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domingo, 31 de mayo de 2026

31 de mayo de 1964: La hazaña de Porteño en Madrid

Antonio Sánchez Porteño, se presenta en la capital mexicana en el año de 1958, en el Toreo de Cuatro Caminos, logrando a actuar tres tardes en ese ciclo, lo que le permite volver allí para el siguiente calendario y presentarse seis tardes, mismo número que logra actuar en El Progreso en Guadalajara, logrando acartelarse en la novillada de la Oreja de Plata en ambos cosos.

Su presentación en la Plaza México ocurrió el 10 de julio de 1960, cuando enfrentó novillos de Peñuelas alternando con Pedro Gómez y Fernando de la Peña, cortándole una oreja al segundo de su lote. Sumó cinco tardes esa temporada. Desavenencias con el doctor Gaona redujeron sus actuaciones allí en 1961 apenas a una tarde, y a que no volviera por allí sino hasta 1963, cuando volvió a torear cinco novilladas, para sumar su total de veinte festejos menores en las plazas de la Ciudad de México.

En el cierre de 1963 y la apertura de 1964, fue cuando estuvieron en México Paco Camino y El Cordobés junto con otros diestros hispanos y fue justamente en esa época que diversos apoderados hispanos pudieron ver a los novilleros mexicanos más destacados y se interesaron por llevarlos a actuar en ruedos hispanos.

A Porteño lo apoderaría Rafael Torres, hijo de quien en su día apoderó a Luis Castro El Soldado, Antonio Velázquez o Jesús Córdoba y le hizo marchar a España en marzo de 1964, llevándolo a tomar un primer contacto con el ganado de allá en el campo de Salamanca:

En marzo cuando llegamos, la cola del invierno todavía se hacía sentir, tanto, que en la primera ganadería a la que fuimos al día siguiente, al manejar la muleta con el estaquillador y la espada, los dedos te dolían... En esta dehesa nos soltaron tres becerras, una para cada torero...

Así cuenta el torero su primera experiencia en el campo bravo español casi al bajarse del avión. 

Posteriormente ya se alojaría en Madrid y haría sus entrenamientos en la Casa de Campo, en el sitio en el que normalmente entrenan los toreros.

Para la estadística, su presentación en los ruedos de allá ocurrió el 7 de mayo de ese año, en Guadalajara, alternando con José María González Copano y Eduardo Ordóñez en la lidia de novillos de Hidalgo Rincón. Tres semanas después, el día 28, se presentaría en San Sebastián y todo quedaría dispuesto para lo que me tiene este día con ustedes, su presentación en Madrid.

El cierre de la Feria de San Isidro del 64

El decimosexto y último festejo de la Feria de San Isidro de 1964 fue una novillada. El cartel se compuso con novillos del Marqués de Albayda para José Luis Barrero, Antonio Sánchez Fuentes y el debutante mexicano Antonio Sánchez Porteño. Barrero y Sánchez Fuentes eran dos toreros que eran del gusto de la afición madrileña y Porteño, representaba una incógnita, aunque las relaciones de su reciente actuación en El Chofre avalaran su inclusión un cartel tan importante como este.

Para la ocasión, Porteño cuenta que se mandó hacer un vestido nuevo, azul celeste y oro:

El maestro Fermín me tomó las medidas, me sentí muy importante. ¿De qué color torero? Azul celeste... Avíos (siempre toree con garritas) … A ver, tres capotes, tres muletas... Como me dijeron, vas a Madrid, a la feria más importante, y ahí hay que ir con mucha categoría. Como un príncipe...

El 31 de mayo del 64 amaneció lluvioso y se calculaba que el festejo de ese día podría suspenderse. Pero estaba escrito que las cosas sucedieran de otra forma.

Llegar... y besar el santo

Al final de cuentas dejó de llover y el festejo se pudo celebrar. Aparte del clima, es necesaria la presencia del toro en el ruedo para que las cosas rueden en la dirección correcta. Antonio Díaz - Cañabate, en su crónica del ABC madrileño, hace notar lo siguiente:

La novillada del señor marqués de Albayda fue magnífica; Fue soberbia. Fue ejemplar. Sobre todo esto, ejemplar. Demostró lo que vengo sosteniendo con reiteración, que la fiesta es de toros y que los ganaderos, en su afán de complacer a los toreros, la han convertido en la fiesta de los borregos. El señor marqués de Albayda, por lo menos en esta novillada, ha sabido conservar la casta, la fiereza de los toros. Y a la vista está su resultado. Dos vueltas al ruedo a dos toros, primero y quinto. Cuatro orejas e innúmeras ovaciones a los toreros. Vuelta al ruedo del mayoral acompañado de los espadas. Es decir, la apoteosis de la casta. El triunfo rotundo de los toros sobre los borregos. Los seis novillos salieron embistiendo a todo lo qué se les ponía por delante. Y embistieron hasta su último momento...

El elemento fundamental para el éxito de cualquier festejo taurino estuvo en el ruedo, el toro, bravo y con poder. Creo que poco más puede ser dicho.

Porteño por su parte, le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, primero de su lote. Escribe Juan León para el diario Arriba:

Fue una revelación. Hacía tiempo que, ante la presentación de un mejicano, el público se quedaba con las ganas de aplaudirle, y el domingo se sacó la espina, porque Porteño, con su toreo variado, alegre y vistoso, con su valor y su arte le dio sobrados pretextos. No acusó en momento alguno esos nervios propios de las presentaciones en la plaza de las Ventas, que era presentarse a España entera, sino aplomo, seguridad y confianza en sus recursos, máxime cuando se supone que, en su tierra no se habría encontrado ante enemigos de tanto genio y tal alegre casta que a tantos descomponen y sorprenden. La prueba era comprometida y él la rebasó holgadamente. A los pases y lances fundamentales del toreo añadió un repertorio deslumbrante de adornos de la mejor ley, que entusiasmaron a la concurrencia...

Por su parte, Gonzalo Carvajal, cronista del diario Pueblo, refiere:

Fue en su primera faena - bella y completa como la tierra que vio nacer a Porteño - donde Antonio Sánchez - ¡buen nombre de torero tienes, muchacho! - manifestó su categoría de novillero puntero de la aztecanía. Dos orejas se ha llevado el mejicano. Dos orejas de ley de 24 quilates, porque la muleta de Porteño, movida siempre muy lenta y muy baja, barrió el empapado albero en naturales y redondos - seis de aquellos reunieron toda clase de perfecciones -, después de que los trincherazos y pases de la firma habían llenado de sentimiento estético los inicios del trasteo. Porteño, genial en varios momentos de su actuación, se volcó en el instante supremo y cobró la estocada que puso en sus morenas manos las dos orejas de «Ganador», un novillo bueno que el torerismo lleno de arte de Antonio Sánchez hizo lucir en más...

En la Hoja del Lunes de Madrid, la opinión de José María del Rey Selipe es en el siguiente sentido:

Porteño es garboso y posee la intuición del toreo y una elogiable variedad, que el público, influido por ella, acusó con sus manifestaciones entusiastas; el mejicano, que con el capote lució en algún quite de visualidad, desarrolló en el tercero, suelto para los caballos y suave para la gente de a pie, tandas de redondos un tanto forzada la figura, pases con la zurda bien enlazados, molinetes y quiquiriquíes y en corto y con lentitud acertó a clavar una estocada de fulminante efecto. El sexto fue el novillo menos cómodo del conjunto; terminó topón y algo quedado. El de Méjico decayó relativamente y por falta de acometida del enemigo y de decisión no consiguió despenarlo hasta consumar ocho entradas y descabellar al cuarto golpe…

Aunque Porteño cortó las dos orejas, también José Luis Barrero se llevó una del que abrió plaza y que lo mandó a la enfermería y Antonio Sánchez Fuentes otra del quinto. Al final se llevaron en hombros a Sánchez Fuentes y a Porteño.

Gonzalo Carvajal hacía esta reflexión en el introito de su crónica:

Lo más importante de la presente edición isidril, en mi sentir y sin menguar la talla de lo hecho por los matadores de toros, se acunó en esas salidas por la puerta grande de Manuel Cano (El Pireo), en el segundo festejo isidreño, y de Porteño y Sánchez Fuentes, en este epilogo de San Isidro, que la lluvia estuvo en un tris de destruir…

Ese fue el tamaño del impacto del triunfo del torero de Acapulco.

El impacto de una tarde triunfal

Antonio Sánchez Porteño volvería a Las Ventas otras cuatro tardes ese año del 64, los días 7 y 13 de junio, el 26 de julio y el 18 de octubre. Lo anterior me sugiere que logró entrar en el gusto de la afición de Madrid y que se le veía con gusto por esa plaza, y que sumadas a las ya relatadas de Guadalajara y San Sebastián y a otra que toreó en Ceret, totalizan las ocho que sumó ese calendario en Europa.

Regresó a México para recibir la alternativa en su tierra, Acapulco, el 17 de enero de 1965, de manos de Victoriano Valencia, en festejo en el que actuaron mano a mano en la lidia de toros de Tequisquiapan.

El vestido celeste y oro que visitó la tarde de su triunfo en Madrid, Porteño lo donó al Museo Taurino de Huamantla en diciembre de 2013.

domingo, 24 de mayo de 2026

20 de mayo de 1971: Eloy Cavazos confirma su alternativa en Madrid

En una entrevista que le hizo Luis Ortega en el año de 1965, publicada en la Revista Taurina que en su día editara Pancho Flores, fechada el 14 de noviembre de 1965 en la Ciudad de México, Eloy Cavazos, quien apenas tenía dos docenas de novilladas en el cuerpo, confesaba que no le temía a la Plaza México cuando decía:

Aquí la plaza es grande y el público también. Hay que hacerle como con los toros. Hay que hacerse primero con los chicos y arrimarse mucho hasta que se llega. Así pienso llegar yo... arrimándome. Tengo pendientes fechas en Guadalajara, Torreón y Querétaro... mientras llega la México y luego, si Dios quiere, hasta España...

En menos de un año, se había presentado ya como novillero en la plaza más grande del mundo y había recibido la alternativa en Monterrey, capital vecina a su tierra natal, festejo del que arrancó para sumar 196 corridas en los cinco años siguientes, para cumplir al pie de la letra lo que decía en esa primera entrevista, y por estas fechas, hace 55 años, llegaba a Madrid a confirmar su alternativa.

Un viaje de prospección previo

Eloy Cavazos viajó a España en 1970 y estuvo por aquellas tierras entre el 18 de mayo y el 26 de junio de 1970. No fue a torear, sino, como le comentó a quien firmó como Nacho en el ejemplar de El Ruedo, fechado el 11 de mayo de ese 1971:

Antes de pisar un ruedo español quise conocer la Madre Patria y el desarrollo de su Fiesta. Sus toros y el ambiente general. Elegí el mes de mayo y pude presenciar doce corridas de San Isidro y una en Aranjuez... No desaproveché la ocasión de entrar en contacto con las reses de acá. Toreé cinco vacas. Fue buena cosa, pues tuve ocasión de contrastar la bravura del ganado de esta tierra... A nuestro toro hay que esperarle. Uno se puede colocar mejor y no asusta tanto su corpulencia. El de acá, el toro español, se viene hacia uno más pronto. Ayuda más a la realización del lance o del pase, pero proporciona más miedo por su alzada y por las reaccione s del animal en esa encorajinada embestida. No obstante, pienso que el toro de aquí nos es favorable...

Como se puede ver, primero calibró desde el tendido a la afición de allá, después sintió al ganado, aunque fuera de manera breve - apenas tentó cinco vacas - y después decidió emprender una campaña trasatlántica. Por eso pudo presentarse en Madrid, con apenas dos tardes previas, una en Málaga y la otra en Barcelona.

La tarde de su confirmación

La confirmación de Eloy Cavazos era la quinta de las seis que se verificarían esa Feria de San Isidro. La precedieron las de Curro Vázquez, Santiago López, Curro Rivera, Jaime González El Puno, y faltaría todavía la del torero de Bormujos, Marcelino Librero El Marcelino. El padrino del neoleonés sería Miguel Mateo Miguelín y atestiguaría Gabriel de la Casa, actuando también el rejoneador Curro Bedoya. Los toros serían de José Luis Osborne para la lidia ordinaria y uno de Manuel García – Aleas para rejones.

La plaza se llenó, según las crónicas, por segunda vez en la feria, que cumplía su séptima fecha y el cielo estaba entoldado, durante la lidia del quinto, lloviznó, incluso. Miguel Mateo Miguelín vistió de granate y oro, Gabriel de la Casa, de azul y plata y Eloy Cavazos. de azul y oro.

La confirmación de Eloy Cavazos

El primer toro de la tarde se anunció como Retoñito, número 165, con 541 kilos de peso, era negro zaino, carifosco y bien armado. Con este ejemplar, el nativo de Guadalupe, Nuevo León, refrendaría su calidad de matador de toros en la capital de España. Su actuación ante él, fue vista así por Julio de Urrutia, titular de la crónica taurina en el diario Madrid

Eloy Cavazos recibió en su confirmación los trastos de matar de Miguelín en el primer toro, al que saludó con unas verónicas preciosistas rematadas con la serpentina, tercio idéntico de capa que el mexicano repitió en el sexto Osborne de la tarde. También le vimos en las dos ocasiones un quite por navarras y otro suave, muy suave, a la verónica, asimismo. Ello quiere decir que nos encontramos ante un torero elegante de capa que yergue la figura y, ejecuta los lances, lleno de gracia y de sabor. Con la muleta, por el contrario, encoge él cuerpo y fuerza el físico hasta parecer que va a besar al cornúpeta, vicio éste que resta belleza a las faenas, sobre todo cuando a su final Eloy se “enrosca” con los cuartos traseros del enemigo para hacer “la pescadilla”. Cuando corrija estos defectos y suprima de su repertorio la ganga de las espaldinas y el péndulo muleteril – principalmente cuando no vienen a cuento –, Cavazos brillará más arriba en el último tercio, aunque ayer agradara las dos veces al respetable. Donde, sin embargo, Eloy se muestra gigante es en el volapié, porque practica al pie de la letra aquel sabio consejo de Pedro Romero cuándo decía a sus discípulos que “se dejaran coger” – o percibir su sensación –, por ser ésta la única manera de que los toros se descubran en la suerte de matar. Los dos volapiés del mexicano, aunque el del último Osborne lo agarrara al segundo viaje, merecieron las orejas, una por cada toro, que el público le concedió. Porque hace tiempo que no veíamos a un matador echarse encima del toro y revolcarse materialmente sobre él con el acero como lo hizo ayer el pequeño y grande Cavazos. El que más hoy se le aproxima a nuestro Andrés Vázquez...

Rápido descifró Urrutia la tauromaquia cavacista en sus virtudes. Pero también apunta que aporta un aire nuevo, diferente, a lo que se podía apreciar por aquellas fechas en los ruedos hispanos.

Por su parte, Gonzalo Carvajal, en su tribuna de Pueblo, en clave epistolar, dirigida a una ahijada suya a quien llevó ese día por primera vez a los toros, cuenta:

Eloy, en este día de la Ascensión de 1971, vio colmadas sus ilusiones de confirmar su doctorado en las Ventas. Lo hizo, Macarena, con «Retoñito», número 105, de 541 kilos, de pelo negro zaino y carifosco, que vino a ser toro poco empleado, poco profundo pero bondadoso, con esa bondad apagada y sosa de los toros con clase a los que fallan las fuerzas. Lo que mejor hizo, Macarena, este menudo mejicano que se las sabe todas fue cuajar uno de los mejores tercios iniciales – si no el mejor – de los que llevamos visto en la isidrada: lances de pies juntos y a la verónica, capotazos medidos, suavones, como mecidos por los sones dulces de la música del Istmo de Tehuantepec, perfecto quite por navarras y torerísimo remate. Que la faena de muleta no alcanzara el ritmo del toreo cavacista con el percal – el toro entonces ya quena irse a las tablas – nunca debía ser obstáculo, Macarena, para que Eloy Cavazos, que mató de una entera, saliendo rebotado, cortase la primera oreja – protestada por los que siempre protestan - de esta tarde, en la cual casi se puso el cartel de «No hay billetes» y tampoco nos libramos de la lluvia. A Cavazos, quien posee muy hábil y buen oficio, aunque su clase resulte corta, le dieron otra oreja, con petición fuerte de la segunda, después que frente al sexto – el único toro que se salió suelto en varas y que hizo el último tramo de su pelea con buen son, pero no tan bueno como los cinco anteriores - anduvo, franela en mano, valiente y torero, con un trasteo cortado por idénticos patrones formales al primero, pero de más amplio mérito, ya que este sexto Osborne tenía bastante más que torear. Así fue, Macarena Calles, y a mi modo de ver, como Eloy Cavazos, en el día más ilusionado de su existencia, se ganó la salida por la puerta grande...

También Carvajal encuentra en la esencia del toreo de Eloy Cavazos una diferencia esencial con lo que está habituado a ver. Y considera, con justeza, que su triunfo fue rotundo.

Pero, aunque los toreros hayan triunfado, porque Miguelín saldó su tarde con el corte de tres orejas y Gabriel de la Casa y Curro Bedoya por su parte cortaron una cada uno de ellos, la gente estaba tan emocionada, que levantó a los cuatro en hombros y se los llevó por la puerta grande, a pesar de que reglamentariamente solamente estaban habilitados para ello Miguelín y Eloy Cavazos. Y es que, contra la algarabía popular, no se puede.

Pero aun así, hay quienes prefieren vivir contracorriente. Esta es la médula de la crónica que escribió don Antonio Díaz – Cañabate para el ABC madrileño:

Conforme iba acercándome a la Redacción de ABC para escribir esta crónica, iba pensando: ¿Y qué he visto de extraordinario para tal riada de orejas? Pues no me acuerdo absolutamente de nada, es decir, sí, me acuerdo de un gran par de «Miguelín», de poder a poder, en el cuarto. ¿Nada más? ¿Sólo un buen par de banderillas en una corrida en la que las orejas se desbordaron? Que me perdonen los orejeados, «Miguelín» con tres, con dos Cavazos y con una Gabriel de la Casa y Curro Bedoya, que estuvo lucido y breve en su rejoneo. Desde luego, ninguno estuvo mal, pero todos torearon con el mismo mecanismo. Como las orejas también es algo mecánico, el torero que no se sale delo rutinario tiene mucho adelantado para cosechar cantidad de ellas... Me lo pueden creer. Desde su punto de vista me parece muy bien que les lluevan las orejas como rosquillas de la tía Javiera, pero tengan en cuenta, que mi punto de vista no es el suyo. Mi deber es enjuiciar lo que veo con arreglo a mi criterio, que naturalmente puede ser equivocado, y estoy seguro de que «Miguelín», Gabriel de la Casa y Cavazos así lo estimarán. Lo lamento y me atengo a mi dilatada experiencia. Aquí estoy a las dos horas de haberse terminado la corrida. Suspendo mi trabajo y miro al techo, que es donde a veces se refugian los recuerdos...

A don Antonio no le gustaban más que ciertos toreros de su tierra y en sus relaciones escritas se aseguraba de dejar bien claro eso. La prueba allí está, en blanco y negro.

Lo que vendría después

Tres días después, al reaparecer en Las Ventas, Eloy Cavazos sería herido de gravedad por un toro de Francisco Galache, que le tendría en el dique seco hasta el 5 de junio siguiente. Cerraría ese ciclo el en el mes de octubre, y actuaría en plazas de importancia como Málaga, Ronda, Barcelona, Logroño, Palma de Mallorca o la francesa de Arles, dejando preparado el terreno para la siguiente temporada.

Eloy Cavazos es uno de los pocos toreros mexicanos que han actuado en tres décadas distintas en ruedos europeos.

domingo, 17 de mayo de 2026

18 de mayo de 1971: Curro Rivera confirma su alternativa en Madrid

Cuando Curro Rivera llega a hacer su primera campaña española en 1971, tenía ya toreadas aquí en México 123 corridas y arranca del otro lado del mar el 18 de marzo en Valencia, para seguir después en plazas como Castellón, Murcia, Barcelona, Sevilla, Fuengirola y Palma de Mallorca. 

Para el 18 de mayo de hace 55 años, exactamente dos meses después de su presentación en ruedos hispanos, confirmaría su alternativa en Madrid, en una corrida que tenía un atractivo especial, porque marcaba la vuelta a los ruedos de Antonio Bienvenida, quien se había despedido allí en Las Ventas el 16 de octubre de 1966, matando seis toros en solitario.

El cartel de la confirmación de Curro Rivera llevaba además como testigo al torero de Villalpando Andrés Vázquez, y la terna enfrentaría un encierro de don Samuel Flores. Cabe señalar a este respecto, que el reclamo de la primera plana de los principales diarios madrileños, se centraba en el retorno a los ruedos de Antonio Bienvenida.

La quinta corrida del San Isidro de 1971

En el sumario de la tarde, Julio de Urrutia, cronista del diario Madrid, refiere lo siguiente:

Antonio Bienvenida, de verde y oro (petición con vuelta y palmas); Andrés Vázquez, de azul y oro (dos orejas, vuelta y salida a hombros), y Curro Rivera, mexicano, de verde y oro (oreja y ovación), que confirmaba la alternativa. Tarde húmeda y desapacible, con aguaceros casi continuos de comienzo a fin de la función. Dos tercios de plaza. E| mal estado del ruedo, pese a la ya habitual cobertura de plástico, y la consulta de la autoridad con los diestros actuantes para decidir o no la suspensión del festejo hicieron que éste comenzase a las seis y cuarto de la tarde...

En una relación diversa, la de José Antonio Medrano para el diario Arriba se cuenta que la entrada era la más mala de lo que iba del ciclo, siendo la única explicación de ello el pésimo tiempo entre el que se dio la corrida, agregando:

...no tendremos más remedio que descalificar al público madrileño, del que el reaparecido Antonio Bienvenida fue un ídolo y, casi una debilidad; Andrés Vázquez es como una recreación propia al que el «nuevo en esta plaza», el mejicano Curro Rivera, debió merecerle un interés máximo...

Y sin embargo, la afición prefirió resguardarse de la lluvia y verlos en mejor ocasión.

La confirmación de Curro Rivera

Como es preceptivo, el primer toro de la tarde sería cedido a quien ratificaría su alternativa en Madrid esa lluviosa tarde. El sorteo le deparó al toricantano al toro llamado Beluco, número 75, negro zaino y al que se le anunció un peso de 528 kilogramos. La tarde de Curro fue importante y pudo ser redonda, de no haber fallado con los aceros en su segundo. Escribe Gonzalo Carvajal en su crónica para el diario Pueblo de Madrid:

Del Currito de Méjico que vi en Sevilla – aquella tarde cortó tres orejas –, y que volví a ver en Barcelona – dos orejas –, al que contemplo confirmar su alternativa con «Beluco», negro zaino, con el número 75 en el costillar, y 528 kilos de peso, media un ancho camino de progresos en el acoplamiento de tan tierno diestro azteca al toro español. Señal de crecimiento en méritos de un torero que apoyado en su indudable valor, en sus no menos indudables ansias de estar entre los primeros, y en bien conocer la profesión, saldrá – de seguir así – de la presente temporada hispana con clara proyección de mando dentro de la torería mejicana... Debo consignar que «Beluco» - de poca fuerza, como toda la corrida, y abanto de salida, también como casi toda la corrida –, y «Cartujero», el más encastado y pastueño de los seis Samueles, vinieron a integrar ese lote con que todo torero sueña para consagrarse en Madrid... Currito Rivera no hizo una sola cosa mal hecha – salvo pinchar seis veces a «Cartujero» –, y es que a toros tan bondadosos, sabiendo y queriendo torear, resulta muy difícil hacérselas. Con la verónica, más rabiosa que perfecta; con la variedad de los quites por delantales, chicuelinas y navarras – o chicuelinas antiguas, que así llaman en Méjico a tal lance –; con el buen acuerdo de no coger banderillas – suerte en la que Curro me parece muy vulgar – y con el sentido claro de que torear de muleta a este tipo de toros de «durse» es como un juego de salón, en el cual el engaño movido, arrastrándose por la arena, debe llevar las embestidas al confín de las arrancadas, Rivera se ganó una oreja de su primer toro – la gente pidió con fuerza la segunda; los de la andanada del ocho, tan felices, con razón, por tarde tan rimada con sus gustos y exigencias, aplaudieron la negativa presidencial –, y le pidió las dos al sexto, porque hasta el séptimo envite no agarró la estocada mortal. De sus faenas muleteras – estimadas por mi como de buen ver, aunque me parezca violento y corto su derechazo – poseyeron carácter de excelentes, y más en un torero cuyos cimientos son el valor y el oficio hecho a conciencia, cuantiosos pases naturales, y aquella serie de trincherazos y firmazos que Curro utilizó para sacar a «Cartujero» hasta los medios y sin olvidarse de los pectorales con ambas manos, baza crucial en la tauromaquia del azteca. Buena suerte de Curro en el sorteo. Suerte bien aprovechada, aunque los aceros, en el sexto, descompusieran el «corrido» de la apoteosis que Rivera el Joven estuvo tan cerca de cantar...

La relación de Carvajal es prolija y enlaza bien los sucesos de su triunfo en la reciente Feria de Abril de Sevilla, con esta buena tarde de su confirmación madrileña-

El ya invocado Julio de Urrutia, en el diario Madrid, refiere:

El cariz del cielo y la lluvia intermitente que hizo su aparición en cuanto salió el primer toro no arrugaban el entrecejo de los aficionados. El Samuel, gordo y con buena lámina, fue saludado por el nuevo doctor en tauromaquia con unos preciosos lances a la verónica, sujetando con la rodilla al bicho los primeros para que no saliera huido. Dos puyas y otros tantos quites – uno muy lucido por tapatías del mejicano – dieron lugar al tercio de banderillas, en el que ese buen peón de brega que se llama Solanito clavó dos grandes pares. Y apenas sin sucesión de continuidad apareció en seguida con la muleta en la diestra Curro Rivera para componer una faena justa, aseada, de pases limpios y en la línea del arte, aunque algunos de ellos forzando la figura. Además de artísticos, los muletazos por la derecha y la izquierda del hijo de Fermín tuvieron clase. Y como, por añadidura, no se limitaron a los fundamentales del toreo natural ni a los monótonos redondos en cadena, la faena del azteca resultó variadísima y a gusto del respetable. A toro por completo parado, Curro cobró una gran estocada que le valió la oreja de su enemigo... En realidad, la función de ayer se ciñó a media corrida tan sólo, aunque esa media fuese de tono mayor y de alta tensión artística por lo que vimos en los tres toros primeros. Si acaso, la propina consistió en la lidia que Rivera dio al sexto toro, muy semejante a la del primero, por lo que hubiera cortado otro apéndice. auricular si llega a acertar con el acero. Pinchó siete veces y ©1 éxito repetido se le fue, por tanto, con los múltiples viajes de la espada. Ello no obsta para afirmar que nos encontramos ante un torerillo muy puesto y que cuantos se precian de aficionados deben seguir de cerca a este mozo moreno, hijo de torero mexicano y sobrino de toreros españoles...

Urrutia hace notar que la lluvia fue deteriorando las condiciones del ruedo y que en realidad, los sucesos de los tres primeros toros fueron los que le dieron vida a la tarde, pero también reconoce las indudables virtudes que mostró Curro Rivera y adelanta el porvenir que le esperaba por aquellas tierras.

Por supuesto, no podría faltar la mención a don Antonio Díaz – Cañabate, en su tribuna del ABC madrileño, quien, como los vinos añejos, refinaba su falta de gusto por los toreros que les llegaban de este lado del mar. De la actuación del confirmante, refirió:

Curro Rivera se benefició en el toro de la alternativa de la lluvia de orejas. Se mojó con una. Curro Rivera es un torero fácil, tal vez excesivamente, porque su facilidad degenera en frialdad. Le falta también la naturalidad, porque fuerza la figura, dobla demasiado la cintura, pero torea con pases largos y algunos le resultan muy bien. En Sevilla le vi matar un toro de manera admirable. No ha vuelto a repetir tal hazaña; al contrario, en las otras corridas que le he visto, su manera de matar es deficiente, como lo demostró en el primero con una estocada en el rincón y más ostensiblemente en el sexto, al entrar siete veces...

Bien se dice que nada nuevo hay bajo el sol. La tarde terminó para él con la actuación de Antonio Bienvenida, pero su opinión es de peso para algunos. Ya veremos que le dedica más espacio a lo que a él le parece importante.

El resto de la corrida

El triunfador de la tarde fue el zamorano Andrés Vázquez, quien le cortó las dos orejas a Tragapisto el tercero de la corrida. Escribió Gonzalo Carvajal:

Como me gustó la tarde de Andrés Vázquez, arropado por los gritos de «¡Torero, torero, torero!» al regresar al burladero de matadores tras haber sabido ser el templario de Villalpando y al despedirse Andrés de la «laguna» de Las Ventas, saliendo por la puerta grande...

Por su parte, Antonio Bienvenida fue cariñosamente arropado por la afición de su Madrid. Así lo vio Díaz – Cañabate

Alterna la izquierda con la derecha incansablemente. A Bienvenida las dos manos le sirven para torear con ayudados por bajo y por alto. La gente estaba extrañada. ¿Qué es eso?, se preguntaban algunos. ¡Oye, pues es bonito! Por mi parte estaba pasando, ¡la de años que no veía ligar unos ayudados por bajo y otros por alto! Era como un papirotazo a la monotonía. ¡Qué baldón para los toreros jóvenes, que en los linderos del medio siglo, sea Antonio Bienvenida el que aporte algo diferente a la rutina conquistadora de orejas! Por fortuna la faena diferente de Antonio Bienvenida finaliza asimismo de manera distinta. No hubo oreja, sólo vuelta al ruedo, porque Antonio descabella cuatro veces y esto no lo toleran los rutinarios...

Un San Isidro con signatura mexicana

El 15 de mayo Antonio Lomelín había abierto la Puerta de Madrid con los urcolas de Alonso Moreno, la tarde que apadrinó la confirmación de Curro Vázquez. El 20 de mayo, Eloy Cavazos confirmaría su alternativa y abriría él también esa codiciada puerta. El día 22 siguiente, se lidiaría por primera vez en la historia de la plaza madrileña un encierro mexicano, de Mimiahuápam, y Antonio Lomelín le cortaría la oreja al segundo, Cariñoso y el cuarto Amistoso, sería homenajeado con la vuelta al ruedo de sus despojos. Dentro de la misma feria, el 25 de mayo, Curro Rivera reclamaría otra vez la atención, al cortar una oreja a los toros del Duque de Pinohermoso que le tocaron en el sorteo.

La presencia de México culminaría en la Corrida de la Beneficencia, celebrada el jueves 3 de junio de ese 1971, anunciándose un cartel idéntico al de la corrida de la confirmación de Curro Rivera, pero, al haber sido herido Andrés Vázquez en la corrida isidril del 30 de mayo, terminó dándose un mano a mano entre padrino y ahijado con los toros de Felipe Bartolomé, mismo que representó la salida en hombros para el hijo de Fermín el de San Luis, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales.

domingo, 1 de junio de 2025

25 de mayo de 1975: El sobresaliente Julián de Mata, paga su cuota de sangre en Las Ventas

Ya había planteado, al comentar la confirmación de alternativa de Manolo Arruza, que el San Isidro de 1975 se caracterizó por la gran cantidad de encierros rechazados en todo o en parte. El 24 de mayo, la corrida de José Luis Osborne que debieron enfrentar Miguelín, Paquirri y Paco Alcalde fue echada para atrás y la solución que dio la empresa, fue tomar el encierro de Alonso Moreno de la Cova anunciado para el día siguiente, que, en teoría, enfrentarían Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán mano a mano.

Al final de cuentas, el encierro sería sustituido por otro de la misma procedencia, pero de menos presencia que el que se apropiaron las figuras para poder cumplir su compromiso la víspera. Y es que no estaba rematado todavía. Le contó José María Recondo, apoderado de Antonio José Galán a Manuel Molés, en esos días, redactor del diario madrileño Pueblo:

La empresa tuvo un problema y se llevó nuestra corrida. Podían haber lidiado la de Palha. ¿A que no se atreven a quitársela a Camino...?» «Naturalmente», contesta Recondo, mientras atiende a su torero. Galán no le ha dado importancia al toro, ha metido el pico y ha toreado con la muleta muy retrasada. «Ese – contesta Recondo – es un vicio de casi todos los toreros...» … La corrida es una de las más chicas de la feria. Resulta que Alonso Moreno no la tenía prevista para Madrid. Es más, esta corrida iba a lidiarse en Valencia en el mes de julio...

Como es de costumbre, quienes tienen una posición preponderante en los estamentos taurinos, disponen de las cosas a favor de su interés. Y a veces, el resultado final, se tuerce.

La decimoséptima del San Isidro del 75

El festejo del domingo 25 de mayo se celebró en un ambiente bastante caldeado. Ya se había apuntado por aquí, que uno de los signos de esta feria fue el del constante baile de corrales que motivó la sustitución de los toros anunciados originalmente por otros que no estaban originalmente contemplados en el programa del serial y por el reacomodo de otros encierros en detrimento del interés de los espadas anunciados con ellos.

En el caso del mano a mano entre Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán, al menos inicialmente, en el papel, no parecía haber cambio alguno, pero en el fondo, el encierro reseñado por la empresa y por sus apoderados para la fecha, el 25 de mayo de 1975, no era el que habían aceptado, pues como se planteó líneas arriba, se había lidiado la fecha anterior para suplir a otro distinto que había sido rechazado y lo que teóricamente saldría por toriles, era otra corrida que estaba siendo preparada para ir a Valencia el mes siguiente.

Y al final de cuentas, lo que aprobaron las autoridades madrileñas ni siquiera fueron los seis toros, porque se sortearon solamente cinco de los de Alonso Moreno y uno de El Jaral de la Mira. Y de los titulares, el abreplaza sería aceptado por la concurrencia hasta el primero tris.

Ante un lleno de no hay billetes, Ruiz Miguel y Galán tuvieron que enfrentarse a un encierro complicado. Las crónicas del festejo no cuentan mucho acerca de sus actuaciones, porque el difícil juego de los urcolas de don Alonso, los mandó a ambos a la enfermería. El primero en caer allí fue Ruiz Miguel, quien tras la lidia del tercero ingresó, emitiéndose el siguiente parte médico por el doctor Máximo García Padrós:

El diestro Francisco Ruiz Miguel ingresó en la enfermería tras la lidia del tercer toro de la tarde, presentando heridas en la región superciliar y malar izquierda; puntazo corrido en la cara posterior del muslo izquierdo. Conmoción cerebral. Pronóstico reservado...

Durante la lidia del quinto de la tarde también fue lesionado Antonio José Galán. El parte médico emitido es el siguiente:

Contusiones y erosiones múltiples. Conmoción cerebral. A descartar fractura de fémur. Pronóstico reservado...

Esa última lesión y el dictamen facultativo, dejaron las cosas dispuestas para que la tragedia que merodeaba la plaza de Las Ventas, se consumara.

Julián de Mata, sobresaliente de espadas

Heridos los diestros anunciados en el cartel, el sobresaliente de espadas tenía que terminar el festejo. Ese 25 de mayo del 75 se había anunciado en el cartel a Julián de Mata – civilmente Julián de la Mata González – nativo de Cehegín, Murcia, de donde salió para Madrid, para tratar de hacerse torero, pero terminó de taxista y siguió pagándose el carnet, para poder seguir vistiendo el terno de luces y al menos poder salir de sobresaliente. Escribió Juan Teba de Montes, en el número de El Ruedo fechado el 10 de junio de ese 1975:

Y se hizo taxista. Y de aquí para allá, transportando seres humanos que le hablaban de extrañas historias que no comprendía. Y mire usted por dónde se le brinda la oportunidad de torear dos novilladas... Y al final, lo de siempre. Sobresaliente. Ni banderillero, ni corredor. Nada. Bueno, sobresaliente. Y con la misión propia del cargo, a contemplar los rostros crispados de los maestros y los chanchullos de los «hombres de confianza». Sí, el pago: cuatro migajas...

La oportunidad que terminó en tragedia se le presentó a los cuarenta y dos años de edad, en un momento en el que muchos toreros ya empiezan a pensar en dejar de vestir el terno de luces. Pero Julián de Mata tenía todavía la ilusión de demostrar que podía ser alguien en el planeta de los toros. Le tocó aprender el toreo junto a la vía del tren de Arganda con Alfonso Merino, Luis Parra Parrita, y Martín Sánchez Pinto, entre otros.

Pero el oficiar como sobresaliente no era una manera muy sencilla de exhibir sus aptitudes. Desde el inicio de la década de los 70, era un fijo en los festejos que organizaba la casa Chopera y que requerían sobresaliente. Le pude localizar al menos tres presentaciones en tal calidad en Las Ventas, una, el 4 de octubre de 1970, cuando el torero canario Pepe Mata despachó en solitario una corrida del Conde de la Maza, resultando herido; el 28 de mayo de 1972, en el mano a mano que torearon don Antonio Bienvenida y Andrés Vázquez con toros de Victorino Martín y el 20 de junio de 1974, con un cartel de toreros igual al de la fecha que nos ocupa, pero con toros de Martínez Benavides, con motivo de la Corrida de la Prensa de ese calendario.

Como todo sobresaliente, entonces y en la actualidad, su actividad es espaciada, limitada y el sitio que tienen delante de los toros es evidentemente escaso.

El hacer de Julián de Mata quien estrenaba esa tarde un vestido grana y oro, estuvo marcado entre el escándalo en los tendidos y la tragedia. Cuando se llevaron a Antonio José Galán a la enfermería, Jaime Ostos desde su localidad, le hacía saber al presidente García Valiño que debía suspender la corrida, porque el sobresaliente no estaba en capacidad de terminar con el festejo. Posteriormente, Bartolomé Sánchez Simón también matador de toros, se tiró al ruedo ofreciéndose a despachar al quinto y al sexto, recibiendo por respuesta la orden presidencial de ser detenido y remitido a la comisaría. Escribió Alfonso Navalón en la edición de Pueblo ya citada:

Aquí, señor presidente, en el instante justo que se llevaban a la enfermería al segundo matador, era el momento justo de suspender la corrida. Así lo pedía el público y ésta sería la solución lógica, habida cuenta que Julián de Mata es un hombre que no podía afrontar semejante prueba. En todo caso, cabía acceder al ruego de un matador de toros para matar el sexto. Porque esto ha pasado ya muchas veces en casos semejantes. “Simón” bajó a pedir permiso y fue detenido. Con todos mis respetos, considero que no era la decisión adecuada. “Simón” no era un espontáneo, puesto que, al no haber ningún toro en la plaza, mal pudo interrumpir la lidia. Cabía, aceptar o denegar su ruego. Nada más...

Posteriormente, García Valiño esgrimiría los argumentos de que el reglamento no lo permitía y también el de que no había precedente. Este último es el favorito de la autoridad cuando no quiere actuar en determinado sentido, pero cuando menos, encontré uno en la hemeroteca, cuando el domingo 23 de agosto de 1953, el matador Octavio Martínez Nacional, bajó del tendido para despachar un novillo devuelto que no quería regresar al corral, con el permiso de la presidencia de ese día. En conclusión, el precedente existe.

Y salió el sexto de El Jaral de la Mira. La intervención del sobresaliente fue brevísima, sigue contando Navalón:

Luego llegó el horror de la cornada a Julián de Mata. Como era previsible, nada más abrirse de capa quedó a merced del toro, y todos volvimos la cara con horror, cuando, cosido en la mazorca del pitón, llevaba un pedazo del chaleco del pobre sobresaliente, víctima absurda de una situación todavía más absurda. Porque aquí no cabe invocar el reglamento. Estábamos ante un caso de conciencia. Estaba en juego la vida de un hombre...

Y es que, García Valiño, policía de formación y ocupación, al fin y al cabo, se escudó siempre en la interpretación literal del texto legal, según se lo declaró a Pilar Trenas en la edición del ABC madrileño del día 27 siguiente:

Mientras haya un sobresaliente vestido de torero, la corrida debe continuar, según el reglamento... Lamento el percance, pero el reglamento lo dice así...

El parte médico de Julián de Mata

Después de ser intervenido en la enfermería de la plaza, el doctor Máximo García Padrós, extendió el siguiente parte facultativo:

Herida por asta de toro en la cara posterior del hemitórax derecho, entre la novena y décima costillas, penetrando en la cavidad torácica con grandes destrozos en los lóbulos inferiores y medio del pulmón derecho, contusionando el pericardio. «Shock» traumático intenso que precisó transfusión de 1200 centímetros cúbicos de sangre. Pronóstico muy grave...

Le declaró el doctor García Padrós a Manuel F. Molés:

¡Chico qué cornalón!... Un cornalón. Pero tengo esperanza de que se recupere; claro, que luego hay que contar con las complicaciones. Pero ha sido algo muy gordo. Fíjate que tenía tres cornadas en el pulmón: pero tres boquetes así de grandes. Ya veremos...

Tras de concluir la intervención se dudaba si trasladar al torero herido al Sanatorio de Toreros o a otra unidad hospitalaria de alta especialidad para continuar su tratamiento, al final de cuentas, se decidió llevarle al Francisco Franco, para que un especialista en cirugía de tórax continuara con su tratamiento.

En su cama del hospital, atendió a Manuel F. Molés, quien en la edición de Pueblo del 29 de mayo siguiente, publicó lo siguiente:

Me duele más el no haber estado bien que la cornada.

- Pero, Julián, si no podías estar bien.

- ¿Por qué?

- Porque no estabas preparado.

- Sí lo estaba. Toreo mucho de salón.

- Pero el toro es otra cosa. Torear de salón es torear al aire. Imaginar un sueño. Hace falta el toro, la práctica. ¿Desde cuándo no te has puesto delante de un toro?

- El año pasado.

- ¿Te das cuenta de que era imposible estar bien, de que lo más seguro era la cornada?

- No. Lo que pasa es que en la voltereta que me dio el quinto me dislocó la mano derecha y no pude mandar debidamente al sexto con el capote. Si no es por la mano estropeada a estas horas hubiera cambiado mi futuro.

- Ya. ¿Cuánto te han pagado, Julián?

- Todavía no he cobrado. Lo estipulado son ocho mil, y vienen a quedar seis mil y pico limpias... Pero la empresa es muy buena conmigo.

- ¿A cuánto asciende esa bondad?

- El año pasado me dieron doce mil...

- En la taquilla habría seis o siete millones ¿Te parece suficiente ese sueldo tuyo?

- No lo sé...

Insisto: es increíble, pero real. Charlando con él me duele hacer preguntas necesariamente duras. Nadie puede convencer a Julián de Mata que era una barbaridad dejarlo salir. Nadie puede convencerle que no le bastaba un carnet si no tenía una preparación. Nadie puede convencerle que le contrataron como comparsa precisamente porque no tenía nada que hacer. El sueña un sueño imposible, temerario, bárbaro, y al fin y al cabo comprensible.

- Molés, yo tengo que ser matador de toros...”

Julián de Mata no perdía, ni en la cama del hospital, la intención de recibir la alternativa de matador de toros algún día.

En un apunte de interés meramente económico, a un tipo de cambio directo, las ocho mil pesetas de 1975, equivalen a 48.08 euros de estos tiempos y deflactados, serían aproximadamente 2000 euros contantes y sonantes. Es decir, casi nada.

El día después

La tragedia de Julián de Mata movió a los estamentos de la fiesta. La posición y función del sobresaliente se cuestionó y se pidió opinión a personas destacadas dentro del medio. Entre otras, destaca la opinión de Antonio Bienvenida, quien dijo al respecto:

Debería ser un novillero con experiencia, que conociera el oficio. También un matador de toros, aunque siempre o casi siempre hayan sido novilleros. Yo exigiría que estuviesen en activo y que hubiesen toreado un mínimo de corridas, porque en caso contrario se exponen a una catástrofe...

Por su parte, Paco Camino también comentó su parecer sobre ese particular:

La culpa la tienen las empresas. Hay gente joven capaz de resolver un problema con rapidez. Yo exigiría que fuese capaz, un número de actuaciones por año con caballos y que tengan también ilusión, que es algo muy importante. Lo que sucede es que si son novilleros piden que les den alguna compensación, y las empresas no quieren complicaciones de ese estilo...

Ambas opiniones me hacen pensar que los dos toreros ven al sobresaliente como una especie de convidado de piedra que no se luzca, que sea eficiente nada más, que se mantenga en la sombra y evite destacar en toda medida.

Julián de Mata se tuvo que quitar de torero a causa de esta cornada, aunque en el lecho del dolor le insistiera a Molés que tenía que llegar a matador de toros. En 2016 varios toreros que don Máximo García Padrós curó de sus cornadas se reunieron con él con motivo del cincuentenario de su actividad como cirujano en la plaza de Las Ventas. Sobre esa reunión escribió Ana María Ortiz para el diario El Mundo, de Madrid y entre otras cosas dijo:

En representación de la década de los 70, la primera de García Padrós en el servicio médico de Las Ventas, Julián González de Mata. Traje chaqueta azul marino, 82 años bien llevados, aunque pierda el resuello cuando circulamos arriba y abajo por el graderío. «Julián, ahora te ponemos un poco de oxígeno cuando bajemos a la enfermería», bromea el doctor. Aquel 25 de mayo de 1975 Julián de Mata – ese era su nombre artístico – era sobresaliente – suplente, coloquialmente hablando – pero los dos titulares en el cartel sufrieron sendas cogidas y tuvo que salir. «Me metió el pitón en la cintura, me levantó en el aire y me llegó el pitón a dos centímetros del corazón. Me quedé con seis pulsaciones, pensé que me moría», rememora. Tras el envite no pudo ya retomar la carrera taurina y se hizo taxista, profesión que también tuvo que abandonar por las secuelas. «Gracias a la bondad de señora Cuqui Fierro (famosa aristócrata madrileña) que me ayuda desde entonces», pide que se recoja en estas líneas...

Las cornadas de los toros tienen secuelas que se arrastran, a veces, por toda la vida. Esta de Julián de Mata es una prueba de ello.

domingo, 25 de mayo de 2025

A 55 años de la confirmación de Manolo Martínez en Madrid

Manolo Martínez realizó su primera campaña europea entre el 5 de junio y el 29 de septiembre de 1969, toreando 48 corridas entre España y Francia en ese lapso de tiempo. El cierre de esa temporada quedó marcado por los tres percances que sufrió en un lapso de menos de dos meses en Bilbao, Murcia y Cáceres, que, si bien no le mermaron el ánimo, el último, por una intervención defectuosa, le tuvo fuera de los ruedos casi un mes, precipitando el final de esa su primera participación en los ruedos de Europa. 

Su actitud ante los toros y la atracción que generaba en la afición y los públicos dentro y fuera de las plazas, motivó que pronto se le publicitara como El Mejicano de Oro, remoquete que le fue adjudicado por Gonzalo Carvajal, titular de la crónica taurina en el diario madrileño Pueblo, quien era afortunado para adjudicar esa clase de sobrenombres, pues de su autoría fueron, entre otros, los de El Niño Sabio de Camas, para Paco Camino; el de Diego Valor para Diego Puerta o el de El Faraón de Camas para Curro Romero, y todos ellos han trascendido a la historia de la fiesta.

De acuerdo con los biógrafos de Manolo Martínez, principalmente el tándem Cantú – Páez, esa primera temporada la preparó con anticipación, se metió al campo, mató toros a puerta cerrada y se familiarizó con el ambiente de allá, siendo el motivo que arrancara hasta el Corpus de Toledo.

La temporada 1970

Manolo Martínez arrancó su temporada europea del año 70 en Barcelona, el 17 de mayo, alternando con Adolfo Ávila Paquiro y Manolo Cortés en la lidia de toros de Antonio Pérez de San Fernando. Esa tarde de acuerdo con la crónica escrita por Rafael Manzano para la Hoja del Lunes de la capital catalana, Manolo hilvanó, pero no cosió prenda alguna... Es decir, únicamente dejó reflejos de lo que había apuntado el año anterior.

Con ese bagaje es como llegó a la Feria de San Isidro, en la que tenía tres tardes contratadas, la del 22 de mayo que es la que me ocupa en este momento, la del lunes 25 en la que formaría cartel con Ángel Teruel y Miguel Márquez para dar cuenta de un encierro de Antonio Pérez de San Fernando y cerraría su feria el viernes 29 siguiente, cuando se preveía la presentación en Madrid de los toros mexicanos de Mimiahuápam y en la que alternaría de nuevo con Ángel Teruel y José Luis Parada.

Al final de cuentas, su isidrada se cerró solamente con las dos primeras actuaciones, porque los toros mexicanos, a causa de un caótico viaje náutico, no estuvieron en condiciones de ser lidiados. Al final, tampoco el encierro propuesto para sustituirlos pasó el fielato del reconocimiento y la corrida terminó por ser suspendida causando una gran molestia en la afición madrileña.

Algunas notas previas al festejo

El cartel de la corrida de la confirmación de Manolo Martínez era uno de los señeros de la Feria de San Isidro de 1970, pues alternaría con Santiago Martín El Viti y Sebastián Palomo Linares en la lidia de toros de don Baltasar Ibán Valdés. El solo anuncio de la corrida atrajo personalidades de todos los medios, entre ellos a la significada actriz María Félix, quien fue entrevistada por Manuel F. Molés para el diario madrileño Pueblo del día de la corrida, a quien entre otras cosas dijo:

Manolo es un gran amigo. La verdad es que, aparte de ver Madrid, lo que me trae acá es la alternativa de mi paisano... Puedo decirle que es uno de los toreros más sinceros y decentes que existen. Siente el toreo como pocos. Se van a chupar los dedos como tenga suerte...

También se encontraba Eloy Cavazos entre quienes asistirían al festejo, y quien comentó a uno de los redactores del propio diario:

¿Qué le desea para mañana - hoy para el lector - a su paisano Manolo Martínez? – Él es mi amigo. Ojalá tenga la mejor de las suertes... yo soy más joven que él, y que ambos nos hacemos la guerra, pero solo en el ruedo. Yo también insisto que en la vida particular somos buenos amigos...

Por otra parte, se anunciaba que el festejo sería televisado y que por primera ocasión se transmitiría un festejo desde España para México. Que la transmisión a estas tierras se haría a través de una cadena de reciente creación, Televisión Independiente de México (TIM), que operaba en quince ciudades y que se esperaba una gran audiencia en México.

La confirmación de Manolo Martínez

Manolo Martínez, contra la costumbre, salió vestido a trascendental tarde en su carrera, vestido de negro y oro. Un vestido de estreno. En ello reparó don Antonio Abad Ojuel, encargado de la crónica en el semanario El Ruedo, quien en el número fechado el 26 de mayo siguiente, escribió:

Para la ceremonia viene el mejicano vestido con el traje de torear más fastuoso de, la actualidad: un terno negro y oro – dando a esta palabra el peso que tiene en los mercados de metales preciosos – a, que pone lujo y tronío en la tarde. ¡Qué contraste con esos pálidos trajes de primera comunión, o los más horrendos, de pastilla de café y leche que este San Isidro han puesto de moda los niños! Manolo Martínez – como El Viti con el temo grana y oro de hace unos días –, da una lección de cómo se viste un torero de torero.

- Pero temo negro, ¿por qué?

- Porque el alternativado viene a la plaza como novio. Y en España y Méjico, que son dos países importantes y con raza, los novios se visten de negro; que las nupcias con la mujer o con la muerte son cosa seria.

- Pues los más frecuentes son los trajes blancos...

- De blanco se visten las novias.

Cualquier día vamos a ver en los carteles de alternativa una nota que diga: «El diestro lucirá un ‘vestido de atoreá’ diseñado por Elio Berhanyer, en gros grain de seda beige con pasamanerías y caireles de tul ilusión». ¡Que ya está bien de cursilería, señores sastres!

¡Gracias Manolo Martínez, por haberte vestido como se visten en España y en el Méjico lindo y querido los hombres serios, los toreros buenos, los matadores de rumbo! …

Ese fue el impacto que nuestro paisano causó a uno de los cronistas más serios del momento, en cuanto a su manera de presentarse. Aunque a algo más de medio siglo de distancia, he de señalar que don Antonio fue profético en la parte final de su comentario...

Ante el primer toro de la tarde, llamado Santanero, marcado con el número 92, y anunciado con un peso de 518 kilos, su hacer fue visto así por el nombrado Gonzalo Carvajal de Pueblo:

Pero por algo Manolo Martínez es figura del toreo, aunque esta su tarde de confirmación no se resuma en un éxito claro, sino en un sí para la faena de «Santanero» y con un no para la muy breve que cuajó con «Panadero», quinto de la jornada, cariavacado, encastado, y que por su raza y por su falta de fuerzas llegó con viaje corto y áspero al tercio postrero... ¿El porqué del sí para Manolo Martínez? El mejicano se ganó la oreja, con la aquiescencia del «profundo 9», que dice mi compañero y amigo Raúl del Pozo, porque dio los pases precisos en su número y en su ejecución, y porque mató muy bien de media en lo alto, para ganar la oreja. ¿El porqué del no para Manolo Martínez? Porque debió hacer algo más que limitarse a probar a «Panadero», el del viaje de cercanías. para convencerse que no iba, machetear y volver a matar bien de media. Por lo que no hizo M.M. escuchó pitos. Por lo que si hizo cortó una oreja, con las protestas de esos espectadores que no admiten los triunfos más que en aquellos toreros que «vuelven del frío» ...

Es decir, lo que vio Carvajal fue que su actuación ante el toro de la confirmación fue justa para asegurar la oreja que le fue concedida y ante el quinto, dio la impresión de que le faltó esforzarse un poco más. Quizás pensaba ya el torero en la tarde siguiente.

La crónica de Abad Ojuel en El Ruedo, aparte de lo referido acerca del vestido del confirmante, refiere:

La faena fue torera y adornada con destellos originales. Muy buenos los pases para doblar y quebrantar al toro y los tres naturales primeros ligados al de pecho. Un poco más despegadillo en la serie con la derecha y vuelve al buen terreno en espléndidos naturales con remate de trincherilla y el de pecho. Redondos con un original giro a la inversa - no conozco el nombre del adorno en la lexicografía azteca -, pase alto con cambio, para uno garboso de pecho y refrendo final de media estocada de buena calidad. Dobla el toro en tablas y Manolo corta la oreja del toro de su alternativa. Hay para él una gran ovación cuando, con elegante parsimonia, la exhibe en la vuelta al ruedo... A «Panadero» no nos le dejó ver...

Hace mención don Antonio a un original giro a la inversa que es lo que Alameda en alguna crónica bautizara como el martinete. Esta relación, más reposada en su redacción, es un poco más elaborada que la común de los diarios, que tienen que cerrar sus contenidos el mismo día de la corrida.

Sigue el turno de don Antonio Díaz – Cañabate, de quien he señalado ya por aquí su escaso gusto por lo que llegó a ver venido de estas tierras. Pues Manolo Martínez no se escapó de su cáustica opinión:

El primero era muy bueno. Manuel Martínez lo toreó a placer. Es posible que él lo sintiera. Toreaba bien, correctamente; la gente aplaudía como aplaude ahora, con mecanismo, como si estuviera cumpliendo un deber. Una vez cumplido se quedan tan tranquilos. El toreo de Martínez no es que fuera frío, pero si que dejaba helado, por lo menos a mí. Es su faena, una más de las infinitas del montón de las faenas. Media estocada y la indispensable oreja, que es recibida con pitos... En el quinto Martínez no lo quiere ver, él sabrá por qué. Media estocada...

No se desdijo en esta ocasión tampoco a quien sus allegados llamaban El Cañas, pero en honor a la justicia, he de decir que en esta crónica también pone de corinto y oro a los otros dos alternantes del cartel. Mejor nos contó la mejor selección del anecdotario del gran Larita. Así que, por hoy, quedamos en paz.

Y concluyo con las apreciaciones de la prensa de la época, con lo que en su día expresó a sus oyentes de la Radio Intercontinental en su programa España Taurina, Gonzalo Ángel Luque del Pino, Curro Fetén:

Confirmaba la alternativa el mejicano Manolo Martínez, el cual se hizo ovacionar en su intervención con el percal y en una faena plena de arrogancia en la que hubo temple y mando indudable en series de pases sobre la diestra, en los que dejaba la impronta de su arte. Tenía el toro temperamento, pero el mejicano le aguantó y a fuerza de templarle y llevarle toreadísimo, le cuajó una excelente faena que, al ser rematada certeramente con media estocada, le valió la oreja del toro de su confirmación como matador. El quinto llegó con peor estilo a la muleta, rebrincado y con media acometida, sin pasar, por lo que tras breve muletear lo pasaporta de media estocada, no gustando el capítulo. En resumen, la presentación en Madrid como matador de toros de Manolo Martínez, le ha abierto un buen crédito que, sin duda, deberá refrendar en otras actuaciones...

Como se puede ver, hay opiniones para todos los pareceres. En lo que sí parece haber consenso, es en el hecho de que la tarde de Manolo Martínez, a pesar de la oreja cortada, dejó el regusto de que pudo haber conseguido algo más resonante.

Arrematando

En las mismas páginas de las crónicas de la época, se hablaba de que aquí en México vieron la corrida por televisión 15 millones de personas. Creo que la cuenta es muy alegre. La realidad es que la cadena de televisión (TIM) tenía una cobertura limitada, no nacional, lo que hace poco creíble la consecución de esa cifra.

Por otra parte, en lo personal, tengo la impresión, a pesar de lo que los biógrafos de Manolo Martínez puedan sostener, de que el torero apostó su resto para esa campaña europea a la corrida que le preparó don Luis Barroso Barona. Por eso no se preparó previamente en el campo allá antes de ir a confirmar, por lo que, cuando la corrida no llegó en condiciones de ser lidiada, se limitó a cumplir con los compromisos que ya tenía firmados allá y a planear su regreso a México para retomar su campaña en las plazas de aquí.

No creo que haya habido conspiraciones en su contra, ni cuestiones por el estilo, simplemente fue un mal cálculo que no permitió construir una temporada a partir de una sola carta. 

Todas estas reflexiones no implican que yo abjure de mi martinismo. Es el mejor torero mexicano que he visto con uso de razón. Pero lo que aquí escribo me impone el deber de conducirme con objetividad y es lo que aquí he intentado. Hasta la próxima semana.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 20 de abril de 2025

Abril de 1975: La primera Feria de San Marcos en la Plaza Monumental (II)

Domingo 20 de abril, primera corrida de feria en la Monumental

La apertura del ciclo de corridas de toros abrileñas en la Plaza Monumental se ofrecía con un cartel formado por un encierro del ingeniero Mariano Ramírez para ser lidiado por Jesús Solórzano, Mariano Ramos y Humberto Moro. El hijo de El Rey del Temple venía con la vitola de ser el primer gran triunfador de la nueva plaza, pues el 24 de noviembre anterior había cortado el primer rabo que se otorgaba en ese ruedo al toro Pinocho de la misma ganadería jalisciense que lidiaba en esta señalada fecha; por su parte, Mariano Ramos había sido, de manera arrolladora, el triunfador indiscutible de la feria de 1974 y al igual que Humberto Moro, era nuevo en esta plaza.

La ganadería del ingeniero Mariano Ramírez venía a tratar de recuperar aquel impresionante paso que demostró en el año de 1973, cuando lidió dos encierros, el segundo programado en corrida extraordinaria, mismos que en su conjunto fueron extraordinarios. Al año siguiente, tanto en la feria de abril, como en los festejos de inauguración de la nueva plaza, apenas un par de toros lograron salvar el honor de su divisa, así que el compromiso era importante también para el ganadero. 

Así, todos los elementos sumados, daban a la afición un cartel interesante en el papel y con la posibilidad de imprimir un rumbo triunfal al serial sanmarqueño desde el inicio.

La presentación de Humberto Moro

Humberto Moro, nacido en esta ciudad, es hijo del Humberto Moro nativo de Linares, Nuevo León, llamado El de la Izquierda de Oro, había recibido la alternativa en León, Guanajuato, apenas el 19 de enero anterior, de manos de Manolo Martínez y atestiguando Curro Rivera la cesión del toro Buena Suerte de San Miguel de Mimiahuápam. Esta corrida de apertura de feria le representaba su presentación en la Plaza Monumental, y por ello, en la edición del 20 de abril de 1975, el diario El Sol del Centro, don Jesús Gómez Medina publicó un artículo dedicado al hecho de su presentación y al primer festejo ferial, del que extraigo:

...en marzo de 1974, en Durango, toreaba su primer novillada y diez meses más tarde, el 19 de enero, en León, con veintiséis novilladas en su haber, el imberbe torero obtenía el doctorado en su profesión... Humberto alterna - alternar es un verbo muy taurino - la profesión de lidiador de reses bravas con la de estudiante de primero de Preparatoria en el Instituto Aguascalientes. Y con buen aprovechamiento, por cierto... ahora, está ya a punto de debutar como matador de toros en Aguascalientes... Y en la Feria de San Marcos, nada menos. En el primer festejo ferial, al lado de Chucho Solórzano, artista supremo, supremo definidor del toreo de calidad, y de Mariano Ramos, el arrollador torero capitalino, triunfador indiscutible de la recién concluida temporada en México... Y si a todo esto añadimos que el Ing. Mariano Ramírez es quien aporta la materia prima – ¡hay que ver la preciosidad del encierro enviado por el ingeniero! – tenemos la evidencia de que la feria iniciará por todo lo alto... ¡Suerte, Humberto! … ¡Suerte, Chucho y Mariano! … ¡Suerte Ing. Ramírez! … ¡Suerte, aficionados! …

La idea de don Jesús no iba mal encaminada, porque reitero, en el papel, la corrida de toros anunciada era redonda, pero hasta que no sale el toro al ruedo, es cuando se puede saber si el presagio que representa el cartel anunciador, se va a cumplir.

El encierro lidiado esa tarde

Al final de cuentas, el festejo no resultó triunfal como su anuncio lo prometía. De las relaciones que guarda la prensa de aquellos días, resulta que los toros no tuvieron las aptitudes para que se lograran con ellos grandes hazañas. Escribió Alejandro Hernández para el diario Heraldo de Aguascalientes:

“Los toros no tienen palabra de honor”, reza un refrán taurino, y como tal, y la corrida que tantas esperanzas había fincado, merced a los triunfos obtenidos en ferias pasadas, ahora ha fallado… El encierro del Ing. Mariano Ramírez resultó ser débil de fuerza, cayéndose casi todos los toros y llegando al tercio final con medias embestidas o muy agarrados al piso…

Por su parte, don Jesús Gómez Medina, en su crónica para El Sol del Centro, con un poco más de desarrollo, expresó:

Integraron un encierro de buena presencia y fino corte; todos de pelaje cárdeno, aunque con distintos matices. Y todos también, bravos para las caballerías y con magnífico estilo para los infantes. ¡Ah!; pero, cinco de ellos manifiestamente faltos de vigor, endebles en grado tal que, pese a su nobleza y bravura, su lidia resultó deslucida e inclusive tediosa...

Como se puede apreciar, la materia prima falló. Sin toro, no hay lidia posible y esto es lo que al parecer ocurrió esa tarde de hace medio siglo.

El hacer de los toreros

Ante el problema que implica el tener que desarrollar labor de enfermero ante toros inválidos o simplemente intentar cumplir por la manifiesta inutilidad de los astados que se enfrentan, los diestros quedan en desventaja, porque tienen que agradar a la concurrencia, sin mimbres para ello.

El toro que cumplió de toda la corrida resultó ser Andaluz, el primero de la tarde, al que, unánimemente, las crónicas consideran que no fue debidamente aprovechado. Escribió don Jesús Gómez Medina a ese propósito:

El mejor, el que amén de magnífico estilo poseyó más resistencia que el resto del encierro, fue “Andaluz”, el cárdeno lidiado en primer término, al que Solórzano aprovechó cumplidamente con el percal, toreándolo por verónicas plenas de solera, de clasicismo; si bien con la muleta, luego de un preámbulo brillante, prometedor, en el resto del trasteo, no logró Chucho mantener el ritmo, dejando la impresión de que “Andaluz” era merecedor de mejor suerte...

Por su parte, Alejandro Hernández, en el Heraldo de Aguascalientes, con más dureza, reflexionó lo siguiente:

El primer espada Jesús Solórzano tuvo una tarde mala merced a sus dudas y falta de afición, pues en primer término se enfrentó a “Andaluz”, un cardenito muy bonito y con algo de presencia, siendo este toro el que mejor llegó al tercio final y concretándose su matador a torearlo con desmedida precaución, "zumbándose" al toro que iba con la cabeza baja, muy lejos. Fue pitado…

A veces, a alguno le toca el toro de la corrida y no se entera o si lo hace, prefiere esperarse a la siguiente tarde.

Mariano Ramos y Humberto Moro cargaron con los toros que no anduvieron. Refiere don Jesús Gómez Medina:

…Mariano Ramos y Moro se excedieron en determinación y llegaron a terrenos vedados a los pusilánimes, intentando, con raquítico fruto, hacer pasar a sus menguados antagonistas... Con “Fundador”, el segundo de la jornada, plasmó Mariano Ramos su trance más lucido, fue al torearlo de capa, con quietud extraordinaria, ciñéndose, apretándose con el cárdeno y templando a la vez, en forma superior, tanto en las verónicas, como en otros pintureros lances con el capote a media altura... Pero de allí en fuera nada, o casi nada... Humberto Moro reafirmó que lo suyo es un caso de determinación... pues sin enemigos adecuados, puesto que sus dos adversarios terminaron sosos, embistiendo cuando Humberto los obligaba, paso a paso y con la cabeza encima de la muleta, logró, sin embargo, hacerse ovacionar con sus lances al natural en uno y otro turno, y en forma especialísima en tres estatuarias y ceñidas chicuelinas con el tercero...

La conclusión que pronuncia don Jesús Gómez Medina puede dar una idea bastante acercada a la realidad de lo ocurrido en esa, la primera corrida de feria que se dio en la historia de la Plaza Monumental:

En el espectáculo taurino todo es aleatorio, imprevisible... Cualquier resultado, en este que Enrique Vila llama “el negocio de los toros”, se deriva de la intervención de tantos y tan diversos factores que allí concurren: el toro, los toreros, también los empresarios. ¿Y cómo olvidar lo que en un momento cualquiera puede significar la actitud de los aficionados o la gestión de la autoridad? De aquí la conclusión: en toros, nada hay escrito; en un festejo taurino, todo puede ocurrir… Como aconteció... o dejó de ocurrir ayer, en la tan esperada primera corrida de feria… ¿Cómo esperar que, con tan selectos ingredientes, el platillo haya resultado insulso, frío, “esaborío”? … Y, sin embargo, así ocurrió… Ni siquiera la persistente intervención de la charanga, actuando casi siempre a destiempo – a destiempo porque lo que ocurría en la arena no justificaba su intervención – fue capaz de levantar el tono del festejo; de un festejo que se hundía en el piélago de la mediocridad y del tedio a la medida en que la bravura de los bureles naufragaba bajo el faro de su manifiesta debilidad... Y fue de esta manera que el primer festejo ferial, tan esperado y del que pendían tantas esperanzas, haya concluido tristemente, en un clima de hastío y desencanto, a mil años luz del que imperaba cuando dos horas antes, Su Majestad, Luz María I y sus gentiles princesas inundaron la plaza con su lozanía y belleza al hacer el primer “paseíllo” de la feria...

Un apunte importante que hace don Jesús, es la intervención indiscriminada de la Banda Municipal, dirigida en esas calendas por el maestro don Fernando Soto García, quien, por falta de regulación al respecto, “se arrancaba” a petición de los diestros actuantes y que es el antecedente mediato de lo que hoy ocurre todavía, previo permiso de la autoridad, en la misma plaza.

Así transcurrió la primera corrida de feria en la historia de la Plaza Monumental. Nos vemos el día de mañana.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Una fotografía con historia (IX)

Una tarde redonda, dos brindis y un Faraón por testigo…

Cagancho recibiendo el brindis de Litri
Madrid, 18 de mayo de 1966

La solidaria generosidad de Carlos Arruza siempre encontró resquicios para hacer el bien. En el año de 1966 logró reunir a varias figuras del toreo en el retiro, para organizar una especie de gira internacional y torear festivales benéficos con ellos, permitiendo, por una parte, que los productos de esas tardes de toros aliviaran en algo las vicisitudes de alguna obra que favoreciera a los que se encontraban en algún estado de necesidad y por la otra, que los nuevos aficionados pudieran apreciar la tauromaquia de diestros como Armillita, Cagancho, Lorenzo GarzaGitanillo de Triana, Silverio Pérez o él mismo. 

Así, se fueron a Lima, para torear en la Feria del Señor de los Milagros el Festival del Bicentenario, junto con Alejandro Montani, Luis Miguel Dominguín y el aficionado práctico Hugo Bustamante, dejando una honda huella en la afición de allá. Ese día el Maestro Fermín cortaría una oreja y Silverio Pérez se llevaría la tarde cortándole las orejas al novillo de La Viña que le tocó en suerte. Un momento emotivo se produjo cuando Cagancho fue a brindarle a Antonio Ordóñez su novillo, delante de Luis Miguel y de Ángel Luis Bienvenida, brindis que arrancó quizás la ovación más cerrada de la tarde.

De regreso en México, Armillita, Cagancho, Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Carlos Arruza se reunieron en la finca de don Carlos Trouyet para preparar el viaje a España y continuar con la preparación de los festivales benéficos. Así lo contó Joaquín Rodríguez al redactor de El Ruedo en su día:

Unos días antes de salir para España – cuenta Cagancho – nos reunió a cenar el señor Trouyet a Garza, Silverio, Arruza y a mí. Todos, con la enorme ilusión del viaje, animamos a Carlos a que se uniera a la expedición. Y se hubiera unido a nosotros con la misma alegría, pero tenía firmadas unas corridas y aplazó la travesía para los primeros días de junio. ¡Fíjate qué pena! …

Carlos Arruza fallecería a causa de un accidente de carretera el 20 de mayo de ese 1966 y todos los planes que había trazado se fueron por la borda, pero eso no impidió que Cagancho, Lorenzo Garza y Silverio Pérez acudieran a presenciar algunos festejos de la Feria de San Isidro de ese año, evento en el que se generaron los acontecimientos que dan pie a que meta hoy yo los míos.

El San Isidro de 1966

Escribe José Luis Suárez Guanes a propósito de este ciclo:

La mejor feria de la historia es la de 1966. Las dos siguientes le van a la zaga. Están encuadradas en una época (hablamos en general) en que existían veintiún matadores de toros en el grupo especial. En este periodo podíamos percibir los penúltimos destellos de arte de un Antonio Bienvenida... las presencias históricas de Julio Aparicio y el valor personalísimo de “Litri”, la clase fuera de serie de Antonio Ordóñez... Jaime Ostos; el buen lidiar... de Gregorio Sánchez; las diferentes maneras de hacer de Diego Puerta, Paco Camino y “El Viti”... el arte de un resurgido “Antoñete”...

Fue una feria en la que se dieron 16 corridas de toros, y en la que no se anunciaron novilladas. En ella se produjo la hoy todavía legendaria faena de Antoñete a Atrevido el llamado toro blanco de Osborne – el 15 de mayo, en la segunda de feria – y aparte, en la décimo tercera, confirmó el regiomontano Raúl García, de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés, con toros de Francisco Galache, representando la única presencia mexicana en el ciclo.

Eran los días en los que la Corrida de la Beneficencia se anunciaba después de que terminaba la feria, sabiéndose quién o quienes habían triunfado en ella, para ofrecer en esa fecha un cartel de auténticos triunfadores y no anunciar un festejo preconcebido, únicamente membretado como tal. La Beneficencia en Madrid era entonces, el principal acontecimiento taurino del calendario español. Hoy es solamente una fecha más a cumplir dentro de un pliego de condiciones y un abono.

La quinta corrida del San Isidro del 66

Para el miércoles 18 de mayo de 1966 se anunció un encierro del Marqués de Domecq y hermanos para Antonio Ordóñez, Andrés Vázquez y Gregorio Tébar El Inclusero quien confirmaría su alternativa. Ordóñez había sufrido una cornada en Málaga el 10 de abril anterior, calificada, según el medio que se leyera, de grave o muy grave. Los hechos al final llevarían a decantarse por la segunda interpretación del parte médico, porque para esa quinta corrida de San Isidro, Antonio Ordóñez presentó parte médico que señalaba que estaba imposibilitado para actuar. La sustitución la tomó Miguel Báez Litri, quien, con ella, sumaría una tercera actuación en el serial, pues originalmente estaba anunciado en dos carteles.

En ese festejo, en la zona de barreras del tendido dos, se ubicaban cuatro conspicuos espectadores: Joaquín Rodríguez Cagancho, natural de la calle del Evangelista, en Triana, Sevilla; Lorenzo Garza El Magnífico, de Monterrey, Nuevo León, México; Silverio Pérez, de Texcoco, México y Manolo Caracol, del Corral de los Frailes, en la Alameda de Hércules, Sevilla. Para esas alturas de la historia de la feria, la presencia de notables en los tendidos no era de llamar mucho la atención, por ese motivo, de inmediato, no se levantó mayor polvareda por la presencia de ese auténtico póker de ases por allí.

El brindis de Litri a Cagancho

Cagancho había actuado en Madrid por última ocasión los domingos 31 de mayo – festejo de apertura de la Feria del Campo – y 14 de junio de 1953. Tenía casi una década de no dejarse ver por allí. Ese par de tardes, cautivó a una renovada afición madrileña. Su actuación en el primero de festejos la resumió así Alfredo Marquerie para el semanario El Ruedo:

“Cagancho”, que habla hecho exhibición de espanto “calé” en su primero, se acordó de su fama y de su nombre en su segundo y volvió a ser Joaquín Rodríguez, y a darnos, entre explicaciones mímicas y desplantes personalísimos e inconfundibles – el recorte flamenco, el engaño elevado a su suprema condición de burla, la mano en la cadera –, el regusto de cómo se toreaba antes y de verdad, con ligazón y trabazón, con vista, temple y mando y, sobretodo, con sabor, aroma y solera... El sol en el ocaso tiene relumbres y destellos llenos de poesía, de gracia y de melancolía...

Litri era ahijado de alternativa de Cagancho, que lo doctoró a él y a Julio Aparicio el 12 de octubre de 1950 en Valencia y el gesto que tuvo en ese festejo isidril fue señalado. Así lo recoge la crónica publicada en El Ruedo fechado el 31 de mayo de ese 1966:

Fue Litri quien presentó al público de la Feria al gitano Cagancho. Litri descubrió en una contrabarrera del 2 a su padrino de alternativa y cruzó el ruedo para brindarle la muerte de un toro del marqués de Domecq. Joaquín, señalado por la montera del ahijado, se puso en pie, y la gente, al reconocerlo, le dedicó una cariñosa ovación… ¡Es Cagancho! ¡Es Cagancho! … «La talla de Montañés», sobre el pedestal de su fabulosa fama, se humanizó abriendo los brazos en forma de aspa, echándole mucho temple al toro afectivo que le golpeaba en el corazón. Desde aquel justo momento Cagancho fue la estrella civil de la Feria taurina más larga; estrellato que compartió con sus vecinos de localidad…

De la actuación de Miguel Báez, relata entre otras cosas Manuel Álvarez Díaz firmando como Manolo Castañeta, para el Diario Madrid, aparecido al día siguiente de la corrida:

La tarde de Litri no es sólo el “litrazo” con el cite largo y el aguante impasible. Esta tarde del Litri es el brote de unas flores de torería que, por la armonía de sus colores, por el aroma que exhalan y por su pureza y su belleza bien pueden ser calificadas de excepcionales... La plaza entera aclama y ovaciona al Litri en la espléndida floración de ese arte. Así, cuando su primera faena es coronada con media estocada, el gran torero de Huelva corta una oreja, con vuelta al ruedo y saludos. Y así, al rematar la otra - ¡qué extraordinaria faena! - con un pinchazo, estocada corta y tres descabellos, le otorgan el premio de otra oreja, con recorrido por el ruedo entre ovaciones...

Litri se sujetó al canon de su padrino de alternativa y a lo asumido dentro de su madurez taurina, toreando con reposo e imprimiendo calidad a lo que hacía delante de los toros. El reconocer y hacer evidente la presencia de Cagancho en el tendido de Las Ventas no se saldaba solamente con el brindis, había que justificarlo delante del toro. Y lo hizo.

Andrés Vázquez y Lorenzo Garza

El Ave de las Tempestades se había presentado por última ocasión en Las Ventas el 15 de julio de 1945 y en esa oportunidad le cortó las dos orejas al segundo toro de Alipio Pérez Tabernero que le tocó en suerte. De nuevo voy a recurrir al testimonio de Alfredo Marquerie, quien para el número de El Ruedo salido el 18 de julio siguiente escribió:

Garza tiene nombre y perfil de pájaro. Cuando se encorva se acentúa su parecido aquilino. Su espléndida lección «de cómo se puede dar el natural hasta el infinito», sonriendo y mirando al público con alegría, fue lo mejor de lo corrida. Y por eso tuvo que triplicar, con las orejas, el premio de botas de vino que le echaron los «morenos» …

Las ilustraciones de Antonio Casero en ese ejemplar del semanario madrileño nos presentan a un Garza pletórico y la crónica que Manuel Sánchez del Arco Giraldillo escribió para el ABC, refleja que ejecutó en repetidas ocasiones el pase del desprecio… Hoy en día es un adorno que sirve para rematar series bastante manido, pero no es por mucho, reciente, según podemos leer.

El quinto toro de la corrida fue el número 19, llamado Hablador y al final de la feria sería premiado como el mejor del ciclo. Ese toro, al que le cortó las dos orejas, lo brindó el Nono de Villalpando a Lorenzo Garza, y recurro otra vez al recuento de Manolo Castañeta, quien resumió así la triunfal tarde de Andrés Vázquez:

Hay que decir una vez más que, por esas cosas extrañas que se dan en la vida, en el bello estilo de este torero se mezclan y funden los acentos sinceros y nobles de su naturaleza castellana y los de una cierta gracia, un garboso donaire de la tierra sevillana. Con este singular injerto, con esta extraña amalgama – extendida ahora con la suerte de banderillas, que hoy no tomó en ninguno de sus toros –, Andrés Vázquez ha encontrado y logrado una fuerte e interesante personalidad...

A pesar de que los regiomontanos son tradicionalmente considerados como cicateros o rácanos cuando de los dineros se trata, Lorenzo Garza correspondió en el sitio al brindis, devolviendo la montera con un valioso reloj de oro dentro. Se relata en El Ruedo:

El reloj de Lorenzo Garza fue a parar a las manos de Andrés Vázquez, quien le había brindado un toro. Un bravo toro del marqués de Domecq. Quien triunfó con el mismo y le cortó las dos orejas. Andrés ha cruzado Madrid, en dos estancias, con el mismo resuello triunfal de esta su nueva etapa…

Y páginas más adelante, declaraba el autor del brindis, en entrevista posterior a la corrida:

Era un toro noble y suave, pero anduvo bastante suelto y pese a su excedente bondad para el torero murió buscando el refugio de las tablas... ¿Supone mucho este triunfo? ... Reconciliarme con Madrid, este público que me hizo torero... ¿Algo más? ... ¡Una gran satisfacción! Lorenzo Garza me tiró el reloj de oro que llevaba. Por cierto, que tiene una inscripción por detrás de mucho valor personal, y pienso devolvérselo porque debe significar mucho para él...

Revisé la prensa especializada de los días siguientes y no hay referencia de que Lorenzo Garza y Andrés Vázquez se hayan reunido, así que no hay noticia cierta de que el torero de Villalpando haya efectivamente devuelto a El Magnífico su apreciado reloj. Pero el gesto pintó de cuerpo entero al brindado.

Y ambos brindis, el que Litri hizo a su padrino de alternativa y el de Andrés Vázquez a Lorenzo Garza, reitero, tuvieron dos testigos de excepción, el Faraón Silverio Pérez y a Manolo Caracol. Una pena que el hecho haya sucedido la antevíspera del deceso de Carlos Arruza y que el suceso haya acaparado toda la información.

Agradecimiento: Expreso mi gratitud a doña Carmen Milla, de la Fundación Diario Madrid por haberme facilitado la crónica del festejo aparecida en ese periódico, misma que me ha servido para ilustrar estos comentarios.

Aldeanos