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domingo, 31 de mayo de 2026

31 de mayo de 1964: La hazaña de Porteño en Madrid

Antonio Sánchez Porteño, se presenta en la capital mexicana en el año de 1958, en el Toreo de Cuatro Caminos, logrando a actuar tres tardes en ese ciclo, lo que le permite volver allí para el siguiente calendario y presentarse seis tardes, mismo número que logra actuar en El Progreso en Guadalajara, logrando acartelarse en la novillada de la Oreja de Plata en ambos cosos.

Su presentación en la Plaza México ocurrió el 10 de julio de 1960, cuando enfrentó novillos de Peñuelas alternando con Pedro Gómez y Fernando de la Peña, cortándole una oreja al segundo de su lote. Sumó cinco tardes esa temporada. Desavenencias con el doctor Gaona redujeron sus actuaciones allí en 1961 apenas a una tarde, y a que no volviera por allí sino hasta 1963, cuando volvió a torear cinco novilladas, para sumar su total de veinte festejos menores en las plazas de la Ciudad de México.

En el cierre de 1963 y la apertura de 1964, fue cuando estuvieron en México Paco Camino y El Cordobés junto con otros diestros hispanos y fue justamente en esa época que diversos apoderados hispanos pudieron ver a los novilleros mexicanos más destacados y se interesaron por llevarlos a actuar en ruedos hispanos.

A Porteño lo apoderaría Rafael Torres, hijo de quien en su día apoderó a Luis Castro El Soldado, Antonio Velázquez o Jesús Córdoba y le hizo marchar a España en marzo de 1964, llevándolo a tomar un primer contacto con el ganado de allá en el campo de Salamanca:

En marzo cuando llegamos, la cola del invierno todavía se hacía sentir, tanto, que en la primera ganadería a la que fuimos al día siguiente, al manejar la muleta con el estaquillador y la espada, los dedos te dolían... En esta dehesa nos soltaron tres becerras, una para cada torero...

Así cuenta el torero su primera experiencia en el campo bravo español casi al bajarse del avión. 

Posteriormente ya se alojaría en Madrid y haría sus entrenamientos en la Casa de Campo, en el sitio en el que normalmente entrenan los toreros.

Para la estadística, su presentación en los ruedos de allá ocurrió el 7 de mayo de ese año, en Guadalajara, alternando con José María González Copano y Eduardo Ordóñez en la lidia de novillos de Hidalgo Rincón. Tres semanas después, el día 28, se presentaría en San Sebastián y todo quedaría dispuesto para lo que me tiene este día con ustedes, su presentación en Madrid.

El cierre de la Feria de San Isidro del 64

El decimosexto y último festejo de la Feria de San Isidro de 1964 fue una novillada. El cartel se compuso con novillos del Marqués de Albayda para José Luis Barrero, Antonio Sánchez Fuentes y el debutante mexicano Antonio Sánchez Porteño. Barrero y Sánchez Fuentes eran dos toreros que eran del gusto de la afición madrileña y Porteño, representaba una incógnita, aunque las relaciones de su reciente actuación en El Chofre avalaran su inclusión un cartel tan importante como este.

Para la ocasión, Porteño cuenta que se mandó hacer un vestido nuevo, azul celeste y oro:

El maestro Fermín me tomó las medidas, me sentí muy importante. ¿De qué color torero? Azul celeste... Avíos (siempre toree con garritas) … A ver, tres capotes, tres muletas... Como me dijeron, vas a Madrid, a la feria más importante, y ahí hay que ir con mucha categoría. Como un príncipe...

El 31 de mayo del 64 amaneció lluvioso y se calculaba que el festejo de ese día podría suspenderse. Pero estaba escrito que las cosas sucedieran de otra forma.

Llegar... y besar el santo

Al final de cuentas dejó de llover y el festejo se pudo celebrar. Aparte del clima, es necesaria la presencia del toro en el ruedo para que las cosas rueden en la dirección correcta. Antonio Díaz - Cañabate, en su crónica del ABC madrileño, hace notar lo siguiente:

La novillada del señor marqués de Albayda fue magnífica; Fue soberbia. Fue ejemplar. Sobre todo esto, ejemplar. Demostró lo que vengo sosteniendo con reiteración, que la fiesta es de toros y que los ganaderos, en su afán de complacer a los toreros, la han convertido en la fiesta de los borregos. El señor marqués de Albayda, por lo menos en esta novillada, ha sabido conservar la casta, la fiereza de los toros. Y a la vista está su resultado. Dos vueltas al ruedo a dos toros, primero y quinto. Cuatro orejas e innúmeras ovaciones a los toreros. Vuelta al ruedo del mayoral acompañado de los espadas. Es decir, la apoteosis de la casta. El triunfo rotundo de los toros sobre los borregos. Los seis novillos salieron embistiendo a todo lo qué se les ponía por delante. Y embistieron hasta su último momento...

El elemento fundamental para el éxito de cualquier festejo taurino estuvo en el ruedo, el toro, bravo y con poder. Creo que poco más puede ser dicho.

Porteño por su parte, le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, primero de su lote. Escribe Juan León para el diario Arriba:

Fue una revelación. Hacía tiempo que, ante la presentación de un mejicano, el público se quedaba con las ganas de aplaudirle, y el domingo se sacó la espina, porque Porteño, con su toreo variado, alegre y vistoso, con su valor y su arte le dio sobrados pretextos. No acusó en momento alguno esos nervios propios de las presentaciones en la plaza de las Ventas, que era presentarse a España entera, sino aplomo, seguridad y confianza en sus recursos, máxime cuando se supone que, en su tierra no se habría encontrado ante enemigos de tanto genio y tal alegre casta que a tantos descomponen y sorprenden. La prueba era comprometida y él la rebasó holgadamente. A los pases y lances fundamentales del toreo añadió un repertorio deslumbrante de adornos de la mejor ley, que entusiasmaron a la concurrencia...

Por su parte, Gonzalo Carvajal, cronista del diario Pueblo, refiere:

Fue en su primera faena - bella y completa como la tierra que vio nacer a Porteño - donde Antonio Sánchez - ¡buen nombre de torero tienes, muchacho! - manifestó su categoría de novillero puntero de la aztecanía. Dos orejas se ha llevado el mejicano. Dos orejas de ley de 24 quilates, porque la muleta de Porteño, movida siempre muy lenta y muy baja, barrió el empapado albero en naturales y redondos - seis de aquellos reunieron toda clase de perfecciones -, después de que los trincherazos y pases de la firma habían llenado de sentimiento estético los inicios del trasteo. Porteño, genial en varios momentos de su actuación, se volcó en el instante supremo y cobró la estocada que puso en sus morenas manos las dos orejas de «Ganador», un novillo bueno que el torerismo lleno de arte de Antonio Sánchez hizo lucir en más...

En la Hoja del Lunes de Madrid, la opinión de José María del Rey Selipe es en el siguiente sentido:

Porteño es garboso y posee la intuición del toreo y una elogiable variedad, que el público, influido por ella, acusó con sus manifestaciones entusiastas; el mejicano, que con el capote lució en algún quite de visualidad, desarrolló en el tercero, suelto para los caballos y suave para la gente de a pie, tandas de redondos un tanto forzada la figura, pases con la zurda bien enlazados, molinetes y quiquiriquíes y en corto y con lentitud acertó a clavar una estocada de fulminante efecto. El sexto fue el novillo menos cómodo del conjunto; terminó topón y algo quedado. El de Méjico decayó relativamente y por falta de acometida del enemigo y de decisión no consiguió despenarlo hasta consumar ocho entradas y descabellar al cuarto golpe…

Aunque Porteño cortó las dos orejas, también José Luis Barrero se llevó una del que abrió plaza y que lo mandó a la enfermería y Antonio Sánchez Fuentes otra del quinto. Al final se llevaron en hombros a Sánchez Fuentes y a Porteño.

Gonzalo Carvajal hacía esta reflexión en el introito de su crónica:

Lo más importante de la presente edición isidril, en mi sentir y sin menguar la talla de lo hecho por los matadores de toros, se acunó en esas salidas por la puerta grande de Manuel Cano (El Pireo), en el segundo festejo isidreño, y de Porteño y Sánchez Fuentes, en este epilogo de San Isidro, que la lluvia estuvo en un tris de destruir…

Ese fue el tamaño del impacto del triunfo del torero de Acapulco.

El impacto de una tarde triunfal

Antonio Sánchez Porteño volvería a Las Ventas otras cuatro tardes ese año del 64, los días 7 y 13 de junio, el 26 de julio y el 18 de octubre. Lo anterior me sugiere que logró entrar en el gusto de la afición de Madrid y que se le veía con gusto por esa plaza, y que sumadas a las ya relatadas de Guadalajara y San Sebastián y a otra que toreó en Ceret, totalizan las ocho que sumó ese calendario en Europa.

Regresó a México para recibir la alternativa en su tierra, Acapulco, el 17 de enero de 1965, de manos de Victoriano Valencia, en festejo en el que actuaron mano a mano en la lidia de toros de Tequisquiapan.

El vestido celeste y oro que visitó la tarde de su triunfo en Madrid, Porteño lo donó al Museo Taurino de Huamantla en diciembre de 2013.

domingo, 17 de mayo de 2026

18 de mayo de 1971: Curro Rivera confirma su alternativa en Madrid

Cuando Curro Rivera llega a hacer su primera campaña española en 1971, tenía ya toreadas aquí en México 123 corridas y arranca del otro lado del mar el 18 de marzo en Valencia, para seguir después en plazas como Castellón, Murcia, Barcelona, Sevilla, Fuengirola y Palma de Mallorca. 

Para el 18 de mayo de hace 55 años, exactamente dos meses después de su presentación en ruedos hispanos, confirmaría su alternativa en Madrid, en una corrida que tenía un atractivo especial, porque marcaba la vuelta a los ruedos de Antonio Bienvenida, quien se había despedido allí en Las Ventas el 16 de octubre de 1966, matando seis toros en solitario.

El cartel de la confirmación de Curro Rivera llevaba además como testigo al torero de Villalpando Andrés Vázquez, y la terna enfrentaría un encierro de don Samuel Flores. Cabe señalar a este respecto, que el reclamo de la primera plana de los principales diarios madrileños, se centraba en el retorno a los ruedos de Antonio Bienvenida.

La quinta corrida del San Isidro de 1971

En el sumario de la tarde, Julio de Urrutia, cronista del diario Madrid, refiere lo siguiente:

Antonio Bienvenida, de verde y oro (petición con vuelta y palmas); Andrés Vázquez, de azul y oro (dos orejas, vuelta y salida a hombros), y Curro Rivera, mexicano, de verde y oro (oreja y ovación), que confirmaba la alternativa. Tarde húmeda y desapacible, con aguaceros casi continuos de comienzo a fin de la función. Dos tercios de plaza. E| mal estado del ruedo, pese a la ya habitual cobertura de plástico, y la consulta de la autoridad con los diestros actuantes para decidir o no la suspensión del festejo hicieron que éste comenzase a las seis y cuarto de la tarde...

En una relación diversa, la de José Antonio Medrano para el diario Arriba se cuenta que la entrada era la más mala de lo que iba del ciclo, siendo la única explicación de ello el pésimo tiempo entre el que se dio la corrida, agregando:

...no tendremos más remedio que descalificar al público madrileño, del que el reaparecido Antonio Bienvenida fue un ídolo y, casi una debilidad; Andrés Vázquez es como una recreación propia al que el «nuevo en esta plaza», el mejicano Curro Rivera, debió merecerle un interés máximo...

Y sin embargo, la afición prefirió resguardarse de la lluvia y verlos en mejor ocasión.

La confirmación de Curro Rivera

Como es preceptivo, el primer toro de la tarde sería cedido a quien ratificaría su alternativa en Madrid esa lluviosa tarde. El sorteo le deparó al toricantano al toro llamado Beluco, número 75, negro zaino y al que se le anunció un peso de 528 kilogramos. La tarde de Curro fue importante y pudo ser redonda, de no haber fallado con los aceros en su segundo. Escribe Gonzalo Carvajal en su crónica para el diario Pueblo de Madrid:

Del Currito de Méjico que vi en Sevilla – aquella tarde cortó tres orejas –, y que volví a ver en Barcelona – dos orejas –, al que contemplo confirmar su alternativa con «Beluco», negro zaino, con el número 75 en el costillar, y 528 kilos de peso, media un ancho camino de progresos en el acoplamiento de tan tierno diestro azteca al toro español. Señal de crecimiento en méritos de un torero que apoyado en su indudable valor, en sus no menos indudables ansias de estar entre los primeros, y en bien conocer la profesión, saldrá – de seguir así – de la presente temporada hispana con clara proyección de mando dentro de la torería mejicana... Debo consignar que «Beluco» - de poca fuerza, como toda la corrida, y abanto de salida, también como casi toda la corrida –, y «Cartujero», el más encastado y pastueño de los seis Samueles, vinieron a integrar ese lote con que todo torero sueña para consagrarse en Madrid... Currito Rivera no hizo una sola cosa mal hecha – salvo pinchar seis veces a «Cartujero» –, y es que a toros tan bondadosos, sabiendo y queriendo torear, resulta muy difícil hacérselas. Con la verónica, más rabiosa que perfecta; con la variedad de los quites por delantales, chicuelinas y navarras – o chicuelinas antiguas, que así llaman en Méjico a tal lance –; con el buen acuerdo de no coger banderillas – suerte en la que Curro me parece muy vulgar – y con el sentido claro de que torear de muleta a este tipo de toros de «durse» es como un juego de salón, en el cual el engaño movido, arrastrándose por la arena, debe llevar las embestidas al confín de las arrancadas, Rivera se ganó una oreja de su primer toro – la gente pidió con fuerza la segunda; los de la andanada del ocho, tan felices, con razón, por tarde tan rimada con sus gustos y exigencias, aplaudieron la negativa presidencial –, y le pidió las dos al sexto, porque hasta el séptimo envite no agarró la estocada mortal. De sus faenas muleteras – estimadas por mi como de buen ver, aunque me parezca violento y corto su derechazo – poseyeron carácter de excelentes, y más en un torero cuyos cimientos son el valor y el oficio hecho a conciencia, cuantiosos pases naturales, y aquella serie de trincherazos y firmazos que Curro utilizó para sacar a «Cartujero» hasta los medios y sin olvidarse de los pectorales con ambas manos, baza crucial en la tauromaquia del azteca. Buena suerte de Curro en el sorteo. Suerte bien aprovechada, aunque los aceros, en el sexto, descompusieran el «corrido» de la apoteosis que Rivera el Joven estuvo tan cerca de cantar...

La relación de Carvajal es prolija y enlaza bien los sucesos de su triunfo en la reciente Feria de Abril de Sevilla, con esta buena tarde de su confirmación madrileña-

El ya invocado Julio de Urrutia, en el diario Madrid, refiere:

El cariz del cielo y la lluvia intermitente que hizo su aparición en cuanto salió el primer toro no arrugaban el entrecejo de los aficionados. El Samuel, gordo y con buena lámina, fue saludado por el nuevo doctor en tauromaquia con unos preciosos lances a la verónica, sujetando con la rodilla al bicho los primeros para que no saliera huido. Dos puyas y otros tantos quites – uno muy lucido por tapatías del mejicano – dieron lugar al tercio de banderillas, en el que ese buen peón de brega que se llama Solanito clavó dos grandes pares. Y apenas sin sucesión de continuidad apareció en seguida con la muleta en la diestra Curro Rivera para componer una faena justa, aseada, de pases limpios y en la línea del arte, aunque algunos de ellos forzando la figura. Además de artísticos, los muletazos por la derecha y la izquierda del hijo de Fermín tuvieron clase. Y como, por añadidura, no se limitaron a los fundamentales del toreo natural ni a los monótonos redondos en cadena, la faena del azteca resultó variadísima y a gusto del respetable. A toro por completo parado, Curro cobró una gran estocada que le valió la oreja de su enemigo... En realidad, la función de ayer se ciñó a media corrida tan sólo, aunque esa media fuese de tono mayor y de alta tensión artística por lo que vimos en los tres toros primeros. Si acaso, la propina consistió en la lidia que Rivera dio al sexto toro, muy semejante a la del primero, por lo que hubiera cortado otro apéndice. auricular si llega a acertar con el acero. Pinchó siete veces y ©1 éxito repetido se le fue, por tanto, con los múltiples viajes de la espada. Ello no obsta para afirmar que nos encontramos ante un torerillo muy puesto y que cuantos se precian de aficionados deben seguir de cerca a este mozo moreno, hijo de torero mexicano y sobrino de toreros españoles...

Urrutia hace notar que la lluvia fue deteriorando las condiciones del ruedo y que en realidad, los sucesos de los tres primeros toros fueron los que le dieron vida a la tarde, pero también reconoce las indudables virtudes que mostró Curro Rivera y adelanta el porvenir que le esperaba por aquellas tierras.

Por supuesto, no podría faltar la mención a don Antonio Díaz – Cañabate, en su tribuna del ABC madrileño, quien, como los vinos añejos, refinaba su falta de gusto por los toreros que les llegaban de este lado del mar. De la actuación del confirmante, refirió:

Curro Rivera se benefició en el toro de la alternativa de la lluvia de orejas. Se mojó con una. Curro Rivera es un torero fácil, tal vez excesivamente, porque su facilidad degenera en frialdad. Le falta también la naturalidad, porque fuerza la figura, dobla demasiado la cintura, pero torea con pases largos y algunos le resultan muy bien. En Sevilla le vi matar un toro de manera admirable. No ha vuelto a repetir tal hazaña; al contrario, en las otras corridas que le he visto, su manera de matar es deficiente, como lo demostró en el primero con una estocada en el rincón y más ostensiblemente en el sexto, al entrar siete veces...

Bien se dice que nada nuevo hay bajo el sol. La tarde terminó para él con la actuación de Antonio Bienvenida, pero su opinión es de peso para algunos. Ya veremos que le dedica más espacio a lo que a él le parece importante.

El resto de la corrida

El triunfador de la tarde fue el zamorano Andrés Vázquez, quien le cortó las dos orejas a Tragapisto el tercero de la corrida. Escribió Gonzalo Carvajal:

Como me gustó la tarde de Andrés Vázquez, arropado por los gritos de «¡Torero, torero, torero!» al regresar al burladero de matadores tras haber sabido ser el templario de Villalpando y al despedirse Andrés de la «laguna» de Las Ventas, saliendo por la puerta grande...

Por su parte, Antonio Bienvenida fue cariñosamente arropado por la afición de su Madrid. Así lo vio Díaz – Cañabate

Alterna la izquierda con la derecha incansablemente. A Bienvenida las dos manos le sirven para torear con ayudados por bajo y por alto. La gente estaba extrañada. ¿Qué es eso?, se preguntaban algunos. ¡Oye, pues es bonito! Por mi parte estaba pasando, ¡la de años que no veía ligar unos ayudados por bajo y otros por alto! Era como un papirotazo a la monotonía. ¡Qué baldón para los toreros jóvenes, que en los linderos del medio siglo, sea Antonio Bienvenida el que aporte algo diferente a la rutina conquistadora de orejas! Por fortuna la faena diferente de Antonio Bienvenida finaliza asimismo de manera distinta. No hubo oreja, sólo vuelta al ruedo, porque Antonio descabella cuatro veces y esto no lo toleran los rutinarios...

Un San Isidro con signatura mexicana

El 15 de mayo Antonio Lomelín había abierto la Puerta de Madrid con los urcolas de Alonso Moreno, la tarde que apadrinó la confirmación de Curro Vázquez. El 20 de mayo, Eloy Cavazos confirmaría su alternativa y abriría él también esa codiciada puerta. El día 22 siguiente, se lidiaría por primera vez en la historia de la plaza madrileña un encierro mexicano, de Mimiahuápam, y Antonio Lomelín le cortaría la oreja al segundo, Cariñoso y el cuarto Amistoso, sería homenajeado con la vuelta al ruedo de sus despojos. Dentro de la misma feria, el 25 de mayo, Curro Rivera reclamaría otra vez la atención, al cortar una oreja a los toros del Duque de Pinohermoso que le tocaron en el sorteo.

La presencia de México culminaría en la Corrida de la Beneficencia, celebrada el jueves 3 de junio de ese 1971, anunciándose un cartel idéntico al de la corrida de la confirmación de Curro Rivera, pero, al haber sido herido Andrés Vázquez en la corrida isidril del 30 de mayo, terminó dándose un mano a mano entre padrino y ahijado con los toros de Felipe Bartolomé, mismo que representó la salida en hombros para el hijo de Fermín el de San Luis, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales.

domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

domingo, 12 de abril de 2026

Curro Vázquez: ¿el cierre de un círculo?

ABC, Madrid 11/10/1969
El pasado miércoles se anunció el otorgamiento, en Santander tras la convocatoria realizada por el Senado del Reino de España, la Fundación del Toro de Lidia, y las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León, y Castilla - La Mancha y la ciudad autónoma de Melilla, del Premio Nacional de Tauromaquia al matador de toros linarense Curro Vázquez.

Refiere el acta del jurado que calificó la concesión del galardón, entre otras cuestiones, lo siguiente:

...la figura de Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones...

Sin duda, su paso de ya cerca de seis décadas por el llamado planeta de los toros, le ha permitido hacerse un sitio y transmitir tanto en el ruedo como fuera de él, los valores artísticos y éticos que envuelve esta fiesta que es particular y tradicional de los pueblos hispanos.

12 de octubre de 1969

Para el entonces llamado Día de la Raza, se programó en la muy madrileña plaza de Vista Alegre de Carabanchel, una corrida de toros a beneficio de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, que en esos días presidía la marquesa de Villaverde. El camino para llegar al anuncio del cartel definitivo fue tortuoso, según cuenta quien firmó como X.X en la crónica aparecida en el diario madrileño Arriba del 14 de octubre de ese 1969:

Mil vicisitudes pasó la corrida de la Lucha contra el Cáncer. El cartel inicial lo formaban Paco Camino y Diego Puerta, con deseos del de Camas de lidiar miuras, que, por lo visto, no fueron encontrados con la debida presentación zootécnica. Después, el percance que sufrió Paco Camino hizo que la organización fuera abajo y se comenzara de nuevo. Esta vez aparecía Curro Romero, que daría la alternativa a Curro Vázquez, con José Fuentes como testigo y toros de Patricio Cunhal...

Es importante hacer notar que todavía en los diarios del día de la corrida se anunciaba el cartel completo del festejo, que a la postre, se vería modificado, porque la corrida portuguesa de Cunhal sería rechazada en el reconocimiento, otra de Tassara tampoco pasaría ese fielato y al final de cuentas se aprobarían cinco toros salmantinos de Barcial y uno de Manuel Francisco Garzón. Ante tal situación, Curro Romero decidió caerse de la combinación, presentando un parte médico. Declaró lo siguiente a Manuel F. Moles, del diario Pueblo, salido al día siguiente de la corrida:

Yo me ofrecí para torear esa corrida completamente gratis; pero el ganado que me dijeron que se iba a lidiar no era el de Cobaleda. Cuando vi los toros me di cuenta de que no iban a embestir y mucho menos servirían para mi estilo de toreo. Si hubieran puesto tres de Cobaleda y tres de Cunhal o de Tassara, si me habría vestido de luces. Yo estoy retirado y me hace mucha ilusión reaparecer en Madrid, pero lo que no admito es un ganado sin garantías...

Curro Romero había terminado abruptamente su campaña en el mes de junio, después de haber sufrido una serie de traspiés en Sevilla, Ronda, Toledo y señaladamente en Palma de Mallorca, donde en solitario, dejó ir en solitario una buena corrida de Salvador Guardiola. Posteriormente anunció su retirada de los ruedos.

En esas condiciones y aprobados los toros de Arturo CobaledaBarcial – y Garzón, los organizadores decidieron dar el festejo en el que Curro Vázquez recibiría la alternativa de manos de su paisano José Fuentes, ambos apoderados por el inefable Rafael Sánchez El Pipo.

A las 5 de la tarde de ese 12 de octubre de hace 57 años, se abrió la puerta de cuadrillas para dar paso al toricantano Curro Vázquez, vestido de blanco y plata y a su padrino José Fuentes, quien llevaba un vestido obispo y oro. Salió esa tarde como sobresaliente el novillero gaditano Rafael Ruiz Paquiqui.

El primer toro de la tarde y que sería el de la ceremonia se llamó Batanero y así lo describió Juan Antonio Pérez Mateos, en su crónica para el diario ABC de Madrid:

Cuando salió el primero, un castaño salpicado, de bonita lámina, con el pelo rizado del morrillo y el testuz, la gente hizo un gesto de admiración: el toro tenía una bella estampa...

A veces, la envoltura no revela la realidad del contenido. Batanero fue un toro que tuvo muchas complicaciones. Cuenta Julio de Urrutia en su crónica para el diario Madrid, salido al día siguiente de la corrida:

El Cobaleda que rompió plaza acusó desde un principio su mansedumbre congénita. Para nada valió que Vázquez, con muy buenas maneras, tratara de encelarlo en su mágico capote con unos lances pintureros y preciosistas. Nada. El burel, obligado por ese mismo capote, entró seis veces a las cabalgaduras de los dos picadores de turno, saliendo suelto y rebrincando de la suerte. El presidente sacó rápido el pañuelo encamado para condenar al manso a banderillas negras...

Curro Vázquez había toreado 50 novilladas en ese año del 69, fue el segundo en el escalafón y si hemos de considerar la tarde de la alternativa como el examen de grado para obtener la dignidad de matador de toros, el tema que le tocó resolver, fue de los más difíciles. Sigue contando Pérez Mateos:

Llega el instante de la alternativa. Curro Vázquez, vestido de blanco y plata, recibe de manos de Fuentes los trastos de matar. Curro comienza muy bien la faena con cuatro doblones. ¡Esperanza de un torero nuevo! Se va a los medios y torea por derechazos. El toro le avisa por el lado derecho, el toro le avisa por el lado derecho. Curro insiste por ese pitón, y al iniciar el derechazo, resulta aparatosamente cogido. El “barcial” lo zarandea espectacularmente. El toro lo hiere, y las asistencias se llevan al nuevo doctor en tauromaquia a la enfermería...

Por su parte, Manuel F. Molés, en su crónica para el diario Pueblo, refiere:

Curro Vázquez dijo su «aquí estoy yo» con unos muletazos de castigo dados por bajo que acabaron en adornos casi en el centro de la plaza, de una plaza que se hundía de aplausos y se rendía admirada. Los «curristas» de Madrid – que son muchos, pese a que no se acabó de llenar el coso –, los aficionados exigentes, los que gustan de jugar el papel de jueces, los que todo lo miran con lupa, se frotaban las manos. ¡Aquí hay torero! Curro Vázquez respondía más allá de lo previsto. Estaba rojo de coraje y se echó la muleta a la diestra. Diez muletazos. Cuatro avisos de cornada… Curro iba para arriba, ganando laureles, hasta que el toro le cogió con saña, le zarandeó, le tiró al suelo, le busco de nuevo y partió su traje blanco y plata para mancharlo de rojo. la cornada era evidente. La plaza, puesta en pie, despedía con una gran ovación a Curro Vázquez. Adiós justo. Curro tuvo agallas para no volver la cara al riesgo y lo aceptó como bueno. Alternativa y cornada…

Por su parte, Julio de Urrutia en su crónica del diario Madrid, relata:

Cierto que el sevillano, a quien Fuentes acababa de ceder los trastos de la ceremonia, se dobló muy bien con el manso de "Barcial". Cierto que instrumentó seguidamente unos pases en redondo, varios por alto y cuatro naturales de verdadero mérito. Pero como él chaval, a fuerza de valentía, no se diera por aludido tras dos avisos que le envió el cornúpeta en otras tantas peligrosas tarascadas, la cogida llegó como infaliblemente tenía que llegar mediante una cornada grave, según el parte facultativo. Con la caída de Vázquez sobre la arena viniéronse abajo también las ilusiones de los aficionados…

Las versiones coinciden en lo esencial, Curro Vázquez no se arredró ante la manifiesta mansedumbre del toro de su alternativa y puso por delante todos sus recursos para intentar instrumentarle una faena, pero la condición del toro terminó por imponerse, hiriendo a su lidiador.

El parte facultativo rendido por el doctor Gómez Lumbreras, responsable de la enfermería de la Chata de Carabanchel, fue el siguiente:

El matador Curro Vázquez presenta una herida por asta de toro en la región perineal derecha, penetrante en la fosa isquio – rectal, que, despegando el recto en una extensión de veinte centímetros, rompe el músculo elevador del ano y fibras del esfínter anal. “Shock” traumático. Grave. Firmado, doctor Gómez Lumbreras.

Por las lesiones causadas, la cornada requirió un tiempo extenso para su recuperación. La temporada ya estaba para su cierre y eso permitiría al torero tener el reposo necesario para restañar sus heridas y preparar su primera campaña como matador de toros.

12 de octubre de 2025

Exactamente 56 años pasaron después de la tarde de la alternativa de Curro Vázquez, cuando en la plaza de Las Ventas se ofreció, dentro del marco de la Feria de Otoño, un festival taurino en recuerdo de Antoñete. En ese festejo, Curro Vázquez y César Rincón fueron, sin lugar a dudas, los toreros que dejaron en claro por qué tienen un sitio en la historia y mostraron, a quienes no tuvieron la fortuna de verlos en su día en los ruedos, lo que es el toreo que se ha dado en llamar “eterno”.

La tarde de Curro Vázquez fue redonda, y a pesar de sus primeros temores de no estar en las condiciones físicas adecuadas para enfrentar un compromiso de esa naturaleza, demostró que todavía estaba en posibilidad de impartir, lo que quizás era su última lección magistral. Escribió Vicente Zabala de la Serna en su crónica para el diario madrileño El Mundo:

Curro Vázquez abrió, de pronto, el túnel del tiempo. De sus 74 años cayó la solera macerada, el toreo de muñecas, con el novillo de Garcigrande – como todos menos el de Morante de la Puebla – dando su guerrita por dentro a derechas y prestándose al temple por su izquierda, a la belleza del toreo a dos manos, a esa trinchera catedralicia, al sabor de la firma de aquel pase memorable. Qué cosas más hermosas. Aquel natural de dormido pulso, este cambio de mano como escultura y aquella media verónica portentosa que ya quedaba lejos. Bramaba la gente con el ole ronco que sale de dentro. Como le salía a Curro -que tan bien leyó las banderas y los terrenos- las maravillas que fue sumando, como un collar de perlas, hasta hacer un todo para recordar. Le metió el brazo con habilidad y la plaza fue un clamor. Las dos orejas dibujaron una sonrisa en la fina tez del maestro…

Como en sus mejores días, Curro Vázquez fue sacado en volandas por la Puerta de Madrid. Los aficionados de su día y los nuevos, que solamente le conocían por los relatos de su tauromaquia se hacen, revivieron unos y conocieron otros, los motivos por los cuales, se le ha tratado inmemorialmente como una de las grandes figuras del toreo de los tiempos recientes y por qué se recurre a él, para preparar a quienes se considera que pueden aspirar a esa categoría.

Todo parece apuntar, tras de la gran tarde del festival otoñal y de la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, que el paso activo por los ruedos de Curro Vázquez ya ha concluido. No se ha pronunciado expresamente en ese sentido, pero las circunstancias así lo permiten suponer.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Rafael de Paula y Corchero de Martínez Benavides

Rafael de Paula y Corchero
Marisa Florez - El País
Rafael de Paula se había presentado en Madrid el 28 de mayo de 1974, para tardíamente confirmar su alternativa. En esa tarde logró dejar a la afición venteña un esbozo de lo que era capaz de hacer ante los toros en un quite ante el tercero de la tarde. Fueron tres lances a la verónica, pero suficientes para dejar en claro por qué en la Andalucía profunda, se tenía una especial veneración por este torero.

Unos meses después, cuando Antonio Bienvenida decidió despedirse de los toros en la feria de San Francisco que se organizó en la Chata de Vista Alegre, Madrid pudo verle en plenitud, cuando se encontró con Barbudo de Fermín Bohórquez. Allí dejó en claro que Rafael de Paula no era solamente un mito, sino que era un torero que había que tener en cuenta y al que había que dar espacio más allá de los confines de su tierra.

Después de esa sonada tarde, volvería a Las Ventas, pero sin suerte. El público de Madrid se quedaría esperando casi tres lustros para verle de nuevo pleno, volcado en su arte delante de un toro y poniendo los tendidos de cabeza. Pero el día llegaría, y fue una tarde de otoño, y de una manera inesperada.

La Feria de Otoño de 1987

Una de las ofertas que hiciera Manolo Chopera en su plica al concursar por el manejo de la plaza de Las Ventas, fue la de dar una nueva estructura e importancia a la Feria de Otoño, que es la que viene a marcar prácticamente el cierre de la temporada madrileña. Para el calendario de 1987, se compondría de cuatro festejos, una novillada, a celebrarse el 25 de septiembre, un mano a mano entre Miguel Báez Litri y Rafael Camino ante novillos de Felipe Bartolomé, festejo en el que se despedirían de la novillería, puesto que al día siguiente recibirían la alternativa en el coliseo de Nimes; y, tres corridas de toros, los días 26, 27 y 28 de septiembre, esta última, anunciada con toros de don Joaquín Buendía para José Mari Manzanares, Julio Robles y José Ortega Cano

Habrá que señalar que a los cuatro festejos asistió, presenciándolos desde el palco real, doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona y madre del entonces Rey de España, don Juan Carlos de Borbón.

Bajo el signo de la sustitución

Ya anunciada la feria, se dio a conocer que Julio Robles no podría comparecer a actuar en ella por tener una lesión y que sería sustituido por Rafael de Paula. Refiere Joaquín Vidal:

Julio Robles, que estaba anunciado en la feria de otoño, de Madrid, tuvo que caerse del cartel como consecuencia de una lesión de abductores, de la que posteriormente fue operado. El empresario Manolo Chopera, contrató a Rafael de Paula para sustituirle. Hubo gente que llamó a Chopera provocador, por ello. Ahora lo tiene por la virgen de Lourdes y ha colocado su foto enmarcada en repujado cuero...

Por su parte, Vicente Zabala Portolés, también refiere sobre este particular:

Al llegar a la plaza, cuando me dirigía a mi localidad, se me acercaron unos aficionados solicitándome que expresara su protesta en el periódico por haber incluido al torero calé como sustituto de Julio Robles: “Diga usted de una puñetera vez que Chopera es un estafador, que Madrid no merece que nos ponga en la feria de Otoño a un torero que se dejó un toro vivo hace unos meses y que protagonizó en unión de Curro y Antoñete uno de los espectáculos más vergonzosos que hemos presenciado en nuestra vida de aficionados”...

Es decir, la sustitución ofrecida a Rafael de Paula por Chopera no dejó satisfechos a muchos, pero escrito estaba que esa tarde otoñal dejaría para la memoria algo que no era esperado y que no estaba escrito. 

El cuarto toro de la corrida, de la ganadería titular se inutilizó en los chiqueros y se tuvo que recurrir al primer sobrero, uno de la ganadería cordobesa de don Francisco Martínez Benavides, muy graciliano. Así como el espada que lo enfrentaría entró a la corrida por la vía de la sustitución, Corchero saldría al ruedo por el mismo camino, dejando clarísimo ya en retrospectiva la afirmación de José Alameda, en el sentido de que, el azar es lo único seguro en el toreo.

Rafael de Paula y Corchero

La mayoría de las opiniones giran en torno a la gran importancia que tuvo la actuación del gitano de Jerez ante el toro de Martínez Benavides, describiendo la belleza y la profundidad de la faena que Rafael de Paula le realizó. Escribió Juan Miguel Núñez para la Agencia EFE, en crónica aparecida en el Diario Palentino:

El toro tenía buen son, pero andaba justo de fuerzas y Paula, tras dos ayudados por alto, comenzó el trasteo de muleta con medios pases por la derecha de los que se desprendía el aroma inconfundible de su personal estilo. Un trincherazo de «cartel» y otra vez los derechazos, cada vez más largos, hondos y pausados, una rara conjunción de exquisiteces. Y el remate de pecho, «quebrándose» toro y torero en un escultórico momento de belleza indescriptible. Más derechazos y el adorno desplantándose. «Las Ventas» era un manicomio de locura taurina, rendido al toreo de Paula, que todavía intentaba subir la faena de grados, pues a pesar de que el toro no tenía recorrido por el pitón izquierdo, quiso probar también por ese lado, y colocándose de frente al animal pegó tres naturales de los que sueñan los toreros. Y en ese momento montó la espada, y se sucedieron los pinchazos y los descabellos, con un Paula lívido y hundido por el tremendo esfuerzo. Tanto que, una vez caído el toro, el torero se sentó en el estribo mientras brotaban las palmas por bulerías... La vuelta al ruedo, después de los dos avisos, fue lenta pero clamorosa, con el público de Madrid extasiado por la emoción del arte y el embrujo que había derramado el gitano sobre la arena...

Por su parte, Joaquín Vidal, en su tribuna del diario El País, dejó escritas entre otras cosas, lo siguiente:

Pero en la interpretación genial del diestro gitano no surgían de los propios cánones de la tauromaquia sino de otro orden, desconocido, que las convertía en nuevas, y cada pase que desgranaba era una creación exclusiva del arte de torear. Qué decir del público, mientras tanto. El público ya se había puesto en pie a los primeros compases, aplaudía, braceaba, gritaba, y cuando parecía que había agotado su capacidad de asombro, el torero le sorprendía con nuevas creaciones, que escalivaban las ascuas de aquella obra ardiente... Y la faena seguía. A la majeza de los naturales hondos sucedían tandas de frente, “trayéndoselo toreado”, “rematando detrás de la cadera”, “echándose el toro por delante en los pases de pecho”, que sí, que es cierto; y, siéndolo, daba lo mismo esa u otra técnica, pues la resultante era una explosión estética imposible de medir. Una conmoción había invadido al diestro genial, que pinchó malamente, descabellaba peor – al público le traía sin cuidado: tenía el paladar saturado de aromas –, y se marchó a tablas, demudado, trastabillando por entre una nube de ensoñaciones. Debía de estar en otro mundo. Dobló el toro y Paula no pudo sino sentarse encima y acariciarle los lomos. Qué pasaría entonces por la mente del torero, aun flotando en lejana galaxia. Dio la vuelta al ruedo entre clamores, continuó la corrida, y el público no cesaba de tocarle palmas por bulerías.

Vicente Zabala: consejos doy, que para mí no tengo

Pero no a todos se podía dar gusto. Ya en otra parte de esta bitácora había dejado anotado que el día tarde la confirmación de El Paula, Vicente Zabala Portolés dejó escrito que tuvo ambiente de película de Estrellita Castro; como también en su día escribió comparando la actuación de Ángela Hernández y la de las demás toreras de su dia, con la de la mujer barbuda, o en su oportunidad, y en todos las tribunas que tuvo en otro sentido, exigiendo respeto a los toreros cuando el recalcitrante siete, exigía lo que a él le parecía de más.

Pues bien, esa tarde, dijo don Vicente, Rafael de Paula convirtió a Las Ventas en un inmenso tablao flamenco. Y es que, a su juicio, nada le salió a derechas. Desde la canallada – dice su crónica – de Chopera, de ponerlo a sustituir a Julio Robles, hasta el final de su actuación, nada le pareció al entonces cronista del ABC madrileño:

Desde tiempos de El Cordobés no contemplamos un caso, tan especialísimo, de histeria colectiva. Y ese mérito no se lo puede quitar nadie a Rafael de Paula. Y nadie, absolutamente nadie, le puede negar al singular torero jerezano su permanencia en el tiempo sin haber cortado una sola oreja en Madrid después de veintisiete años de matador de toros. Las cosas no se producen por casualidad. Rafael no se ha montado ninguna campaña especial de publicidad. No jalea sus salidas en hombros por las puertas grandes de las principales plazas, porque no las atraviesa como no sea de espectador. Sin embargo, cuando compone la postura para citar, ya hay un run - run, una expectación que nos asombra. Todos pendientes de si coincide la velocidad del toro con el movimiento del capote del torero, que erige la figura para acompañar el viaje del animal... Luego vendría la faena del entusiasmo, que abrió con unos ayudados por alto sin acoplamiento. Le salió hermoso uno de la firma. Y a continuación toda una sucesión de posturas. El cuerpo del torero se cimbreaba. Sacaba el pecho, la muleta alta, el mentón, eso sí, en su sitio, hundido en el pecho, que salía hacia fuera, como el de los pichones, para instrumentar una suerte, separarse, volverse a colocar y hacer lo mismo una y otra vez. En esta ocasión no hubo enganchones. La buena clase del Urquijo – Murube de Martínez Benavides le permitió vivir su sueño dorado de poder hacer en Madrid lo que tanto se le ha jaleado en su maravilloso rincón andaluz. Y después de hartarse de instrumentar pases de espejo, sin relación los unos con los otros, porque no sabe ligar, se echó la muleta a la izquierda para torear con entrega en los cites, más sin enlazar las suertes, el “unipase”. Daba igual. Los olés se producían antes de que se consumaran las suertes. Bastaba ver al torero compuesto y dispuesto, ¡casi un milagro! Cómo sería la cosa, que el bueno de Rafael se mareó al rematar un muletazo... Los “ogros de Madrid”, tata – tatá, tata – tatá, dale a las palmas por bulerías... de Las Ventas. Gritos de ¡torero! ¡torero! Un aficionado sensato – y asombrado – me decía que la cosa iba para darse tono de aficionados de “bouquet”, otros que para azotarle a otro torero – muy odiado – de la terna. En esto va el toro y dobla antes de sonar el tercer aviso. Y va el Paula y se sienta encima del cadáver de su enemigo. ¡Dios mío! Nos frotamos los ojos cuando se renuevan los gritos de ¡torero! ¡torero! A continuación, Paula, como flotando, acaricia el cuerpo sin vida del bravo animal de Benavides. Seguidamente suma con generosidad su aplauso al del público en el arrastre. Y ya con el éxito en el bote, pese a “todo” lo que había sucedido allí, da la vuelta al ruedo en medio de un clamor casi general. Si un día España se acostó monárquica para amanecer republicana, la “plaza de Madrid”, que veinticuatro horas antes había visto como se torea con la mano baja a un toro con agallas, se había convertido a un paulismo de “tablao” que, ahora, el Tito de San Bernardo debe aprovechar al máximo y explotar la próxima temporada, poniendo el dinero que merece un torero que es capaz de formar la que ha formado en Madrid con estilo que a mí me parece afectado, muy lejos de la naturalidad y del verdadero arte de torear... Yo no había visto en mi vida, en las casi cuatro mil corridas que he presenciado, una respuesta semejante a una actuación que concluyó en avisos y puñaladas, pero, a pesar de ello, con un triunfo de despedida, pretendía marcharse humildemente por el callejón...

Duro, despreciativo el juicio que hace Zabala de una actuación que es mítica y que es recordada como una de las tardes más importantes ocurridas en Madrid en la segunda mitad del siglo XX. Ya había establecido su postura en torno al torero desde casi dos décadas antes, cuando se presentara a confirmar su alternativa y no sería ese el momento de rectificarla. Y ya no la rectificaría, el respeto que siempre exigió para otros muy determinados, no lo tuvo nunca hacia Rafael de Paula.

Como podemos ver, el hacer de Rafael de Paula ante los toros generó opiniones encontradas, pero las más siempre se encaminaron por considerarlo uno de los grandes artistas de su tiempo. Es por eso que a algo más de 38 años de distancia de esta gran tarde y en las cercanías del óbito del torero de Jerez, recuerdo esta, su gran obra en la plaza de Las Ventas.

domingo, 13 de julio de 2025

13 de julio de 1952: El Ranchero Aguilar confirma su alternativa en Madrid

Jorge Aguilar González, El Ranchero, había iniciado sus pasos como novillero en el año de 1945. Se presentó en la Plaza México en 1947, esa temporada en la que brilló por sobre todos con luz propia el infortunado Joselillo. Todavía volvería como novillero a la gran plaza el año 48, el de los Tres Mosqueteros, lo que le valdría para recibir en la plaza de Tlaxcala, su tierra, una alternativa el 13 de marzo de 1949, de manos del portugués Diamantino Vizeu. Pocos contratos y una enfermedad gástrica lo van a mantener fuera de la circulación hasta bien entrado el año de 1950.

En la temporada chica de la Plaza México de ese último calendario, regresaría, renunciando al doctorado recibido en su tierra, a intentar reandar el camino. Y lo consiguió. En dos novilladas consecutivas corta tres rabos. El 5 de noviembre, le corta el rabo a Pistachero de La Laguna y el 19 siguiente se lleva los de Tragaldabas y Raspinegro, estos de Piedras Negras y no hago cuenta de que una semana antes, se había llevado otras dos orejas de Varillero, también de los toros de la divisa roja y negra. Así en su retorno, cerró su temporada cortando ocho orejas, tres rabos y se ganó la alternativa definitiva con todos los honores.

Ese nuevo doctorado lo recibió en la misma Plaza México, el 21 de enero de 1951. Le apadrinó Manolo dos Santos y fue testigo Jesús Córdoba. Los toros fueron cinco de La Laguna y uno de Piedras Negras, el toro de la ceremonia se llamó Cartonero y fue de La Laguna.

La primera campaña española del Ranchero

El Ranchero Aguilar se fue a España a buscar la confirmación de su alternativa en 1952. Inició su temporada en aquellas tierras el 4 de mayo en la plaza de Las Arenas de Barcelona, alternando con Rafael Llorente y Antonio Caro en la lidia de toros de Joaquín Natera, saldando su tarde con una vuelta al ruedo tras despachar al primero de su lote.

Su siguiente actuación sería la tarde del 13 de julio en la plaza de Las Ventas, en Madrid, para confirmar allí su alternativa. El cartel que se anunció para esa fecha fue uno de ocho toros, integrado por Luis Briones, el albaceteño Manolo Navarro, El Ranchero Aguilar y el sevillano de La Algaba, Jaime Malaver, quienes enfrentarían un encierro colmenareño de Manuel García Aleas, herrados con el 9, el hierro de más antigüedad de los de la hoy Real Unión de Criadores de Toros de Lidia.

A propósito de antigüedades

Ya comentamos por aquí, que El Ranchero Aguilar recibió la alternativa con la que realizó su carrera como matador de toros el día 21 de enero de 1951 en la Plaza México. El otro confirmante de la tarde de autos, Jaime Malaver, acababa de ser doctorado apenas el 15 de abril de ese 1952 en Sevilla. Creo que no hay duda de la antigüedad entre los dos diestros.

En la revisión de las crónicas del festejo, me encontré con que Malaver había sido confirmado con el primero de la tarde por Luis Briones, y que El Ranchero, con el segundo, por Manolo Navarro. No hay ninguna explicación para ello, solamente esto que dejó en su crónica para el diario Pueblo, de Madrid, Antonio Bellón:

Madrid, 13 julio 1952, Corrida de toros. Calorazo. Entrada floja. Siete toros de Aleas, bien presentados, con poca arrancada, que no corneaban por los lados y sí al alto... Irónicamente flojeó el sol, casi desierto, cuando, cruel, quemaba como fuego. Hubo por la mañana extensa organización del protocolo de las dos confirmaciones de alternativas, y se convino que la recibiese antes el más reciente matador y luego cada uno lidiase con arreglo a su antigüedad. Así sucedió...

Quizás la intención era evitar que Luis Briones, también torero mexicano y primer espada de la corrida, confirmara a un paisano suyo. En fin... Al final esa fue la decisión que tomaron las autoridades, seguramente con el concierto de los toreros, porque en esos días, y en una corrida del verano madrileño, no era frecuente que un torero, y menos un confirmante, se negara a salir por delante

Entonces, a pesar de ser la cuestión de las antigüedades cuestión de tradición y además, regla escrita – Derecho Positivo, pues – las cosas se hicieron de la manera descrita.

La confirmación del Ranchero Aguilar

El segundo toro de la tarde se llamó Caramelo, llevaba el número 13 y era de pelo negro. Fue un toro muy voluminoso según las crónicas y terminó acusando esa condición al final de su lidia. Escribió en su día don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes de Madrid, aparecida al día siguiente de la corrida:

Los siete toros de Manolo Aleas – ¡qué bien suena ese denominativo! – y el de Sánchez de Valverde – jugado en quinto lugar – estuvieron admirablemente bien de presentación; ocho toros de tamaño, de trapío y de edad... como debían ser todos los toros que se lidiasen en corridas de tales, y no en corridas de toreros, que son las que ahora se estilan... El toro con que confirmó se le confirmó la alternativa al mejicano Jorge Aguilar («El Ranchero») – «Caramelo», 13, negro estrellado –, salió abanto, como los clásicos colmenareños; pero mejoró en el transcurso de la lidia, a cuyo final llegó ahogado por exceso de carne. «El Ranchero» lo muleteó muy cerca, muy tranquilo, y lo despachó de una estocada, por lo que dio la vuelta al ruedo...

La opinión de Antonio Bellón, en Pueblo, también aparecido al día siguiente del festejo, fue en el siguiente sentido:

Para la cesión de trastos al mejicano Jorge Aguilar salló un búfalo – el segundo – huidizo y poderoso, lanceado entre palmas por este “Ranchero”... Al toro de Aleas no le hicieron ni pu – mitad de pupa – los lanceros, porque esos arroja botellas de campo de futbol - nada tienen que ver con los aficionados al deporte que ahora van a los toros - se compadecían tiernamente de que el toro tuviese poderío e ideícas a boca cerrada. Manolo Navarro le cede el toro al Ranchero Aguilar, un mocetón con vista al doblar sobre sus fornidas piernas y luego tranquilo y estirado al muletear al quedado animal, uno tontón con ganas de vivir en paz pastando fresca hierba. Valentísimo Aguilar, al parársele el toro frente al pecho arreaba cachetes cariñosos al morlaco, acariciándole despectivamente la leña antes de, con guapeza, hundir hasta la vestidura el alfanje. Hubo petición, ovaciones y vuelta al ruedo...

Y lo que relató Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo para el ABC madrileño, salido el martes 15 siguiente, fue en este sentido:

Y vamos ahora con la otra confirmación, con la de Jorge Aguilar «El Ranchero», doctorado en Tlaxcala el 13 de marzo de 1949. Se confirmó en Madrid con el toro «Caramelo», número 13. Manolo Navarro le entregó el instrumental. Era un toro con morrillo de bisonte, que hacía extraños. «El Ranchero» lo hizo tomar la capa y lo lidió muy bien. Luego, pases en redondo, tranquilo, y naturales cerca y aguantando. El toro, tan quedado, que para hacerlo entrar a la muleta el espada le hurgaba con la mano en el morrillo. Mató de una gran estocada, y hubo ovación, vuelta al ruedo y saludos...

Como se puede ver, hay cierta unanimidad en el sentido de que Jorge Aguilar se impuso al hecho de que el toro no se movía adecuadamente, para sacarle muletazos meritorios y estuvo entregado y certero con la espada, para de esa manera, dar una aclamada vuelta al ruedo.

El toro del triunfo

El Ranchero Aguilar le cortaría la oreja al segundo de su lote, el séptimo de la corrida, un toro que, según a quien se lea, fue de pelo colorado, castaño aldinegro o retinto. En lo que hay coincidencia, es en el hecho de que rememoraba a aquellos antiguos toros de la tierra que fueron la simiente original de la ganadería de Aleas y que, al paso de los tiempos, se fue modificando con agregados santacolomeños.

La versión de la actuación del torero de Tlaxcala ante este toro, llamado Arriero y que diera en el destazadero 470 kilos de peso en bruto, expresada por Antonio Bellón es la siguiente:

El penúltimo es un típico Aleas, castaño aldinegro, coletero. Falla un espontáneo, larguirucho, capturado entre barreras, y el de capa jarameña va sin ganas al varilarguero mano negra la enguantada del palo... Un alagartado peón pasa apuros al coloquillear. Tira Aguilar del toro en redondos y en airosas vueltecillas que agradan al respetable, desbordadillo su entusiasmo en molinetes, arrucinas y rodillazos... Jorge Aguilar, en chiqueros, clavaba todo el estoque; rodó el noble toro y para el mejicano fueron, merecidamente, oreja, ovaciones, vuelta y saludo... Al público no le agrada que lleven a hombros al Ranchero...

Destaco de la relación de Bellón, el hecho que consigne que se llevaron en hombros al Ranchero, cuestión que no consignan ninguna de las demás que pude consultar para armar estos apuntes.

Por su parte, El de Tanda, refiere lo siguiente:

Al séptimo empezó a muletearlo muy bien sobre la derecha, por redondos, y ya encelado empalmó un afarolado con una arriesgada arrucina y un molinete, que se acogieron con manifiestas pruebas de aprobación; cerró la faena con unos pases por alto rodilla en tierra y girando sin levantarse, como en las manoletinas, y no habíase acallado todavía el eco de la ovación con que se acogía su valiente y brillante hacer, cuando una definitiva estocada le puso en las manos el premio de la oreja, con la que dio la vuelta al ruedo entre la consiguiente ovación...

Y concluyo este apartado con lo que expresó en el ABC de Madrid Giraldillo:

Fue el séptimo un toro retinto de mejor presencia que condición. «El Ranchero» expuso mucho en un quite, y la faena la sacó a pulso. Toreó con mucha gallardía, dominando. Aguilar sabe por dónde anda. Después de hacer bien las cosas en el centro, cuando la res se fue a tablas, después de unos adornos, tiró por la línea de los efectos temerarios e hincándose dio unos pases por alto con aire de manoletinas, luego otros girando de espaldas a la salida. Macheteo y caricias a la cara. Se perfila, y una estocada superior, que mata sin puntilla. A «El Ranchero» le dieron la oreja del retinto y hubo vuelta triunfal y saludos. La impresión y juicio: que se trata de un buen torero...

Quizás la parte más importante de lo que refiere Manuel Sánchez del Arco reside en su apostilla final, en el sentido de que reconoce de que el confirmante, Jorge Aguilar, era un buen torero. Ese juicio llevaba una carga muy importante para su futuro dentro de los ruedos de España.

Antes de terminar, un apunte que pudiera parecer insustancial. La crónica de Antonio Bellón señala que El Ranchero vestía de verdegay y oro, en tanto que el resumen anual de El Ruedo, aparecido en diciembre de ese año, señala que el vestido de la tarde de su confirmación era azul celeste y oro. A saber...

El resto de la corrida

Jaime Malaver, el otro confirmante, le cortó una oreja al toro de su confirmación, primero de la tarde, Altozano de nombre. Por su parte, Luis Briones y Manolo Navarro escucharon palmas tras de pasaportar a los toros que les tocaron en suerte, aclarando que, en quinto lugar, el segundo toro de Navarro, se corrió un toro de Juan Sánchez de Valverde en sustitución de uno de los de Aleas, rechazado en el reconocimiento.

El resto de la campaña de 1952 para el Ranchero Aguilar

Jorge Aguilar terminaría esa temporada española con 8 corridas y un festival. Actuaría en plazas como Barcelona, Alfaro, Vichy, Tánger y una triunfal tarde en Pamplona, el 28 de septiembre al lado de Jaime Marco El Choni y el peruano Rafael Santa Cruz.

Ese limitado número de actuaciones le dejaría preparado el camino para la campaña siguiente, en la que ocuparía un lugar privilegiado a la cabeza del escalafón.

domingo, 6 de julio de 2025

6 de julio de 1944: Manolete y Ratón de Pinto Barreiros

Madrid 6 de julio de 1944 - Foto: Agencia Cifra
Alrededor de cinco años antes del fasto que hoy recuerdo, Manolete recibió la alternativa en una Corrida de la Prensa, en esa ocasión, de la Asociación de Sevilla y coincidentemente, como veremos más adelante también en ese señalado festejo, un toro importante del lote de quien después sería llamado el Monstruo de Córdoba, sería reseñado en el campo con un nombre y saldría al ruedo con otro. Pero en ambos casos, las fechas quedarían señalada indeleblemente en la historia del torero y en el recuerdo de la afición a los toros.

La Asociación de Prensa de Madrid se fundó como una mutualista o asociación de socorro mutuo en 1895, y ya para 1900 organizaba la primera Corrida de la Prensa con Luis Mazzantini, Antonio Fuentes, José García Algabeño y Ricardo Torres Bombita, la que continuó celebrándose, cada año, hasta convertirse en una de las fechas señaladas de la temporada taurina de Madrid.

Para 1944, la fecha elegida para la corrida de la Asociación de Prensa fue el 6 de julio y se adquirió un encierro salmantino de don Alipio Pérez Tabernero Sanchón, que enfrentarían Luis Gómez Estudiante, Juan Belmonte Campoy y Manuel Rodríguez Manolete. César Jalón Clarito, en sus Memorias, cuenta a propósito de los prolegómenos de la organización de ese festejo:

...el 5 de julio se juega la de la Prensa. De la Asociación de la Prensa que por azar – aunque no lo mencione en su Memoria – me toca organizarla, por cierto, con anticipación y facilidad inalcanzables en mis tiempos de secretario… Virtualmente, la corrida había quedado diseñada y resuelta cierto día de marzo o, cuando más, de abril. José María Alfaro, nuevo presidente de la Asociación, bien orientado, quiso consultar con tiempo a los críticos taurinos. Creyéndome suficientemente cumplido y bataneado más de lo suficiente en este menester, resigné en el segundo de a bordo la representación de “Informaciones”… Más a quien Alfaro y Casares querían era a mí. A “Manolete” a través de mí. Suspendieron el cónclave y apelaron a los buenos oficios de Víctor de la Serna, vicepresidente de la entidad y director mío, en cuyo obsequio fui a cargar con el baúl. Lo depositaron en seguida sobre mis hombros, disimulándolo con la ayuda de otro compañero que, al tanto de su designación formularia, limitó su compañía a despedirse de mí en la puerta de la calle. No lo volví a ver… «Como si esperándome estaría» – que me dijo un vascote a quien indiqué el punto de partida de la maquinilla para la Ciudad Lineal –, me encontré a “Camará” en el “Café Riesgo”… Y allí estaba también, que ni esperándonos, el ganadero Alipio Pérez. Don Alipio Pérez T. Sanchón en los carteles, por respeto al Pérez Tabernero de la razón ganadera de su hermano Graciliano… ¡Alipio!, le llama Camará… ¿Toros para la corrida de la Prensa del primer jueves de julio? …Sí… Pues hecho. Manda los contratos a la Asociación, o a éste, encargado de organizar la corrida… Y a mí: Tienes a “Manolete”; tienes toros; tienes la corrida con menos quehacer y mayor anticipación que nunca… La noche del 1 de julio se fija el cartel oficial: seis de don Alipio para “El Estudiante”, Juanito Belmonte y “Manolete”...

César Jalón, quizás escribiendo de memoria, confunde la fecha del festejo con la víspera del mismo, pero en esencia, señala la manera en la que se gestó la conformación de la corrida que pasaría a la historia y la intervención que tuvo para que el cartel de la misma se conformara.

La corrida de Alipio y dos sobreros portugueses

Los toros enviados por Alipio Pérez Tabernero para la Corrida de la Prensa del 44 fueron Ratonero, Perdigón, Carbonero, Rabón, Costurero y Naviero, todos de pelo negro, que procedían de la simiente que en 1922 adquirió de su hermano Graciliano, puro Santa Coloma de la línea ibarreña. Iban de sobreros dos toros portugueses de Pinto Barreiros, encastados en Parladé, vía Gamero Cívico y Conde de la Corte. De entre esos dos sobreros, destacaba uno, llamado Ratón por el mayoral de la plaza, a la que había llegado de utrero, pero que salió de la finca con el nombre de Centelha o Centella, según cuentan los descendientes del que fuera su criador.

La razón del cambio del nombre del toro, reside en que habiendo salido de sobrero en varias corridas sin tener que ser lidiado, Centelha o Centella se hizo el amo y señor de los corrales de Las Ventas durante  ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros, decían los que los cuidaban, colándose como un ratón, para birlarles el alimento. Esa es la razón del nuevo apelativo.

Sigue contando Clarito:

...el 4 asisto con Camará al reconocimiento previo de los toros. Uno, terciado, adolece de una contrarrotura – un bulto que podrá sajarse – y pasa provisionalmente... A mediodía del 5 – apartado y sorteo – se aprueba al operado que toca en suerte a “El Estudiante”, diestro de menor responsabilidad y que, además, lo destina a romper plaza, sin término de comparación para el público. De dos sobreros del criador portugués Pinto Barreiro, los veterinarios señalan uno. “Camará” me toma del brazo: Mira: uno de los toros que le han tocado a Manolo es chico. No han visto que es más flaco que el discutido de “El Estudiante”. Seguro que a Manolo se lo protestan en la plaza. Y resulta que a mí me gusta el sobrero que han dejado los veterinarios. Es preciso convencerles del cambio, sin aludir para nada al temor por el toro de la corrida... Hablo a los veterinarios y nos asomamos con ellos al corral en donde están todavía juntos los sobreros: Pero, “Camará”… ¡Si el que ustedes… No importa; ¡me gusta más! ... Y se hace el trueque...

Si hemos de seguir lo que relata Clarito, el apoderado de Manolete fue el primero en advertir la importancia del toro de Pinto Barreiros, tanto por su catadura, que supliría la escasez de presencia del que le tocaría enfrentar en segundo término a su torero, como por ese algo que a veces determina el curso de una tarde de toros y también del rumbo de la historia. Ese día don José Flores Camará, vio en Ratón unas cualidades que estaban fuera del alcance de la visión de cualquier otro mortal. Así entonces, la suerte estaba echada…

Manolete y Ratón de Pinto Barreiros

Clarito en sus Memorias dice que la tarde había caído en declive en su segunda mitad. El sexto de los de Alipio, nombrado Naviero, que se había advertido desde el apartado y sorteo que iba a ser objeto de repulsión por la concurrencia a la plaza que completó un lleno de no hay billetes, fue devuelto a los corrales por flaco y feo, por cojo, o simplemente porque no gustó a la concurrencia, según a quien se lea. El hecho es que se devolvió a los corrales y se cumplió la premonición de Camará, y fue sustituido por Ratón o Centella, según se quiera, de Pinto Barreiros.

Ante ese toro, Manolete realizó lo que la crónica de su tiempo y los analistas de la historia del toreo consideran que fue su mejor faena en la plaza de Las Ventas. Escribió Antonio Bellón para el diario Pueblo salido al día siguiente de la corrida:

Es la asombrosa verdad del toreo, resuelta tan fácilmente que arrincona toda idea de peligro. Es el absoluto dominio de la inteligencia sobre la fuerza bruta del toro. Se mide el terreno a golpe de muñeca. No hace falta ni mirar por dónde vienen los pitones, y así el rostro de Manuel Rodríguez contempla sereno el oleaje clamoroso y triunfal de los tendidos que flamean en pañuelos mientras el toro pasa en círculos matemáticos... Torear sin mirar al toro. No desprecio por la res, sino seguridad de que va mandada, ciega, empapada por el engaño metido en los pitones... Luego la muleta picotea en recto viaje el morro del toro, al que parte la cruz el estoque de Manolete. Trepida la plaza. Hay lágrimas y sienés en estallido. Se brinca, se manotea; cada espectador descarga su rayo de entusiasmo. Ovaciones, aclamaciones. Manolete en hombros, orejas, la puerta grande qué se abre al paso del torero. La multitud que se apretuja en la calle. Apoteosis del más pundonoroso torero que pisó los ruedos en plaza donde tanto su labor se aquilata...

Es un intento de describir lo que en su momento resultó casi indescriptible. Una manera de relatar algo que, al menos en el ruedo de Las Ventas, aún no se había visto. 

Por su parte, Celestino Espinosa Capdevila, en su tribuna del diario Arriba, quien un par de semanas antes, en su crónica de la corrida del Montepío de Policía, había señalado que a Manolete debía declarársele Monumento Nacional, reflexiona:

“Manolete” sí estaba caldeando hace tiempo el clima de los toros. Sin embargo, no ha sido hasta esta temporada el tiempo de su cenit, y tampoco hasta ahora se ha visto con decisiva claridad la distancia larguísima, incalculable casi, a la que el cordobés se ha puesto de todos los demás diestros de su promoción para acá. Esta distancia, ya sí cabe decirlo, es acaso mayor que la que nunca haya separado de sus demás contemporáneos a las grandes figuras del toreo... Ese paso de este año ha sido y está siendo de enorme magnitud, a no dudarlo, el motor principal de que ya se haya concretado en “Manolete” y en su arte la atención del parnaso español. Las dos anteriores tardes de “Manolete” en Madrid, los habituales de las plazas habíamos podido observar la presencia en los toros de muchos escritores y de muchos poetas, escasamente asiduos o declaradamente ausentes del tendido. Y en la tarde de hoy, al retumbo, sin duda, de los anteriores éxitos, la concurrencia de ellos ha llegado al máximo. Los poetas han vuelto a los toros. Los he estado viendo durante el transcurso de la tarde, en la barrera, en los tendidos, en los palcos...

Capdevila advierte que los espectadores de Manolete ya no son simples aficionados, sino artistas, escritores, poetas y personas que buscan en su hacer ante los toros inspiración para su propio arte. Es decir, que su tauromaquia trasciende lo taurino, para universalizarse. Tanto, que reflexiona Clarito:

La epopeya desdobla, como láminas de un álbum, ante la presencia de un tolo la crestomatía de sus grandes faenas a toros menores. De la que hizo época en Aranjuez. De la de su triunfo y percance en Madrid aquel mismo septiembre del cuarenta y dos; aquel día que un intelectual definía: «Así es el verdadero artista: un transmisor de emoción y conocimiento.» Y Alfredo Marquerie: «Me gustaría ser el “Manolete” de la literatura.»

Importante es lo que escribió Federico M. Alcázar, titular de la información taurina en el diario Madrid, y quien en 1928, a propósito de la faena de Chicuelo a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero, afirmara que esa faena era la obra de arte más grandiosa, más excelsa y más genial que se hubiera realizado en una plaza de toros, que no recordaba haber visto nada semejante y que no creía que fuera posible ver otra obra así. Pues a propósito del encuentro de Manolete y Ratón ese 6 de julio del 44, entre otras cosas, escribió:

¿Qué había pasado para desbordar el entusiasmo de la muchedumbre hasta el límite del fanatismo? Pues había pasado que Manolete acababa de torear en el último toro de la tarde como nunca se ha toreado... Alarde inaudito de arte, valor y dominio que produce pasmo, arrobo y embeleso. La plaza es un clamor espantoso, todo el mundo grita, gesticula, se enardece y salta en los tendidos como atacados de un vértigo de locura. Y D. Ramón, el gran Ramón patriarca del manoletismo, se lleva las manos a la cabeza como si quisiera ir a contárselo a Lagartijo...

Los historiadores del toreo establecen el hilo de éste de Gallito a Chicuelo y del torero de la Alameda de Hércules a Manolete. Pues bien, Federico M. Alcázar, por lo visto, tuvo la fortuna de ver dos puntos de inflexión en la evolución del toreo, primero, la consolidación de la faena moderna, la tarde de Corchaíto y algo más de tres lustros después, con el torero que fue anunciado por Belmonte, ese que le haría faena a todos los toros, el ejemplo definitivo de cómo sería ese hacer ante los toros ya definidos para el tiempo que corría en esos días.

Así de grande fue la tarde de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez en esa corrida de la Asociación de Prensa de Madrid del año 1944.

Lo que no se cuenta de esa tarde

Toda la historia relatada de esa tarde se concentra a los sucesos ocurridos en torno al sexto de la tarde, Ratón de Pinto Barreiros, pero otra faceta de Manolete, la del torero poderoso y dominador, muchas veces cuestionada, apareció en el tercero de la tarde, Carbonero, con el que estuvo a una gran altura también. Dice Antonio Bellón:

...a la hora del recordar lo que pareció sueño pensamos en lo que aún nos queda por ver de Manolete, que se adivina en esa faena a su primero, al “Carbonero” de Alipio. Ventisca la res, viento que anula la eficacia del engaño y Manolete, dueño del toro en tres pases a muleta muerta, por bajo, para quebrar el cuello de la res. Y los naturales donde no hay natural embestida. Sin presunciones de exquisitez, por mi parte, fue esta faena de mayores dimensiones, más intensamente torera que la apoteósica del sexto. Todo lo hizo el torero. Dominio, imponer el muleteo a riesgo de su cuerpo. Y el volapié, y como resumen del triunfo ese chambergo emplumerado qué el alguacilillo velazqueño, el de 1a varita autoritaria, arrojó a los pies de Manolete...

Por su parte, Clarito, en sus Memorias, nos recuerda:

... Jamás, jamás, jamás, si no es a él – decimos viendo en tierra al nervioso tercer toro –; si no es el “Manolete” colosal se ha visto después de tan impresionante faena montar la espada y caer sobre la fiera con el fuego y la inexorabilidad de una centella de los dioses. Cuatro veces – luego del corte de oreja y vuelta al ruedo – se destoca su alta figura en el tercio. Y un alguacil le arroja su birrete de plumas: «¿le pide acaso la llave del toreo?»...

¡Hasta el sombrero emplumado del alguacilillo! ¿Necesitamos más para reconocer una tarde redonda? No es tan difícil rebuscar en la historia del toreo. Esta es una de ellas. Dos faenas de distinto corte, una de dominio ante un toro complicado y la otra de arte y lucimiento ante un toro que así lo permitió. Para la historia, definitivamente.

Algunas otras cuestiones

Una extraordinaria labor de Luis Gómez Estudiante, ante el primero de la tarde, se perdió entre la vorágine del esplendor del lucimiento de Manolete. Aunque impuso a un toro bravo al que había que poderle y al que le cortó la oreja, su labor quedó oscurecida. Sin embargo, creo de justicia recordarla. 

Y por otra parte, los toros lidiados, tras el arrastre, apenas promediaron 441 kilos de peso, el que menos dio en la báscula fueron 410 y el que más, 470 kilos. Eso nos demuestra que el anuncio del peso de los toros en la tablilla es ilusorio, que lo que realmente importa es el trapío de lo sale al ruedo y que lo que rindan para los carniceros es secundario. Aficionados, exijamos más trapío, que implica remate, que se adquiere con la edad y no peso, que se puede inducir artificialmente.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no aparecen así en sus respectivos originales.

Hasta la próxima semana.

Aldeanos