteca al toro español. Señal de crecimiento en méritos de un torero que apoyado en su indudable valor, en sus no menos indudables ansias de estar entre los primeros, y en bien conocer la profesión, saldrá – de seguir así – de la presente temporada hispana con clara proyección de mando dentro de la torería mejicana... Debo consignar que «Beluco» - de poca fuerza, como toda la corrida, y abanto de salida, también como casi toda la corrida –, y «Cartujero», el más encastado y pastueño de los seis Samueles, vinieron a integrar ese lote con que todo torero sueña para consagrarse en Madrid... Currito Rivera no hizo una sola cosa mal hecha – salvo pinchar seis veces a «Cartujero» –, y es que a toros tan bondadosos, sabiendo y queriendo torear, resulta muy difícil hacérselas. Con la verónica, más rabiosa que perfecta; con la variedad de los quites por delantales, chicuelinas y navarras – o chicuelinas antiguas, que así llaman en Méjico a tal lance –; con el buen acuerdo de no coger banderillas – suerte en la que Curro me parece muy vulgar – y con el sentido claro de que torear de muleta a este tipo de toros de «durse» es como un juego de salón, en el cual el engaño movido, arrastrándose por la arena, debe llevar las embestidas al confín de las arrancadas, Rivera se ganó una oreja de su primer toro – la gente pidió con fuerza la segunda; los de la andanada del ocho, tan felices, con razón, por tarde tan rimada con sus gustos y exigencias, aplaudieron la negativa presidencial –, y le pidió las dos al sexto, porque hasta el séptimo envite no agarró la estocada mortal. De sus faenas muleteras – estimadas por mi como de buen ver, aunque me parezca violento y corto su derechazo – poseyeron carácter de excelentes, y más en un torero cuyos cimientos son el valor y el oficio hecho a conciencia, cuantiosos pases naturales, y aquella serie de trincherazos y firmazos que Curro utilizó para sacar a «Cartujero» hasta los medios y sin olvidarse de los pectorales con ambas manos, baza crucial en la tauromaquia del azteca. Buena suerte de Curro en el sorteo. Suerte bien aprovechada, aunque los aceros, en el sexto, descompusieran el «corrido» de la apoteosis que Rivera el Joven estuvo tan cerca de cantar...

La relación de Carvajal es prolija y enlaza bien los sucesos de su triunfo en la reciente Feria de Abril de Sevilla, con esta buena tarde de su confirmación madrileña-

El ya invocado Julio de Urrutia, en el diario Madrid, refiere:

El cariz del cielo y la lluvia intermitente que hizo su aparición en cuanto salió el primer toro no arrugaban el entrecejo de los aficionados. El Samuel, gordo y con buena lámina, fue saludado por el nuevo doctor en tauromaquia con unos preciosos lances a la verónica, sujetando con la rodilla al bicho los primeros para que no saliera huido. Dos puyas y otros tantos quites – uno muy lucido por tapatías del mejicano – dieron lugar al tercio de banderillas, en el que ese buen peón de brega que se llama Solanito clavó dos grandes pares. Y apenas sin sucesión de continuidad apareció en seguida con la muleta en la diestra Curro Rivera para componer una faena justa, aseada, de pases limpios y en la línea del arte, aunque algunos de ellos forzando la figura. Además de artísticos, los muletazos por la derecha y la izquierda del hijo de Fermín tuvieron clase. Y como, por añadidura, no se limitaron a los fundamentales del toreo natural ni a los monótonos redondos en cadena, la faena del azteca resultó variadísima y a gusto del respetable. A toro por completo parado, Curro cobró una gran estocada que le valió la oreja de su enemigo... En realidad, la función de ayer se ciñó a media corrida tan sólo, aunque esa media fuese de tono mayor y de alta tensión artística por lo que vimos en los tres toros primeros. Si acaso, la propina consistió en la lidia que Rivera dio al sexto toro, muy semejante a la del primero, por lo que hubiera cortado otro apéndice. auricular si llega a acertar con el acero. Pinchó siete veces y ©1 éxito repetido se le fue, por tanto, con los múltiples viajes de la espada. Ello no obsta para afirmar que nos encontramos ante un torerillo muy puesto y que cuantos se precian de aficionados deben seguir de cerca a este mozo moreno, hijo de torero mexicano y sobrino de toreros españoles...

Urrutia hace notar que la lluvia fue deteriorando las condiciones del ruedo y que en realidad, los sucesos de los tres primeros toros fueron los que le dieron vida a la tarde, pero también reconoce las indudables virtudes que mostró Curro Rivera y adelanta el porvenir que le esperaba por aquellas tierras.

Por supuesto, no podría faltar la mención a don Antonio Díaz – Cañabate, en su tribuna del ABC madrileño, quien, como los vinos añejos, refinaba su falta de gusto por los toreros que les llegaban de este lado del mar. De la actuación del confirmante, refirió:

Curro Rivera se benefició en el toro de la alternativa de la lluvia de orejas. Se mojó con una. Curro Rivera es un torero fácil, tal vez excesivamente, porque su facilidad degenera en frialdad. Le falta también la naturalidad, porque fuerza la figura, dobla demasiado la cintura, pero torea con pases largos y algunos le resultan muy bien. En Sevilla le vi matar un toro de manera admirable. No ha vuelto a repetir tal hazaña; al contrario, en las otras corridas que le he visto, su manera de matar es deficiente, como lo demostró en el primero con una estocada en el rincón y más ostensiblemente en el sexto, al entrar siete veces...

Bien se dice que nada nuevo hay bajo el sol. La tarde terminó para él con la actuación de Antonio Bienvenida, pero su opinión es de peso para algunos. Ya veremos que le dedica más espacio a lo que a él le parece importante.

El resto de la corrida

El triunfador de la tarde fue el zamorano Andrés Vázquez, quien le cortó las dos orejas a Tragapisto el tercero de la corrida. Escribió Gonzalo Carvajal:

Como me gustó la tarde de Andrés Vázquez, arropado por los gritos de «¡Torero, torero, torero!» al regresar al burladero de matadores tras haber sabido ser el templario de Villalpando y al despedirse Andrés de la «laguna» de Las Ventas, saliendo por la puerta grande...

Por su parte, Antonio Bienvenida fue cariñosamente arropado por la afición de su Madrid. Así lo vio Díaz – Cañabate

Alterna la izquierda con la derecha incansablemente. A Bienvenida las dos manos le sirven para torear con ayudados por bajo y por alto. La gente estaba extrañada. ¿Qué es eso?, se preguntaban algunos. ¡Oye, pues es bonito! Por mi parte estaba pasando, ¡la de años que no veía ligar unos ayudados por bajo y otros por alto! Era como un papirotazo a la monotonía. ¡Qué baldón para los toreros jóvenes, que en los linderos del medio siglo, sea Antonio Bienvenida el que aporte algo diferente a la rutina conquistadora de orejas! Por fortuna la faena diferente de Antonio Bienvenida finaliza asimismo de manera distinta. No hubo oreja, sólo vuelta al ruedo, porque Antonio descabella cuatro veces y esto no lo toleran los rutinarios...

Un San Isidro con signatura mexicana

El 15 de mayo Antonio Lomelín había abierto la Puerta de Madrid con los urcolas de Alonso Moreno, la tarde que apadrinó la confirmación de Curro Vázquez. El 20 de mayo, Eloy Cavazos confirmaría su alternativa y abriría él también esa codiciada puerta. El día 22 siguiente, se lidiaría por primera vez en la historia de la plaza madrileña un encierro mexicano, de Mimiahuápam, y Antonio Lomelín le cortaría la oreja al segundo, Cariñoso y el cuarto Amistoso, sería homenajeado con la vuelta al ruedo de sus despojos. Dentro de la misma feria, el 25 de mayo, Curro Rivera reclamaría otra vez la atención, al cortar una oreja a los toros del Duque de Pinohermoso que le tocaron en el sorteo.

La presencia de México culminaría en la Corrida de la Beneficencia, celebrada el jueves 3 de junio de ese 1971, anunciándose un cartel idéntico al de la corrida de la confirmación de Curro Rivera, pero, al haber sido herido Andrés Vázquez en la corrida isidril del 30 de mayo, terminó dándose un mano a mano entre padrino y ahijado con los toros de Felipe Bartolomé, mismo que representó la salida en hombros para el hijo de Fermín el de San Luis, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales.

domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

domingo, 3 de mayo de 2026

3 de mayo de 1931: Alberto Balderas confirma su alternativa en Madrid

La temporada española de 1930 vio llegar allá a varios novilleros mexicanos que después escribieron páginas importantes en la historia del toreo. Jesús Solórzano, Carnicerito de México y quien ocupará el espacio de este domingo, Alberto Balderas, quien después sería conocido como El Torero de México. De los nombrados, fue el que más festejos toreó esa campaña, presentándose en 28 tardes y haciéndolo en las principales plazas de España y actuando en las plazas de Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao, Murcia y Alicante, entre las de más renombre.

La conclusión de ese andar entre los novilleros le permitió recibir la alternativa en Morón de la Frontera el 19 de septiembre de ese año.

Le apadrinó Manolo Bienvenida y ofició como testigo el gitano malagueño Andrés Mérida, cediéndosele al toro Hocicudo de Guadalest. La terna completa tuvo un sino trágico. Padrino y testigo murieron muy jóvenes, a causa de enfermedades y El Torero de México, en las astas de los toros. Cuenta don Armando de María y Campos:

Muchos cronistas sevillanos fueron a Morón de la Frontera a cumplir su cometido... conviene usar la que publicó esa misma noche el diario sevillano “La Unión”. Es una reseña breve, espontánea, de simple información y por ello, valiosísima... Se ha celebrado la tercera corrida de feria, que tenía el aliciente de la alternativa del novillero mexicano Alberto Balderas. Como padrino del nuevo doctor figuraba el joven maestro en lides taurómacas Manolo Bienvenida... El lleno es rebosante. Primero. – Balderas ejecuta cuatro verónicas muy templadas y artísticas... Después coge las banderillas y coloca un par de frente muy bueno; otro de poder a poder y el tercero al cambio... Manolo Bienvenida, con el ceremonial de rigor, doctora al mexicano... Balderas inicia su faena de muleta con un pase al natural; otro, rodilla en tierra, los dos de calidad excelente. Sigue muy valiente y artista y en cuanto iguala el toro atiza un espadazo en hueso. Repite con una gran estocada que tumba al toro. (Ovación grande y oreja). También da el diestro la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público...

Después de esa tarde, Balderas torea en Olivenza, Quintanar de la Orden, Oporto, plaza en la que tenía gran cartel y cierra su campaña europea en Lisboa, para regresar a México y prepararse para actuar en la temporada del Toreo de la Condesa.

La confirmación madrileña

Para el año de 1931, Alberto Balderas y Jesús Solórzano volverían a España para tratar de confirmar sus alternativas en Madrid. En esa tesitura, la de Balderas quedó pactada para la cuarta corrida del abono, a celebrarse el domingo 3 de mayo de 1931. Al efecto, se anunció un encierro del Marqués de Villamarta para Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, el valenciano Vicente Barrera y Alberto Balderas, quien confirmaría su alternativa.

Los toros que se lidiaron

Al final de cuentas, de la corrida de Villamarta solamente se corrieron cuatro de los toros anunciados. El segundo y el sexto de la función fueron devueltos después de salir al ruedo, por debilidad manifiesta, dicen la mayoría de las crónicas. En primer lugar, cito la de Federico Morena, quien en el diario Heraldo de Madrid, salido al día siguiente de la corrida, reflexionó lo siguiente:

El marqués de Villamarta va también, como el abono madrileño, de mal en peor. Fracasó en Sevilla y ha fracasado ayer, de modo más rotundo, en Madrid. Los toros de esta cuarta y menguada corrida fueron desiguales, y tan chicos algunos que no arrancaron 1a protesta porque encubrieron la pequeñez del cuerpo con el tamaño de la armadura. Por lo demás, hubo toros de fea «construcción» y altos de agujas, y tampoco demostró el ganadero gran escrúpulo en cuanto a la edad de los cornúpetos... ¡Verdad, marqués, que se deslizó en la corrida más de un utrerillo! El toro que abrió plaza, «Giraldillo», fue, sin duda, excelente para el ganadero, pues derribó, y derribó con fuerza, las cuatro veces que arremetió contra los caballos; pero, ciertamente, no tuvo buen estilo para los infantes. No doblaba con franqueza por el lado derecho, se tapó en banderillas y, en fin, llegó al tercio final un poco huido... El segundo, cojo, fue sustituido por un boyancón, admirablemente criado, eso sí, de D. Manuel Aleas... Nos engañó el tercero, de verdad. Lanzóse al salir sobre los peones como un rayo y dobló admirablemente, y con inmejorable estilo, a diestra y siniestra; pero al instante se fue del capote de Barrera varias veces, con marcada tendencia a los chiqueros. Se vencía un poco por el lado derecho. Dolióse al castigo, Y llegó a la muerte aplomadote da puro soso... Del cuarto no se puede decir que honrase al ganadero. Fue un toro poco boyante. Se arrancó bien a los caballos, pero con muy poca codicia, y en la hora suprema mostróse incierto y «esaborío»... El quinto, «Maquinista», fue un toro «imberbe». Se dejó torear mejor que sus hermanitos. ¡La juventud!... E1 sexto, chico también, nos resultó cojo. Y fue una verdadera lástima, porque se comía, materialmente, el capote, y Balderas le toreó a la verónica gracioso y artístico. El sustituto, ¡oh dolor!, fue otro buey de la señora viuda de Soler... Demostrado queda que el marqués de Villamarta fracasó en Madrid... Aquí se demuestra casi todo...

Por su parte, César Jalón Clarito en el número de El Liberal salido el 5 de mayo siguiente, dijo:

¡Villalón, Villagodio, Villamarta, Villarroel! ... De esta pesada retahíla – pesadilla de la fiesta hace diez o doce años – han desaparecido los Villalón y Villagodio. Dos de Villarroel apenas se lidian. Y quedan únicamente en el morcado loe toros de Villamarta. De éstas fueron los de la peor corrida de feria de Sevilla y los de la cuarta corrida del abono, digamos padecida mejor que celebrada, el domingo, en Madrid… Mal de presentación. Cuatro con el tipo exigible; pero dos que ni aun disfrazados con cabezas dé toro podían admitirse, Mal de estado físico – y eso que este año no hay glosopeda –. Hubo que retirar del ruedo el segundo y el sexto porque no se tenían en pie y sustituirlos con uno de Aleas y otro de Soler. Y peor que de todo de bravura. verdad que cumplieron en el tercio de varas y algunos hasta recargaron. Cumplen ya todos los toros- ¡Todos! Hasta ese de Aleas, que no quería nada con nadie. Hasta el de Soler, que salía rebrincando de las varas, con más peligro en las patas que en las astas. Todos cumplen ya. Y cuanto más mansos, antes y mejor, porque se saca rara vez la suerte a su sitio, a la raya del tercio, y casi nunca se hace limpiamente y sin acoso; los mansos, aquerenciados con las tablas, se encuentran en ellas los puyazos, no sólo sin buscarlos, sino cuando creen que van huyendo de ellos...

De acuerdo con lo escrito por los cronistas, el encierro no era de los que podría permitir a los toreros mayores florituras. 

La corrida de la confirmación

Ya hablaba Federico Morena de que la temporada iba con malos rumbos. La entrada fue aceptable, pero la plaza no se llenó y los toros, salvo uno – el quinto – se encargaron de hacer que la tarde fuera casi soporífera. Y el mismo cronista del Heraldo de Madrid dejó dicho que el toro con el que Balderas confirmó su alternativa se llamó Giraldillo y casi toda la prensa madrileña trató al confirmante despiadadamente, en una gama de tonalidades – casi todos en un breve párrafo – que oscilaban entre el considerarlo un indocumentado, hasta aquella que dejó en blanco y negro que su paso por el ruedo madrileño de esa tarde, estuvo dominada por el miedo. Pero también hubo opiniones ecuánimes, más desarrolladas y fundadas. Entre ellas está la de Maximiliano Clavo Corinto y Oro, quien en el diario La Voz, salido al día siguiente de la corrida, escribió:

Mala suerte la del mejicano Balderas en una tarde tan importante para él como la de la confirmación de su alternativa en Madrid. El Balderas aquel de agradables recuerdos por su fino estilo de torero en su etapa novilleril no pudo ayer mantener el prestigio que un día conquistara, se le vio muchos ratos animoso, como se le vio también apuntar lo que otras veces le vimos en momentos determinados. De los ocho lances que dio a su primer toro, en tres cargó la suerte y templó como cumplía a sus buenas maneras. Cogió banderillas (mal hecho, porque el bicho tenía fuerza, pero no alegría) y sólo consiguió demostrar un buen deseo en el único par que clavó. Comenzó bien la faena de muleta, estropeada luego por el viento, que dejaba descubierto al lidiador, y por un gañafón peligroso que le tiró el Villamarta. Con decisión arrancó a matar dos veces, dando un pinchazo hondo en la primera y una corta buena, en un viaje honrado, en la segunda. (Aplausos) … En último lugar se las entendió el mejicano con el bicho de Soler, un sardo descaradote de pitones que embistió muy poco y con muy mal estilo. De la sesión de lances apuntamos a Balderas dos con relativa elegancia. Huido el morlaco, imposibilitó todo lucimiento en quites. Otro destello de buena voluntad, en un par de banderillas, que, como en el otro, tampoco debió coger, porque el enemigo no se prestaba. Balderas comenzó por bajo, cerca y bien la faena de muleta. Nos gustó un pase de pecho y nos agradó su propósito de torear al natural; nada más que el propósito, porque el “género” no estaba para estas exquisiteces. Procuró luego “tirar” del boyancón pisándole su terreno casi entre los pitones, pero no cristalizó el afán del diestro por buscar aplausos entre los pitones y las pezuñas del bicho se quedó enredada tres veces la muleta. Hay días aciagos y los dioses se recrean en que estos días sean los en que el viento debiera soplar más favorablemente. Tres pinchazos y otro desarme; por fin, dos intentos de descabello, clavando en el último un palmo de estoque. Lo dicho: hay días aciagos. Balderas es joven, es fuerte y sabe torear; lo ha demostrado. Otra corrida, dos toros, no dos mulos con los que haya que andar a trastazos, y el Balderas de los buenos recuerdos recientes quizá vuelva a resurgir en su verdadera salsa...

Corinto y Oro deja bien claro que, ni el de Villamarta – ganadería titular –, ni el sobrero de la Viuda de Soler eran toros para conseguir lucimiento, aunque también reconoce que el confirmante, en su intento de agradar a la afición de Madrid, realizó algunas cosas que no venían al caso.

Por su parte Federico Morena en el Heraldo de Madrid, de la misma fecha, relató:

El mejicano Balderas, buen torerito indiscutiblemente, refrendó su alternativa en la fiesta de ayer. No tuvo suerte con su lote. Es decir, si el público hubiese aceptado el sexto toro, quizá hubiera promovido un «escándalo», porque, a juzgar por lo que vimos, era un toro «de carril». Pero llovía sobre mojado y al «respetable» se le habían hinchado las narices, con razón. Lo sensible es que pagó las consecuencias el que menos culpa tenía... De cualquier modo, Balderas está donde estaba. Ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público con la corrida de ayer. Salió del paso decorosamente... y hasta la próxima. Pero a lo largo de la corrida pudimos saborear algunos lances a la verónica plenos de gracia y de enjundia torera, como aquellos que sacó en un quite durante la lidia del primer toro y, con especialidad, los que dio al sexto, impecables, en que apenas el público, entregado a la protesta airada, paró seguramente... Con la muleta no puede decirse que estuvo mal, dada la índole de sus toros. Al contrario, mostróse valeroso, y en algunos momentos estuvo sobre las circunstancias. Tengo anotados en su haber muletazos de positivo mérito, que el público, justiciero siempre, jaleó sin reservas. Pero he de recomendar al neófito que sujete mejor la muleta, para evitar los desarmes tan continuados y que tanto deslucen una faena... Balderas no pudo ayer demostrar sus condiciones de excelentísimo banderillero. En sus dos toros tomó los rehiletes, y en ambos tuvo que contentarse con poner un solo par decorosamente.  El buey de la viuda desarmaba de un modo atroz. No era posible meterle mano, y el incipiente espada respiró fuerte cuando le vio doblar… Esperemos la repetición para juzgar a Balderas, en definitiva. Ayer, repitámoslo, ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público...

La línea de razonamiento de Morena es similar a la del cronista de La Voz, en el sentido de que Alberto Balderas intentó estar por encima de las condiciones de los dos toros que le salieron, sin que ese esfuerzo se recompensara con lucimiento. 

La realidad es que ambos relatores dejan en claro una cuestión, lo realizado en esa tarde era del mérito suficiente para volverle a ver con otro tipo de ganado, que al menos en el papel, pudiera garantizarle la posibilidad de hacer el toreo que mostró en sus presentaciones allí como novillero.

De lo que terminó perdiéndose Madrid

Al final de cuentas, la afición de Madrid y la de España entera, no tuvo la ocasión de ver a Alberto Balderas en plenitud. Él fue un torero que, como Silverio Pérez – toda proporción guardada – nos lo quedamos para nosotros en toda su grandeza. Y eso es algo que nadie nos puede disputar.

domingo, 13 de julio de 2025

13 de julio de 1952: El Ranchero Aguilar confirma su alternativa en Madrid

Jorge Aguilar González, El Ranchero, había iniciado sus pasos como novillero en el año de 1945. Se presentó en la Plaza México en 1947, esa temporada en la que brilló por sobre todos con luz propia el infortunado Joselillo. Todavía volvería como novillero a la gran plaza el año 48, el de los Tres Mosqueteros, lo que le valdría para recibir en la plaza de Tlaxcala, su tierra, una alternativa el 13 de marzo de 1949, de manos del portugués Diamantino Vizeu. Pocos contratos y una enfermedad gástrica lo van a mantener fuera de la circulación hasta bien entrado el año de 1950.

En la temporada chica de la Plaza México de ese último calendario, regresaría, renunciando al doctorado recibido en su tierra, a intentar reandar el camino. Y lo consiguió. En dos novilladas consecutivas corta tres rabos. El 5 de noviembre, le corta el rabo a Pistachero de La Laguna y el 19 siguiente se lleva los de Tragaldabas y Raspinegro, estos de Piedras Negras y no hago cuenta de que una semana antes, se había llevado otras dos orejas de Varillero, también de los toros de la divisa roja y negra. Así en su retorno, cerró su temporada cortando ocho orejas, tres rabos y se ganó la alternativa definitiva con todos los honores.

Ese nuevo doctorado lo recibió en la misma Plaza México, el 21 de enero de 1951. Le apadrinó Manolo dos Santos y fue testigo Jesús Córdoba. Los toros fueron cinco de La Laguna y uno de Piedras Negras, el toro de la ceremonia se llamó Cartonero y fue de La Laguna.

La primera campaña española del Ranchero

El Ranchero Aguilar se fue a España a buscar la confirmación de su alternativa en 1952. Inició su temporada en aquellas tierras el 4 de mayo en la plaza de Las Arenas de Barcelona, alternando con Rafael Llorente y Antonio Caro en la lidia de toros de Joaquín Natera, saldando su tarde con una vuelta al ruedo tras despachar al primero de su lote.

Su siguiente actuación sería la tarde del 13 de julio en la plaza de Las Ventas, en Madrid, para confirmar allí su alternativa. El cartel que se anunció para esa fecha fue uno de ocho toros, integrado por Luis Briones, el albaceteño Manolo Navarro, El Ranchero Aguilar y el sevillano de La Algaba, Jaime Malaver, quienes enfrentarían un encierro colmenareño de Manuel García Aleas, herrados con el 9, el hierro de más antigüedad de los de la hoy Real Unión de Criadores de Toros de Lidia.

A propósito de antigüedades

Ya comentamos por aquí, que El Ranchero Aguilar recibió la alternativa con la que realizó su carrera como matador de toros el día 21 de enero de 1951 en la Plaza México. El otro confirmante de la tarde de autos, Jaime Malaver, acababa de ser doctorado apenas el 15 de abril de ese 1952 en Sevilla. Creo que no hay duda de la antigüedad entre los dos diestros.

En la revisión de las crónicas del festejo, me encontré con que Malaver había sido confirmado con el primero de la tarde por Luis Briones, y que El Ranchero, con el segundo, por Manolo Navarro. No hay ninguna explicación para ello, solamente esto que dejó en su crónica para el diario Pueblo, de Madrid, Antonio Bellón:

Madrid, 13 julio 1952, Corrida de toros. Calorazo. Entrada floja. Siete toros de Aleas, bien presentados, con poca arrancada, que no corneaban por los lados y sí al alto... Irónicamente flojeó el sol, casi desierto, cuando, cruel, quemaba como fuego. Hubo por la mañana extensa organización del protocolo de las dos confirmaciones de alternativas, y se convino que la recibiese antes el más reciente matador y luego cada uno lidiase con arreglo a su antigüedad. Así sucedió...

Quizás la intención era evitar que Luis Briones, también torero mexicano y primer espada de la corrida, confirmara a un paisano suyo. En fin... Al final esa fue la decisión que tomaron las autoridades, seguramente con el concierto de los toreros, porque en esos días, y en una corrida del verano madrileño, no era frecuente que un torero, y menos un confirmante, se negara a salir por delante

Entonces, a pesar de ser la cuestión de las antigüedades cuestión de tradición y además, regla escrita – Derecho Positivo, pues – las cosas se hicieron de la manera descrita.

La confirmación del Ranchero Aguilar

El segundo toro de la tarde se llamó Caramelo, llevaba el número 13 y era de pelo negro. Fue un toro muy voluminoso según las crónicas y terminó acusando esa condición al final de su lidia. Escribió en su día don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes de Madrid, aparecida al día siguiente de la corrida:

Los siete toros de Manolo Aleas – ¡qué bien suena ese denominativo! – y el de Sánchez de Valverde – jugado en quinto lugar – estuvieron admirablemente bien de presentación; ocho toros de tamaño, de trapío y de edad... como debían ser todos los toros que se lidiasen en corridas de tales, y no en corridas de toreros, que son las que ahora se estilan... El toro con que confirmó se le confirmó la alternativa al mejicano Jorge Aguilar («El Ranchero») – «Caramelo», 13, negro estrellado –, salió abanto, como los clásicos colmenareños; pero mejoró en el transcurso de la lidia, a cuyo final llegó ahogado por exceso de carne. «El Ranchero» lo muleteó muy cerca, muy tranquilo, y lo despachó de una estocada, por lo que dio la vuelta al ruedo...

La opinión de Antonio Bellón, en Pueblo, también aparecido al día siguiente del festejo, fue en el siguiente sentido:

Para la cesión de trastos al mejicano Jorge Aguilar salló un búfalo – el segundo – huidizo y poderoso, lanceado entre palmas por este “Ranchero”... Al toro de Aleas no le hicieron ni pu – mitad de pupa – los lanceros, porque esos arroja botellas de campo de futbol - nada tienen que ver con los aficionados al deporte que ahora van a los toros - se compadecían tiernamente de que el toro tuviese poderío e ideícas a boca cerrada. Manolo Navarro le cede el toro al Ranchero Aguilar, un mocetón con vista al doblar sobre sus fornidas piernas y luego tranquilo y estirado al muletear al quedado animal, uno tontón con ganas de vivir en paz pastando fresca hierba. Valentísimo Aguilar, al parársele el toro frente al pecho arreaba cachetes cariñosos al morlaco, acariciándole despectivamente la leña antes de, con guapeza, hundir hasta la vestidura el alfanje. Hubo petición, ovaciones y vuelta al ruedo...

Y lo que relató Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo para el ABC madrileño, salido el martes 15 siguiente, fue en este sentido:

Y vamos ahora con la otra confirmación, con la de Jorge Aguilar «El Ranchero», doctorado en Tlaxcala el 13 de marzo de 1949. Se confirmó en Madrid con el toro «Caramelo», número 13. Manolo Navarro le entregó el instrumental. Era un toro con morrillo de bisonte, que hacía extraños. «El Ranchero» lo hizo tomar la capa y lo lidió muy bien. Luego, pases en redondo, tranquilo, y naturales cerca y aguantando. El toro, tan quedado, que para hacerlo entrar a la muleta el espada le hurgaba con la mano en el morrillo. Mató de una gran estocada, y hubo ovación, vuelta al ruedo y saludos...

Como se puede ver, hay cierta unanimidad en el sentido de que Jorge Aguilar se impuso al hecho de que el toro no se movía adecuadamente, para sacarle muletazos meritorios y estuvo entregado y certero con la espada, para de esa manera, dar una aclamada vuelta al ruedo.

El toro del triunfo

El Ranchero Aguilar le cortaría la oreja al segundo de su lote, el séptimo de la corrida, un toro que, según a quien se lea, fue de pelo colorado, castaño aldinegro o retinto. En lo que hay coincidencia, es en el hecho de que rememoraba a aquellos antiguos toros de la tierra que fueron la simiente original de la ganadería de Aleas y que, al paso de los tiempos, se fue modificando con agregados santacolomeños.

La versión de la actuación del torero de Tlaxcala ante este toro, llamado Arriero y que diera en el destazadero 470 kilos de peso en bruto, expresada por Antonio Bellón es la siguiente:

El penúltimo es un típico Aleas, castaño aldinegro, coletero. Falla un espontáneo, larguirucho, capturado entre barreras, y el de capa jarameña va sin ganas al varilarguero mano negra la enguantada del palo... Un alagartado peón pasa apuros al coloquillear. Tira Aguilar del toro en redondos y en airosas vueltecillas que agradan al respetable, desbordadillo su entusiasmo en molinetes, arrucinas y rodillazos... Jorge Aguilar, en chiqueros, clavaba todo el estoque; rodó el noble toro y para el mejicano fueron, merecidamente, oreja, ovaciones, vuelta y saludo... Al público no le agrada que lleven a hombros al Ranchero...

Destaco de la relación de Bellón, el hecho que consigne que se llevaron en hombros al Ranchero, cuestión que no consignan ninguna de las demás que pude consultar para armar estos apuntes.

Por su parte, El de Tanda, refiere lo siguiente:

Al séptimo empezó a muletearlo muy bien sobre la derecha, por redondos, y ya encelado empalmó un afarolado con una arriesgada arrucina y un molinete, que se acogieron con manifiestas pruebas de aprobación; cerró la faena con unos pases por alto rodilla en tierra y girando sin levantarse, como en las manoletinas, y no habíase acallado todavía el eco de la ovación con que se acogía su valiente y brillante hacer, cuando una definitiva estocada le puso en las manos el premio de la oreja, con la que dio la vuelta al ruedo entre la consiguiente ovación...

Y concluyo este apartado con lo que expresó en el ABC de Madrid Giraldillo:

Fue el séptimo un toro retinto de mejor presencia que condición. «El Ranchero» expuso mucho en un quite, y la faena la sacó a pulso. Toreó con mucha gallardía, dominando. Aguilar sabe por dónde anda. Después de hacer bien las cosas en el centro, cuando la res se fue a tablas, después de unos adornos, tiró por la línea de los efectos temerarios e hincándose dio unos pases por alto con aire de manoletinas, luego otros girando de espaldas a la salida. Macheteo y caricias a la cara. Se perfila, y una estocada superior, que mata sin puntilla. A «El Ranchero» le dieron la oreja del retinto y hubo vuelta triunfal y saludos. La impresión y juicio: que se trata de un buen torero...

Quizás la parte más importante de lo que refiere Manuel Sánchez del Arco reside en su apostilla final, en el sentido de que reconoce de que el confirmante, Jorge Aguilar, era un buen torero. Ese juicio llevaba una carga muy importante para su futuro dentro de los ruedos de España.

Antes de terminar, un apunte que pudiera parecer insustancial. La crónica de Antonio Bellón señala que El Ranchero vestía de verdegay y oro, en tanto que el resumen anual de El Ruedo, aparecido en diciembre de ese año, señala que el vestido de la tarde de su confirmación era azul celeste y oro. A saber...

El resto de la corrida

Jaime Malaver, el otro confirmante, le cortó una oreja al toro de su confirmación, primero de la tarde, Altozano de nombre. Por su parte, Luis Briones y Manolo Navarro escucharon palmas tras de pasaportar a los toros que les tocaron en suerte, aclarando que, en quinto lugar, el segundo toro de Navarro, se corrió un toro de Juan Sánchez de Valverde en sustitución de uno de los de Aleas, rechazado en el reconocimiento.

El resto de la campaña de 1952 para el Ranchero Aguilar

Jorge Aguilar terminaría esa temporada española con 8 corridas y un festival. Actuaría en plazas como Barcelona, Alfaro, Vichy, Tánger y una triunfal tarde en Pamplona, el 28 de septiembre al lado de Jaime Marco El Choni y el peruano Rafael Santa Cruz.

Ese limitado número de actuaciones le dejaría preparado el camino para la campaña siguiente, en la que ocuparía un lugar privilegiado a la cabeza del escalafón.

domingo, 25 de mayo de 2025

A 55 años de la confirmación de Manolo Martínez en Madrid

Manolo Martínez realizó su primera campaña europea entre el 5 de junio y el 29 de septiembre de 1969, toreando 48 corridas entre España y Francia en ese lapso de tiempo. El cierre de esa temporada quedó marcado por los tres percances que sufrió en un lapso de menos de dos meses en Bilbao, Murcia y Cáceres, que, si bien no le mermaron el ánimo, el último, por una intervención defectuosa, le tuvo fuera de los ruedos casi un mes, precipitando el final de esa su primera participación en los ruedos de Europa. 

Su actitud ante los toros y la atracción que generaba en la afición y los públicos dentro y fuera de las plazas, motivó que pronto se le publicitara como El Mejicano de Oro, remoquete que le fue adjudicado por Gonzalo Carvajal, titular de la crónica taurina en el diario madrileño Pueblo, quien era afortunado para adjudicar esa clase de sobrenombres, pues de su autoría fueron, entre otros, los de El Niño Sabio de Camas, para Paco Camino; el de Diego Valor para Diego Puerta o el de El Faraón de Camas para Curro Romero, y todos ellos han trascendido a la historia de la fiesta.

De acuerdo con los biógrafos de Manolo Martínez, principalmente el tándem Cantú – Páez, esa primera temporada la preparó con anticipación, se metió al campo, mató toros a puerta cerrada y se familiarizó con el ambiente de allá, siendo el motivo que arrancara hasta el Corpus de Toledo.

La temporada 1970

Manolo Martínez arrancó su temporada europea del año 70 en Barcelona, el 17 de mayo, alternando con Adolfo Ávila Paquiro y Manolo Cortés en la lidia de toros de Antonio Pérez de San Fernando. Esa tarde de acuerdo con la crónica escrita por Rafael Manzano para la Hoja del Lunes de la capital catalana, Manolo hilvanó, pero no cosió prenda alguna... Es decir, únicamente dejó reflejos de lo que había apuntado el año anterior.

Con ese bagaje es como llegó a la Feria de San Isidro, en la que tenía tres tardes contratadas, la del 22 de mayo que es la que me ocupa en este momento, la del lunes 25 en la que formaría cartel con Ángel Teruel y Miguel Márquez para dar cuenta de un encierro de Antonio Pérez de San Fernando y cerraría su feria el viernes 29 siguiente, cuando se preveía la presentación en Madrid de los toros mexicanos de Mimiahuápam y en la que alternaría de nuevo con Ángel Teruel y José Luis Parada.

Al final de cuentas, su isidrada se cerró solamente con las dos primeras actuaciones, porque los toros mexicanos, a causa de un caótico viaje náutico, no estuvieron en condiciones de ser lidiados. Al final, tampoco el encierro propuesto para sustituirlos pasó el fielato del reconocimiento y la corrida terminó por ser suspendida causando una gran molestia en la afición madrileña.

Algunas notas previas al festejo

El cartel de la corrida de la confirmación de Manolo Martínez era uno de los señeros de la Feria de San Isidro de 1970, pues alternaría con Santiago Martín El Viti y Sebastián Palomo Linares en la lidia de toros de don Baltasar Ibán Valdés. El solo anuncio de la corrida atrajo personalidades de todos los medios, entre ellos a la significada actriz María Félix, quien fue entrevistada por Manuel F. Molés para el diario madrileño Pueblo del día de la corrida, a quien entre otras cosas dijo:

Manolo es un gran amigo. La verdad es que, aparte de ver Madrid, lo que me trae acá es la alternativa de mi paisano... Puedo decirle que es uno de los toreros más sinceros y decentes que existen. Siente el toreo como pocos. Se van a chupar los dedos como tenga suerte...

También se encontraba Eloy Cavazos entre quienes asistirían al festejo, y quien comentó a uno de los redactores del propio diario:

¿Qué le desea para mañana - hoy para el lector - a su paisano Manolo Martínez? – Él es mi amigo. Ojalá tenga la mejor de las suertes... yo soy más joven que él, y que ambos nos hacemos la guerra, pero solo en el ruedo. Yo también insisto que en la vida particular somos buenos amigos...

Por otra parte, se anunciaba que el festejo sería televisado y que por primera ocasión se transmitiría un festejo desde España para México. Que la transmisión a estas tierras se haría a través de una cadena de reciente creación, Televisión Independiente de México (TIM), que operaba en quince ciudades y que se esperaba una gran audiencia en México.

La confirmación de Manolo Martínez

Manolo Martínez, contra la costumbre, salió vestido a trascendental tarde en su carrera, vestido de negro y oro. Un vestido de estreno. En ello reparó don Antonio Abad Ojuel, encargado de la crónica en el semanario El Ruedo, quien en el número fechado el 26 de mayo siguiente, escribió:

Para la ceremonia viene el mejicano vestido con el traje de torear más fastuoso de, la actualidad: un terno negro y oro – dando a esta palabra el peso que tiene en los mercados de metales preciosos – a, que pone lujo y tronío en la tarde. ¡Qué contraste con esos pálidos trajes de primera comunión, o los más horrendos, de pastilla de café y leche que este San Isidro han puesto de moda los niños! Manolo Martínez – como El Viti con el temo grana y oro de hace unos días –, da una lección de cómo se viste un torero de torero.

- Pero temo negro, ¿por qué?

- Porque el alternativado viene a la plaza como novio. Y en España y Méjico, que son dos países importantes y con raza, los novios se visten de negro; que las nupcias con la mujer o con la muerte son cosa seria.

- Pues los más frecuentes son los trajes blancos...

- De blanco se visten las novias.

Cualquier día vamos a ver en los carteles de alternativa una nota que diga: «El diestro lucirá un ‘vestido de atoreá’ diseñado por Elio Berhanyer, en gros grain de seda beige con pasamanerías y caireles de tul ilusión». ¡Que ya está bien de cursilería, señores sastres!

¡Gracias Manolo Martínez, por haberte vestido como se visten en España y en el Méjico lindo y querido los hombres serios, los toreros buenos, los matadores de rumbo! …

Ese fue el impacto que nuestro paisano causó a uno de los cronistas más serios del momento, en cuanto a su manera de presentarse. Aunque a algo más de medio siglo de distancia, he de señalar que don Antonio fue profético en la parte final de su comentario...

Ante el primer toro de la tarde, llamado Santanero, marcado con el número 92, y anunciado con un peso de 518 kilos, su hacer fue visto así por el nombrado Gonzalo Carvajal de Pueblo:

Pero por algo Manolo Martínez es figura del toreo, aunque esta su tarde de confirmación no se resuma en un éxito claro, sino en un sí para la faena de «Santanero» y con un no para la muy breve que cuajó con «Panadero», quinto de la jornada, cariavacado, encastado, y que por su raza y por su falta de fuerzas llegó con viaje corto y áspero al tercio postrero... ¿El porqué del sí para Manolo Martínez? El mejicano se ganó la oreja, con la aquiescencia del «profundo 9», que dice mi compañero y amigo Raúl del Pozo, porque dio los pases precisos en su número y en su ejecución, y porque mató muy bien de media en lo alto, para ganar la oreja. ¿El porqué del no para Manolo Martínez? Porque debió hacer algo más que limitarse a probar a «Panadero», el del viaje de cercanías. para convencerse que no iba, machetear y volver a matar bien de media. Por lo que no hizo M.M. escuchó pitos. Por lo que si hizo cortó una oreja, con las protestas de esos espectadores que no admiten los triunfos más que en aquellos toreros que «vuelven del frío» ...

Es decir, lo que vio Carvajal fue que su actuación ante el toro de la confirmación fue justa para asegurar la oreja que le fue concedida y ante el quinto, dio la impresión de que le faltó esforzarse un poco más. Quizás pensaba ya el torero en la tarde siguiente.

La crónica de Abad Ojuel en El Ruedo, aparte de lo referido acerca del vestido del confirmante, refiere:

La faena fue torera y adornada con destellos originales. Muy buenos los pases para doblar y quebrantar al toro y los tres naturales primeros ligados al de pecho. Un poco más despegadillo en la serie con la derecha y vuelve al buen terreno en espléndidos naturales con remate de trincherilla y el de pecho. Redondos con un original giro a la inversa - no conozco el nombre del adorno en la lexicografía azteca -, pase alto con cambio, para uno garboso de pecho y refrendo final de media estocada de buena calidad. Dobla el toro en tablas y Manolo corta la oreja del toro de su alternativa. Hay para él una gran ovación cuando, con elegante parsimonia, la exhibe en la vuelta al ruedo... A «Panadero» no nos le dejó ver...

Hace mención don Antonio a un original giro a la inversa que es lo que Alameda en alguna crónica bautizara como el martinete. Esta relación, más reposada en su redacción, es un poco más elaborada que la común de los diarios, que tienen que cerrar sus contenidos el mismo día de la corrida.

Sigue el turno de don Antonio Díaz – Cañabate, de quien he señalado ya por aquí su escaso gusto por lo que llegó a ver venido de estas tierras. Pues Manolo Martínez no se escapó de su cáustica opinión:

El primero era muy bueno. Manuel Martínez lo toreó a placer. Es posible que él lo sintiera. Toreaba bien, correctamente; la gente aplaudía como aplaude ahora, con mecanismo, como si estuviera cumpliendo un deber. Una vez cumplido se quedan tan tranquilos. El toreo de Martínez no es que fuera frío, pero si que dejaba helado, por lo menos a mí. Es su faena, una más de las infinitas del montón de las faenas. Media estocada y la indispensable oreja, que es recibida con pitos... En el quinto Martínez no lo quiere ver, él sabrá por qué. Media estocada...

No se desdijo en esta ocasión tampoco a quien sus allegados llamaban El Cañas, pero en honor a la justicia, he de decir que en esta crónica también pone de corinto y oro a los otros dos alternantes del cartel. Mejor nos contó la mejor selección del anecdotario del gran Larita. Así que, por hoy, quedamos en paz.

Y concluyo con las apreciaciones de la prensa de la época, con lo que en su día expresó a sus oyentes de la Radio Intercontinental en su programa España Taurina, Gonzalo Ángel Luque del Pino, Curro Fetén:

Confirmaba la alternativa el mejicano Manolo Martínez, el cual se hizo ovacionar en su intervención con el percal y en una faena plena de arrogancia en la que hubo temple y mando indudable en series de pases sobre la diestra, en los que dejaba la impronta de su arte. Tenía el toro temperamento, pero el mejicano le aguantó y a fuerza de templarle y llevarle toreadísimo, le cuajó una excelente faena que, al ser rematada certeramente con media estocada, le valió la oreja del toro de su confirmación como matador. El quinto llegó con peor estilo a la muleta, rebrincado y con media acometida, sin pasar, por lo que tras breve muletear lo pasaporta de media estocada, no gustando el capítulo. En resumen, la presentación en Madrid como matador de toros de Manolo Martínez, le ha abierto un buen crédito que, sin duda, deberá refrendar en otras actuaciones...

Como se puede ver, hay opiniones para todos los pareceres. En lo que sí parece haber consenso, es en el hecho de que la tarde de Manolo Martínez, a pesar de la oreja cortada, dejó el regusto de que pudo haber conseguido algo más resonante.

Arrematando

En las mismas páginas de las crónicas de la época, se hablaba de que aquí en México vieron la corrida por televisión 15 millones de personas. Creo que la cuenta es muy alegre. La realidad es que la cadena de televisión (TIM) tenía una cobertura limitada, no nacional, lo que hace poco creíble la consecución de esa cifra.

Por otra parte, en lo personal, tengo la impresión, a pesar de lo que los biógrafos de Manolo Martínez puedan sostener, de que el torero apostó su resto para esa campaña europea a la corrida que le preparó don Luis Barroso Barona. Por eso no se preparó previamente en el campo allá antes de ir a confirmar, por lo que, cuando la corrida no llegó en condiciones de ser lidiada, se limitó a cumplir con los compromisos que ya tenía firmados allá y a planear su regreso a México para retomar su campaña en las plazas de aquí.

No creo que haya habido conspiraciones en su contra, ni cuestiones por el estilo, simplemente fue un mal cálculo que no permitió construir una temporada a partir de una sola carta. 

Todas estas reflexiones no implican que yo abjure de mi martinismo. Es el mejor torero mexicano que he visto con uso de razón. Pero lo que aquí escribo me impone el deber de conducirme con objetividad y es lo que aquí he intentado. Hasta la próxima semana.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 18 de mayo de 2025

20 de mayo de 1975: Manolo Arruza confirma su alternativa en Madrid

Manolo Arruza inició su andar por los ruedos vestido de luces en ruedos de España. Se presentó como novillero en San Roque el 12 de agosto de 1972 y el siguiente año realizó ya una campaña en forma en aquellas tierras, en la que toreó 33 novilladas, a pesar de iniciar su actividad a partir del mes de julio por haberse fracturado una mano en los tentaderos del invierno, terminando la temporada como uno de los toreros del llamado escalafón menor más interesantes del ciclo, junto a Paco Alcalde y Carlos Escolar Frascuelo.

Regresaría a México para recibir la alternativa en Guadalajara, el 24 de octubre de ese 1973, de manos de Eloy Cavazos y con el testimonio de Curro Leal, con toros de Jesús Cabrera. Cerraría esa temporada aquí en México con 16 corridas toreadas.

El año de 1974 fue de una gran actividad para el hijo del Ciclón Mexicano, porque logró completar 42 tardes en ruedos de España, en una temporada en la que actuaron allá también los matadores mexicanos Mariano Ramos, Rafael Gil Rafaelillo y Manolo Martínez y los novilleros Marcos Ortega, Fermín Espinosa Armillita y Arturo Magaña. A esos festejos toreados en ruedos hispanos habrá que sumar los 14 que sumó aquí en México, incluida su confirmación de alternativa en la Plaza México el 22 de diciembre, de manos nuevamente de Eloy Cavazos y llevando como testigo a Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea, con toros de Javier Garfias. En total ese 1974, sumó 56 corridas de toros entre España y México.

Un constante baile de corrales

La Feria de San Isidro del año 75 corrió del día 8 de mayo al 1o de junio de ese año, constó de dos novilladas y veintiuna corridas de toros. En las que observo con cierto asombro que Paco Camino y Rafael de Paula fueron anunciados con los toros de Palha, y el Niño de la Capea con los de Pablo Romero, ganaderías en estos días etiquetadas como duras, que tienen sus especialistas, y a las que las figuras se les enfrentan, si acaso, una vez en la vida, en medio de un preparado anuncio de una gesta extraordinaria.

La realidad es que de los encierros que se anunciaron a la afición y al público, muchos se quedaron en el papel, porque a pesar de que ya estaba en funciones el toro del guarismo, los problemas en la interpretación de lo que es el trapío y así, el encierro del 13 de mayo, de Amelia Pérez Tabernero fue rechazado desde el primer reconocimiento. Eso hizo que Eloy Cavazos se saliera de la combinación y su lugar lo ocupara Rafael Gil Rafaelillo, quien así cumplió su segunda tarde en el ciclo.

Igual, las corridas de Atanasio Fernández (día 23), José Luis Osborne (día 24) y Juan Pedro Domecq (día 31) fueron rechazadas en el reconocimiento y sustituidas por ensaladillas de sobreros de otras ganaderías. El criterio de las autoridades y de la afición madrileña iba cambiando y también, el de los veedores de don Livinio Stuyck, ya en su antepenúltima feria, estaba decadente, porque otros encierros fueron también rechazados en parte y remendados con sobreros de diversas procedencias afines a la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid, S.A.

El encierro para el 20 de mayo del 75

Omití deliberadamente en el apartado anterior mencionar que los toros anunciados para la décimo segunda corrida de ese ciclo isidril tampoco pudieron pasar el fielato del reconocimiento. El cartel originalmente presentado era con toros de los herederos de Carlos Núñez, propiedad de don Manuel González, para Palomo Linares, Francisco Rivera Paquirri y Manolo Arruza, quien confirmaría la alternativa.

El ganadero Manuel González era nada menos que el diestro sevillano retirado Manolo González, quien apenas el año anterior había adquirido de los hijos de don Carlos Núñez, el hierro, divisa y ganado que anunciaban como Churriana, encastado en lo de su casa y en donde mantenían reses marcadas con el hierro matriz y con el propio. Así, el encierro que escogió para presentarse en la capital española, era con seis ejemplares que llevaban en el anca la R circulada, razón por la cual se hizo ese extraño anuncio de su debut ganadero.

Pero la ocasión se frustró, porque el encierro no fue aprobado. Así lo contaba Manuel F. Molés en el diario madrileño Pueblo el día de la corrida:

Ayer ya lo contaba, empezó el baile de los rechazos. De los ocho toros de Martín Berrocal quedaron cinco y se les añadió un Murteira. Primer aviso para la «semana comercial» que estamos viviendo ya. Y eso que los Núñez del presidente del Huelva eran de lo más digno que hemos visto en muchos años dentro de esta ganadería. Pero la «debacle», lógica, cantada y supuesta, había de llegar con los otros Núñez de don Manuel González. Una corrida mínima de trapío, que no se ha prestado siquiera a la discusión. Por eso los veterinarios, de buenas a primeras, han dicho que no había nada que hacer y la han rechazado de plano. Los toritos del señor González van a ir por donde han venido, por atreverse a acudir a donde nunca debieron. Así pues, la danza, anunciada ayer desde esta sección, acelera su ritmo y todavía queda baile. Todavía, hasta que toreros, empresa y ganaderos se enteren, de una vez y para siempre, de que el medio toro ya no tiene acomodo en Madrid...

La corrida fue sustituida por una de Benítez Cubero, que según a quien se lea, tuvo o no tuvo trapío. La reseña del encierro a la vista del sorteo, refiere que eran los siguientes:

En la tarde de hoy se lidiarán toros de Benítez Cubero, por el siguiente orden: «Loco», número 18, 561 kilos. «Conductor», 14, 538. «Cistrado», 33, 549. «Lanero», 56, 532. «Difamado», 17, 529. Y «Peluso», 37, 537. Como sobrero va el toro 131, «Merleto», de 567 kilos en vivo, de la ganadería de Higuero...

Con esos mimbres se daría la confirmación de alternativa de Manolo Arruza.


Una confirmación envuelta en un denso aire de nostalgia

Las relaciones de todos los diarios hacían referencia en mayor o menor medida, a que, en la fecha, se cumplían nueve años del fallecimiento de Carlos Arruza, padre del toricantano. Quizás los apuntes más sentidos en ese aspecto, fueron los de Francisco Baruqui, en el diario tapatío El Informador y de Antonio Bellón, al entrevistar a don Andrés Gago, apoderado del confirmante y que lo fuera también de su padre, en Pueblo, de la que recojo:

Andrés Gago estaba en el burladero de apoderados, con la colilla de su puro mantenida por un palillo, quemando tabaco y nervios. Y fue justo al final de la primera faena de Manolito, en el momento en que el chaval recibía la oreja, cuando Andrés no pudo más y rompió a llorar. «Es un momento – decía – muy difícil para mí. Son demasiados recuerdos... Si Carlos pudiera ver a su hijo...» «¿Recuerda mucho Manolo a su padre, don Andrés?» «Sí, se parecen. Pero Carlos era un hombre y Manolo es un chiquillo...» Y no pudo más, Rompió a llorar. Hay que decir que Andrés Gago había dejado de esta profesión de apoderar y que regresa a ella por fidelidad y cariño hacia Carlos...

Por su parte, Vicente Zabala Portolés, en el b madrileño, es más severo y hasta exagerado en su valoración de lo realizado por Manolo en el toro de su confirmación:

Manolo, que había banderilleado con más voluntad que acierto, pues el astado esperaba y desarmaba con sentido, se empleó en un trasteo aseadito con ambas manos. El chico se quedó quieto y sacó los muletazos limpios y ajustados entre el beneplácito general. Manolo Arruza, pese a su apellido, no venía con la vitola de figura. El hombre no se permite improcedentes exigencias. Mató de una estocada baja y se le concedió una oreja que algunos protestaron. El recuerdo de su padre, muy querido en Madrid en una época triste y angustiosa para el país, flotaba en el ambiente. Por la voluntad del muchacho y por las añoranzas de tiempos que, históricamente, no fueron mejores en ningún sentido, se le otorgó el trofeo...

Para él, la oreja que cortó y que resultó ser la única de la tarde, fue más que nada, un reconocimiento a su ascendencia torera y no precisamente un premio a su labor ese día. A veces, los escribidores de toros, por mucho que entiendan, exageran en el rigor de sus apreciaciones como en esa tarde lo hizo don Vicente.

Decía arriba que don Francisco Baruqui también cubrió el festejo, aprovechando su anual asistencia al ciclo isidril. Entre otras cuestiones escribió:

Si Carlos Arruza viviera... Feliz, muy feliz que estaría. Manolo, su hijo torero ha hecho honor en la arena misma que pisara su padre y en la que tantas y tantas huellas dejara, a la casta torera, al profesional orgullo, al amor propio por ser... un Arruza... A nueve años de la muerte de su padre, hoy, en este día, una habitación del hotel Gran Vía, antiguo, incómodo, albergaba como años atrás, a otro Arruza... Ayer a Carlos, hoy a Manolo... Y qué torero ha estado, principescamente vestido con terno champaña y oro, luciendo añejo capote de paseo que de su padre fuera, confirmó su alternativa. Ha cortado oreja. De su capotillo salieron, echándose a la espalda, con gallardía, serie de ceñidas gaoneras que arrancaron los primeros olés. Con los palos, seguro, preciso, certero, haciendo gala de facultades y conocimiento pleno de los terrenos. Ha clavado por ambos lados y al sesgo, al cuarteo. Uno impresionante, citando sobre el estribo de frente al toro y en corto palmo que levantó al público de sus asientos. Con la muleta asentado, tranquilo, centrándose estupendamente con un toro un poco tardo, pero con son y clase que le ha permitido estar a mucha altura... Series medidas de ayudados por bajo con la derecha, naturales espléndidamente rematados. Todo a la distancia justa, ni un paso más, ni un paso menos. Las palmas fuertes le habrán sonado a gloria, ha triunfado. Dejando una entera desprendida se ha hecho merecedor de una oreja. Vuelta entre aplausos... Manolo Arruza cayó de pie...

La descripción de la actuación de Manolo Arruza en esta relación me parece la más completa y quizás la menos sesgada, por una razón que veremos más adelante.

También Alfonso Navalón escribió una interesante crónica del festejo, pero, la dedicó a señalar la falta de trapío de los toros de Benítez Cubero, a tundirle a Palomo Linares por hacer que, con su presencia, lleguen a las plazas los perritoros, y en un alarde de displicencia, le dedica el párrafo final a Paquirri, a quien llama rico de pueblo que va a un baile de disfraces por llevar un vestido bordado en pasamanería. Del confirmante, ni se acordó. 

El fruto de una buena tarde

El mismo día que Manolo Arruza confirmaba en Madrid, Rafael de Paula armó una bronca grande en Barcelona al negarse a matar un toro. Por esa razón, la Dirección General de Seguridad le impuso una suspensión de seis meses – misma que sería revocada unos cuantos días después – por lo que no podría cumplir de inmediato, su compromiso en la corrida del siguiente día 26 en la Feria de San Isidro.

El cartel de ese día 26 de mayo estaba formado originalmente por Rafael de Paula, Paco Camino y Francisco Ruiz Miguel, con toros portugueses de Palha. Ya recompuesto por la suspensión del torero jerezano, quedó con los toros portugueses para Paco Camino, Ruiz Miguel y Manolo Arruza. Allí también hubo baile de corrales, pues solamente se aprobaron tres de los de Palha, completándose el lote con otros tantos de don Joaquín Buendía.

Para terminar, una nota luctuosa

La prensa que refería la confirmación de Manolo Arruza, también daba a conocer que la noche de ese día 20 de mayo de hace 50 años, falleció don Rodolfo Gaona a la edad de 87 años, en la Ciudad de México.

Apenas el 12 de abril se había conmemorado el cincuentenario de su triunfal despedida de los ruedos, pero desde el día 15 de mayo, el Califa de León había dado muestras de deterioro en su salud y fue ingresado en el Sanatorio Español para ser atendido.

Sus hijos Rodolfo y Enrique comentaron en su día a los medios de comunicación que Gaona comenzó a dar muestras de agotamiento físico, pero sin presentar síntomas de alguna enfermedad, porque siempre fue un hombre saludable, por lo que consideraron, junto con los médicos que lo atendieron en este último trance, que su muerte fue por causas naturales.

Sus funerales se llevaron a cabo al día siguiente y fue sepultado en el Panteón de Dolores, con la compañía de su familia y de varios toreros como Jesús Solórzano, Luis Castro El Soldado, Heriberto García, David Liceaga, Andrés Blando, Alfonso Ramírez Calesero, Joselito Huerta, Manuel Gutiérrez Espartero y Joaquín Rodríguez Cagancho.

La oración fúnebre la pronunció Roque Armando Sosa Ferreyro Don Tancredo quien entre otras cosas dijo:

Ayer las campanas de León tocaban a gloria por los éxitos del torero. Hoy, las campanas de México doblan a duelo para decir adiós al grande hombre, quien nos deja un recuerdo inolvidable: sus triunfos en los ruedos y la lección ejemplar de su existencia.

Hasta la próxima semana.

Aldeanos